Graffitis en Gracia (o a qué llamamos arte callejero)


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Ventanas de seguridad de la Pastelería Verdi en la calle del mismo nombre, cerca de la plaza de la Virreina

graffitis gracia

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En las pelus pakis se ganan bien la vida

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Típica arquitectura fabril de los años 30 en la calle Torrijos
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Calle Torrijos, un Llévatelo ya mexicano. Obsérvese el retrato en la puertecilla de cables
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VISA POUR L’IMAGE 2018: conferencia de presentación


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Quienes estén interesados en asistir a la presentación de la próxima edición del Festival Visa pour l’Image pueden apuntar la fecha del 28 de agosto. A las 9.30 se celebrará la conferencia de prensa.  El Servicio de Prensa del Festival me envía los programas de Proyecciones nocturnas y de Exposiciones, ambos sujetos a posibles modificaciones de última hora.

Proyecciones: descarga aquí el pdf.

Programa de Exposiciones: descarga aquí el pdf.

Expo dedicada a Toni Bernad, fotógrafo de moda, en el Palau Robert


Toni Bernad expo Palau Robert
Bernad delante de algunas de sus fotos

El Palau Robert, sito en Paseo de Gracia, dedica una exposición antológica a uno de los más prestigiosos fotógrafos de moda catalanes, Antoni Bernad. Nacido en 1944, su eclosión como fotógrafo corresponde a los años de la Transición española, cuando el país se abrió a las tendencias más punteras y descollaron profesionales de todas las áreas, en parte gracias a las subvenciones procedentes de la Unión Europea. Merece la pena llegar al final de la exposición y escuchar la entrevista de este artista afable, con sus declaraciones y comentarios sobre los más relevantes aspectos de su obra, desde sus inicios vocacionales, su estancia en París, las diversas influencias, ese factor siempre básico que es la relación con las modelos y su querencia por la imagen analógica –a mí no me extraña: sus mejores imágenes me parecen las tomadas en los años 80 y principios de los 90, antes de la crisis del 93, que enseñó por las bravas que las circunstancias profesionales podían llegar a ponerse muy duras para los artistas que van por libre–; habla asimismo de su relación, no siempre fácil, con algunas de las personalidades del mundo político e intelectual español o, sobre todo, catalán. Bernad ha legado su archivo fotográfico al Arxiu Fotogràfic de Barcelona, que realiza una labor realmente digna de elogio. Tuve la suerte de visitarlo por dentro este año, laboratorios incluidos, y es una maravilla que Barcelona disponga de una institución tan moderna y profesional.

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Laura Ponte mimetizada de Coco Chanel, pero en guapa. (Imágenes de la exposición publicadas online)

La fotografía de Bernad se caracteriza por la elegancia, quizá también por los homenajes a los clásicos de la fotografía de moda que publicaron en las mejores revistas del momento, desde Helmut Newton, Avedon, Lindbergh, Ritts, Scianna, sin ocultar tampoco su inspiración cinéfila y mitómana (como se ve en las fotos que hace con la modelo Laura Ponte, quien mostró ante Bernad su potencial camaleónico, sueño de todo fotógrafo de cuerpos). No sabría decir si sus imágenes de moda realmente me entusiasman, por cierta tendencia a fotografiar a gente muy bon chic bon genre, a suavizar rasgos de la puesta en escena; en cambio, sí me han gustado algunos retratos más espontáneos, que escapan del look moda, y tienen un no sé qué de alma propia, como si el fotógrafo hubiese conseguido ser sobre todo un ojo más que una cámara.

el músico Xavier Cugat. El recorte del retrato centra la zona de la cara con la expresión risueña y pícara característica del artista.

antoni bernad pareja moto
foto de moda, pareja besándose bajo la lluvia.
AntoniBernad Manolo Blahnik
En la exposición hay varios retratos del diseñador de calzado de lujo Manolo Blahnik, desde su juventud hasta el presente. Esta es de 1998.

