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Una entrevista con el documentalista y el chico que encontró los negativos de la fotógrafa.

TODAS LAS VENTANAS, de Jorge Cela Trulock


Paisaje de Cercedilla (Madrid)
Fuente:
cercedilla-net.blogspot.com/

“Se trata de hablar sin que te llamen loco, sin llamarte tú mismo loco”, afirma la voz que desorganiza la percepción de la vida que pasa ante sus ojos -ventanas igual a miradas; miradas igual a una introspección en el caos. El libro de Jorge Cela Trulock constituye una experiencia para el lector en la medida exacta en que su autor, con la sinceridad (¿honestidad?) que define a los verdaderos escritores, se libra a la escritura teniéndola no por una forma de experimento lingüístico –palabras, meramente–, de juego que exhibir ante quien le lee, sino una lectura fiel de lo que ocurre. En esta caso, de lo que ocurre ante los ojos y en el interior (“no existe el recuerdo si no se sabe contarlo”) de ese hombre que martillea sus obsesiones: un túnel en cuyo extremo encontrará una luz, precedida por un escalón, preparado para tropezar en él y descubrir algo al fin; un niño cogido de la mano de su madre, listos para cruzar cuando el semáforo lo permita; la recurrente alusión a los políticos, a su lenguaje degradado, en un año ’92 de anillos y de chanchullos. Además, envolviendo el caos, un paisaje –Cercedilla, Valladolid, dice– y personajes como Salustio, como el rey moro expulsado. El lenguaje es en esta novela un delirio asumido. ¿Palabras de loco? En su expresión más lograda, la voz de un loco es un poema sin rima, arbitrario, que reúne los hitos de la emoción sin períodos intermedios de descanso: el túnel de nuevo, el vuelo del águila, los políticos, todas las nieves posibles.

En
Todas las ventanas, el personaje que habla, que escribe lo que leemos, se quiere fiel al lenguaje; todas las palabras están conectadas: “luego se juntan palabras y túnel. Al final del túnel están todas juntas, amontonadas”, “La palabra es inimaginable, no responde a nada bastardo”.

Con su libro, Jorge Cela impone a su lector un recorrido arduo que exige primero confianza: dentro del caos, del sinsentido, la voz expone un orden original. Cela ha escrito un poema de 245 páginas, hipnotizante. 

Alfaguara, Madrid, 1994, 245 págs.

María José Furió
publicado en Lateral, 1994