Archivo de la etiqueta: La Fábrica Editorial

Atín Aya en Photobolsillo


atin-aya2b

atin-aya3b

atin-ayab

La página de La Fábrica  Editorial nos dice de Atín Aya Abaurre (Sevilla, 1955- 2007) que «fue reportero gráfico de ABC de Sevilla y Diario 16 Andalucía. Su mirada captaba juegos callejeros, equilibrios de sombras, paisajes y, sobre todo, gentes, formas de vida.»

Quizá los periódicos ya no vuelvan a publicar este tipo de fotografía, y quizá tampoco las agencias de stock las consideren interesantes, de modo que la gestión privada de los archivos fotográficos de la gran época de la foto analógica, como la que representa Atín Aya y el elenco de fotógrafos que La Fábrica tiene el buen tino de mostrar en el asequible formato de bolsillo, ha de quedar en manos de los allegados de los fotógrafos. La hija de Atín Aya, María, relata cómo cada cierto tiempo se zambulle en el archivo de negativos y rescata tal o cual serie y, como acostumbra a suceder con el trabajo de los fotorreporteros  de esta generación, aparecen joyas de una vida ya desaparecida, la de la España de la posguerra en el paso al desarrollismo de los sesenta. Sus imágenes tienen encanto, dignidad  y una mirada demorada en el tiempo que hace de ellas estampas con una clara evocación pictórica -las bellas sevillanas con mantilla recuerdan la pintura del valenciano Sorolla–

Junto a series de la Andalucía típica, con sus procesiones y sus mujeres enlutadas, o su público de toreo y los ritos de la matanza del cerdo, conforme a la tradición neorrealista que ya puso de moda el italiano  Ferdinando Scianna, en su trabajo dedicado a Palermo, Atín Aya realizó reportajes de corte documentalista como el de las Marismas de Cádiz (1991-1996). Se trata del enfoque que agrada al National Geographic, es decir, zonas y usos tradicionales que se pierden bajo la presión de la industrialización y la sobreexplotación o el abandono. Se percibe en sus fotografías la influencia de los fotógrafos de la Depresión, Walker Evans, Dorothea Lange, pero también del Richard Avedon  de la extraordinaria serie In the American West, a los que su mirada, la del hombre que conoce el terreno, dota de una tonalidad poética que vuelve las imágenes en elegía.

Anuncios

Anonymization, la globalización arquitectónica, de Robert Harding



Del 10 de abril al 1 de junio

La Fábrica presenta la exposición Anonymization, de Robert Harding Pittman

anonymization-HardingDubai. De la serie Anonymization © Robert Harding Pittman

El artista estadounidense trabaja sobre la proliferación de un modelo urbanístico homogéneo: el de las macrourbanizaciones rodeadas por autopistas y centros comerciales

Durante diez años ha documentado este proceso en países como España, Francia, Alemania, Grecia, Emiratos Árabes Unidos, Estados Unidos y Corea del Sur.

El proyecto pone en evidencia que este prototipo, además de haber producido daños ambientales, produce una crisis económica, social e incluso psicológica

La inauguración de la exposición tendrá lugar el próximo jueves 10 de abril y podrá visitarse hasta el 1 de junio

Robert Harding Pittman estará en Madrid disponible para entrevistas entre el martes 8 y el jueves 10 de abril

Más información: www.lafabrica.com

MARTES, 1 DE ABRIL DE 2014

Las fotografías de Robert Harding Pittman encarnan un tema muy actual, la proliferación por todo el mundo de un modelo urbanístico homogéneo, el urban sprawl: macrourbanizaciones rodeadas por grandes autopistas, aparcamientos inmensos, centros comerciales y campos de golf. Las grúas de construcción, los edificios abandonados o los rastros de escombro son algunos de los elementos que podrían definir cualquier ciudad del planeta. Harding Pittman ha recogido con su cámara durante 10 años el proceso urbanizador desde el boom inmobiliario hasta la crisis actual de la construcción y lo ha plasmado en la serie Anonymization que podrá verse en La Fábrica desde el 10 de abril al 1 de junio de 2014.

Robert Harding Pittman empezó a fotografiar este fenómeno hace más de una década en Los Ángeles, una de las primeras ciudades en las surgió este modelo. Después, documentaría su expansión global en países como España, Francia, Alemania, Grecia, Emiratos Árabes Unidos y Corea del Sur. El proyecto pone en evidencia que este prototipo globalizado ni se adapta ni respeta el entorno cultural o físico y que, además de la evidente destrucción ambiental, conduce al ser humano a la pérdida de su cultura, sus raíces y a una profunda alienación. Afirma que, como demuestra la historia reciente, la construcción descontrolada ha desembocado no solo en una crisis económica sino también ecológica, social e incluso psicológica.