 

 

Iconos: Romy, Luchino Visconti & cámaras Nikon


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Romy Schneider con el director italiano Luchino Visconti

Los mejores usamos NIKON 😉

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Lee Lockwood junto a Fidel Castro

La Cuba de Fidel es un fotorreportaje extenso de 1965 dedicado a indagar en los primeros años de la revolución cubana. En la entrevista, Fidel se explaya largamente como era su costumbre y, también como era marca del personaje, no se muerde la lengua en sus declaraciones tóxicas que derivaron en lo que ya sabemos. La foto superior muestra un recorte de la imagen del fotógrafo, el norteamericano Lee Lockwood, junto al caudillo cubano. Cuando llegué a esta página, pensé en lo simples que nos parecen hoy esas cámaras y, sin embargo, eran de lo más avanzado en la época y las imágenes realizadas con ellas poseen una textura y un grano que me las hace imperecederas (al margen de lo que el baño de paro haya podido perjudicarlas 😀

cuba de fidel taschen portada
La versión original inglesa, de Taschen.

Taschen está tirando la casa por la ventana en el mes de julio y este libraco, al que sucumbí y me regalé por el día del Libro, se vende a mitad de precio, no sé hasta cuándo.

Richard Avedon, Padre en la playa


Richard Avedon - Padre en la playa

Santa Monica Beach #04, September 30, 1963. Photograph by Richard Avedon

Hoy se celebra en América el Día del Padre y encuentro, en un reportaje que le dedicó The New Yorker, esta fotografía de Richard Avedon, mi favorita entre todas las suyas. Tiene todo lo que me gusta de la fotografía analógica en blanco y negro. Captura el instante, el grano del revelado, la expresión adivinada del niño, las luces y la composición.

Empieza el verano…

Retrato de un mantero que no quiere vender nada


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La fotografía original es en color pero pedía a gritos un tratamiento en blanco y negro. Rudimentario pero se mantiene la expresión del chico, que me atrajo en medio del barullo dominguero de manteros y yates (¡ay, Barcelona!).
Me gustó su cara, su pose, me gustó su actitud, me gustó que cuando terminé de hacer la foto –se dio cuenta de que la estaba haciendo– me miró con una sonrisa breve como diciendo por mí está bien. Y por mí también.

Muchas, muchas ganas de volver a la analógica con carrete y demás. Tengo la impresión de que para captar expresiones en la calle que digan algo real, algo distinto, hay que atreverse a buscar por aquí.

“El legado de Joana Biarnés, fotoperiodista”, en El Rinconete


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Joana Biarnés

El fotoperiodista Cristóbal Castro estaba buscando fotos de la riada de Tarrasa —de donde él es originario— para conmemorar el 50.º aniversario de la catástrofe que afectó a la comarca del Vallés, cuando vio por vez primera las fotografías de Joana Biarnés (Tarrasa, 1935). Era un reportaje en blanco y negro, realizado con la cámara Leica del padre, también fotógrafo, que recogía con intensa empatía y precisión el alcance del diluvio sobre bienes y vidas. Al poco, Castro tuvo acceso al resto del archivo de la fotoperiodista, pionera en la España de las postrimerías del franquismo. Como relatan Castro y la propia fotógrafa en el excelente documental Joana Biarnés. Una entre todos, Biarnés, que llevaba treinta años retirada de la fotografía, no era consciente del valor de su trabajo. Castro comprendió el alcance de ese desconocimiento cuando un día ella lo recibió en su casa anunciándole alegre que estaba destruyendo copias «viejas» —es decir, copias originales, copias de época, esos vintages tan valorados por museos, galerías y coleccionistas— en una flamante trituradora. En ese punto —«¡No creí nunca en mi trabajo!», declara Biarnés— arranca la historia de la recuperación de una fotoperiodista carismática, de un archivo que recoge su buen hacer en varios géneros y la construcción de un diálogo intergeneracional muy fecundo.

Para su primera exposición, Castro seleccionó entre las treinta y cinco mil fotografías que pasaron bajo su lupa. El resultado ha merecido una calurosa acogida de profesionales y público, lo que ha propiciado, además, que Joana Biarnés recupere la ilusión de hacer fotos.

Estos rasgos definen la personalidad de Joana Biarnés, según sus colegas periodistas del vespertino Pueblo, de fotógrafos como Ramón Masats, Colita y Gervasio Sánchez, de sus íntimos, como Natalia Figueroa, la esposa del cantante Raphael, de quien llegó a ser fotógrafa personal: «simpatía y dignidad cautivadoras», arrojo —«se metía en todos los fregaos, era una lanzada»—, excelente presencia y humildad.

Joana Biarnés no entró en fotografía por vocación, sino por contentar a su padre, fotógrafo y laboratorista, quien la inició en su técnica. Con Ramón Masats, cliente del laboratorio de Joan Biarnés, compartió salidas fotográficas en las que refinó técnica y mirada. Las inundaciones del Vallés de 1962 fueron la temprana prueba de fuego de trabajar bajo presión. Y, cursada la primera edición de la Escuela Oficial de Periodismo, se convirtió en profesional. Aunque los azares afortunados puntúan su carrera, como el que en 1963 la llevó con su primer reportaje de moda al diario madrileño Pueblo, sus inicios no fueron fáciles; según cuenta esta pionera, cuando cubría los partidos de fútbol, espectadores y árbitros la recibían con improperios cavernícolas, que ella resistió respaldada por su carnet profesional y sus imágenes.

Joana con Nureyev
Joana Biarnés y el bailarín ruso Nureyev

Pueblo, el diario más vendido de España, tenía a los mejores reporteros de la época, buen reflejo del incipiente aperturismo que iba de la mano del famoso desarrollismo económico y del boom turístico. Joana Biarnés encarna bien esa época estimulante, donde en materia de cultura moderna todo estaba por hacer, incluida una tradición fotográfica. Cultivó la foto de deportes, el reportaje, el retrato y la moda, atenta a las publicaciones extranjeras innovadoras. Una incipiente jet-set cañí, a imitación de la de países con una industria cinematográfica y de la canción modernas como Francia, Italia o Estados Unidos, alimentaba las páginas de vida social y espectáculos, y Biarnés en ocasiones utilizó artimañas picarescas como la que le permitió colarse en el avión que traía a los Beatles en su célebre primer viaje a España, en 1965. La exclusiva que realizó en la suite del hotel y que tuvo que regalar a la revista Ondas, porque la censura había impuesto que se publicitara solo la llegada de los cantantes, es hoy pieza de mitómanos y muestra de la pasión con que encaraba su trabajo para conseguir «la foto» que, según le enseñó su padre, debe regir un buen reportaje.

En sus declaraciones a cámara, Biarnés desgrana un anecdotario maravilloso con Dalí, Tom Jones, Orson Welles, Sammy Davis Jr., Nuréyev, Polanski, etc., de protagonistas, retratados durante sus estancias en España, a veces invitados por estrellas del entretenimiento español del momento: folclóricas, actrices, cantantes pop, bailarines de flamenco y toreros, desde Lola Flores y Carmen Sevilla, Raphael y Massiel, Serrat, hasta el bailarín Antonio y los toreros el Cordobés, Palomo Linares y Dominguín, que veían en la fotógrafa a una cómplice, una igual.

En sus imágenes destaca un sentido de la composición elegante, un instinto natural para comprender al personaje, para sacar esa luz que hacía de ellos figuras del momento, al captar un erotismo pícaro (Carmen Sevilla) o salvaje (Tom Jones). Pero fue un reportaje de índole social sobre los logros de la cirugía del corazón —tema maravilla de los setenta—, que fue despreciado para indicarle los nuevos derroteros de la prensa que derivarían en el sensacionalismo, los paparazzi y las noticias «construidas», el que selló su carrera profesional.

La recuperación de su obra y su difusión ha sido posible por la existencia de una nueva generación de fotógrafos que no solo tienen una cultura visual y una destreza técnica, sino una formación teórica que les permite historizar el relato de la fotografía española y asignar valor a un periodo de incipiente modernidad como el que representa Joana Biarnés.

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Roger Moore por Joana Biarnés
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Una entre todos, portada del documental que relata la peripecia profesional de Joana Biarnés

Fernando Moleres, fotorreportaje y compromiso, en El Rinconete


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Fernando Moleres (Bilbao, 1963), fotorreportero afincado en Barcelona con una extensa trayectoria, obtuvo un temprano y amplio reconocimiento, como atestigua el sinfín de premios, nacionales y extranjeros, que puntúa su carrera. En los años noventa reflejó en imágenes extraordinarias la actualidad global política y de crisis humanitaria: los guetos de la Sudáfrica aún en régimen de apartheid, la guerra de los Balcanes, el genocidio de Ruanda, el paso de la frontera de México a Estados Unidos, las maquilas de Ciudad Juárez, etc. Compagina los temas de denuncia con otros más ligeros, a menudo documentando actividades de grupo —la Tomatina, los baños termales en Japón, el Burnig Man de Nevada— o de actualidad —el deshielo del Ártico, la rehabilitación de adictos a Internet chinos—. Pero sin duda son los proyectos de carácter personal y largo aliento que le ocupan varios años los que mejor definen su filosofía, estilo visual y compromiso.

Enfermero de formación, Moleres se adentra con su cámara en mundos aglutinados en torno a un concepto. Así ocurre con la espiritualidad en el mundo contemporáneo y sus manifestaciones —oración, clausura, peregrinaciones—, que lo han llevado a introducirse en monasterios de todo el mundo para retratar a monjes y rituales de muy diversas creencias y prácticas religiosas: católica, ortodoxa, budista, hinduista, zen… periplo recogido en los libros Hombres de Dios y Vida monástica. Los rostros de los monjes, las imágenes de interior y la cotidianeidad ritualizada evocan a veces, por su composición, iluminación y atmósfera, la pintura del Barroco y, expresamente, los místicos de Zurbarán. La iluminación escasa ayuda a crear la atmósfera característica del arte de Moleres; sugiere también cualidades que atribuimos a la imagen pictórica: voluntad de perdurar frente a la inmediatez de las efímeras imágenes de actualidad.

Moleres - monje zurbaran estilo

Fernando Moleres reflexionaba acerca de su preferencia por el tema de la vida monástica: «la espiritualidad es consciencia, aquella que nos ayuda a conectarnos con nuestro fondo y que proporciona unión, pero que no va adherida a la religión».

El tema de la infancia y juventud desamparadas es, desde el inicio, parte vertebral de su obra, emparentada así con la de célebres precedentes como Lewis Hine y Sebastião Salgado. En Infancia robada (Children at work), sobre el trabajo infantil, imagen analógica en blanco y negro, muestra las condiciones de explotación de algunos de los millones de menores a los que se arrebata la niñez en cañaverales, fábricas de ladrillos, puertos, minas, curtidorías, en la prostitución callejera, etc., trabajo premiado con el World Press Photo de 1998. En el mismo grupo se incluiría el reportaje dedicado a la orquesta sinfónica egipcia Luz y Esperanza, integrada por jóvenes musulmanas ciegas o con déficit visual que, gracias a la música y a la formación que les brinda la institución Al Tour Wal Amal, han escapado de los límites impuestos por la pobreza y la minusvalía.

Nagas_Moleres rituales peregrinaciones
Nagas – peregrinaciones

Denuncia y resiliencia recorren el trabajo del fotógrafo bilbaíno, evidente en otro reportaje mayor, con fuerte repercusión mediática internacional y repetidamente galardonado, sobre menores internos en la prisión de máxima seguridad de Freetown Pademba (Sierra Leona). Detonó el interés por el tema de violación de los derechos de los menores un reportaje de la francotunecina Lizzie Sadin, premiado en el Festival Visa pour l’Image de 2007. El ciclo Muchachos en la cárcel, Sierra Leona (Juvenile in prison, Sierra Leone), Esperando justicia (Waiting for justice) y Rompiendo el círculo (Breaking the circle) marca un antes y un después en el trabajo de Moleres. Tras muchas dificultades, en 2010 logra introducirse en la cárcel para documentar las condiciones y efectos de la reclusión de tres decenas de menores entre 1300 presos adultos. En Sierra Leona, uno de los países más pobres del mundo, con huellas visibles de la guerra civil que acabó en 2002, las instituciones de protección del menor y de derechos humanos no están coordinadas, en perjuicio de los reclusos. La tecnología digital permite a Moleres aprovechar las difíciles condiciones de iluminación en distintos periodos del año; el tratamiento del color, con sus elaborados tonos mates, evita estridencias y sensacionalismos en un tema que se presta a ello. El fotoperiodista aprovechó su formación de enfermero aportando cuidados de salud a los chicos, que sufrían afecciones de la piel y otras enfermedades por el hacinamiento, las condiciones insalubres o la falta de atención médica. Los chicos, muchos huérfanos, que viven en las calles, penan casi siempre por delitos menores y esperan largo tiempo el juicio. Sin recursos para pagar las multas que les evitarían la cárcel, ni familia de apoyo, la reclusión abre el círculo de fatalidad que impide salir de la miseria.

Minors in Prisons. Pademba Central Prison, Freetown , Sierra Leo
Waiting for Justice – Esperando el veredicto

moleres waiting justici portrait

Mientras las imágenes de los monjes no muestran un retrato, es decir, la identidad de sujetos concretos, sino cómo la devoción, la fe, la espiritualidad se encarna en rostros y cuerpos, las fotografías de los chicos encarcelados muestran, además del lugar y condiciones de reclusión, la gama de expresiones que cifra su experiencia: miedo, tristeza, frustración, abandono, enfermedad, violencia. El hacinamiento y la insalubridad no solo llagan los cuerpos, tienen un impacto también psicológico.

Algunos fotorreporteros, inquietos por el impacto efímero de su trabajo sobre las vidas de las víctimas, buscan medios alternativos de ayuda a corto y largo plazo.1 Así, Moleres y un pequeño grupo de personas sensibilizadas crearon la ONG Free Minor Africa: «aunque [el reportaje] fue mundialmente publicado, no logró cambiar nada para ellos… entonces yo me impliqué a la altura de mis posibilidades creando este pequeño proyecto», que brinda asesoramiento legal, pequeñas aportaciones económicas, formación desde la cárcel y, una vez libres, apoyo para hallar empleo y seguimiento. En Rompiendo el círculo (Breaking the circle) captura esta implicación y sus logros.

Las imágenes fruto del compromiso directo de Fernando Moleres, y de Lizzie Sadin entre otros, avalan las palabras del influyente maestro de fotoperiodistas James Nachtwey cuando afirmaba en Barcelona que, desafiando el pesimismo militante, la fotografía documental humanista ha contribuido y contribuye a mejorar las condiciones de vida de las víctimas de violación de los derechos humanos y, por eso, del mundo en que vivimos.

María José Furió & Instituto Cervantes
(1) Las fotos de Lizzie sobre menores encarcelados fueron utilizadas por Amnistía Internacional para lanzar una campaña de denuncia sobre el tema.

De fotografía y otros entusiasmos / Islas Georgia del Sur y Sandwich del Sur