… En 2004 participó en Descubrimientos PHE, donde presentó su proyecto Desert Real Estate, un trabajo en el que analizaba la recalificación de terrenos en los desiertos de Nevada y el sur de California para la construcción de comunidades urbanas perfectamente planificadas. Desde entonces, ha fotografiado la evolución de este modelo urbanizador en diversos países del mundo. El libro Anonymization ha sido publicado por Kehrer Verlag, que fue nominado para el Deutscher Fotobuchpreis. Este trabajo también ha sido publicado en la revista de fotografía documental OjodePez. Sus fotografías y documentales han formado parte de exposiciones individuales y colectivas en sedes como La Casa Encendida, la Sala Alcalá 31 de la Comunidad de Madrid, Fotonoviembre, Foto Triennale (Dinamarca) y el California Institute of Arts. Ha recibido diversos premios y su obra forma parte de colecciones públicas y privadas como las del Museum of Fine Arts de Houston, OVNI Archives del CCCB de Barcelona y Belfast Exposed, entre otros. 

Carlos Garaicoa, La Fotografía como intervención


Hotel New York – Carlos Garaicoa

Carlos Garaicoa, fotógrafo nacido en La Habana, en 1967, documenta la ruina arquitectónica de la capital cubana, pero no se limita a ella. Es la pérdida del patrimonio arquitectónico de la isla, algo que asombra y escandaliza a quien visite Habana Vieja o Centro Habana, y además una selección de grafitis y pintadas, gritos grabados en la pared que reproducen los tics de la Cuba castrista (Resistir. Resistir para vencer. Socialismo o socialismo. Solo Cristo salva. Dios es Amor. Etc.). Las imágenes de fincas derrumbadas, de los escombros y los grafitis encuentran un eco, o una simetría, en ciudades como Barcelona o Ciudad del Cabo (Ni Cristo, ni Marx, ni Bakunin). Garaicoa descubre una gramática, un idioma de la ruina arquitectónica, y con el tiempo reconoce en distintos puntos del mundo las variadas inflexiones de ese idioma.

Encierra un sentido especial el reportaje realizado en Cuba, no solo de las construcciones inacabadas –claramente por falta de presupuesto para comprar materiales o pagar a los obreros–, sino también de solares convertidos en depósitos de escombros, residuo de lo que fue y que ya solo resiste al vacío… o a la limpieza. Los habitantes pasan por delante indiferentes, acostumbrados al paisaje de la ruina, y sus figuras borrosas siempre de paso hacia algún lugar definen bien la vida cotidiana en La Habana.

Carlos Garaicoa, 1991

El libro, catálogo editado por La Fábrica en el marco del último festival PhotoEspaña, recoge la exposición, comisariada por Lillebit Fadraga, que puede verse aún hasta la próxima semana (Museo Ico de Madrid), incluye un magnífico y breve prólogo del escritor José Manuel Ponte, autor de La fiesta vigilada, donde incluye Un paréntesis de ruinas, verdadero ataque al castrismo. En el prólogo a Garaicoa habla de la memoria como arquitectura, como un paseo entre construcciones habitadas.

Aunque mis imágenes favoritas son las de los vestigios de los cines de los años 30 –el art déco es el estilo que prefiero, como la de las residencias años 50 estilo Miami Beach, que aún se conserva en barrios como Nuevo Vedado, remodelado gracias al dinero de las embajadas que ocupan esos preciosos edificios de dos plantas rodeados de jardines caribeños–, el trabajo de Garaicoa no se deja seducir por la ruina como fatalidad: sus intervenciones señalan lo que hubo y debería haberse conservado mejor o del todo.

Proyecto de hotel para la esquina de Prado y Malecón, estudio Choy-León. Fuente Cuba Material

Por más tentadora que sea la crítica al inmovilismo cubano, pasear por la red lleva a descubrir estimulantes proyectos de reconstrucción arquitectónica, como el que expone la página de Cuba Material: un proyecto de hotel para las esquinas de Prado y Malecón. Es verdad que no se sale de la adulación al turismo, y la reflexión melancólica que se desprende de un libro como el de Garaicoa es que solo parecen existir dos polos: el derrumbe o la especulación inmobiliaria, la ruina o el lucro. Suenan pueriles los extremos, pero no parece que la revolución haya sabido levantar y sostener su alternativa.

Copy foto de Carlos Garaicoa, Ricardo Cases/El País

David Hockney, El gran mensaje. Conversaciones con Martin Gayford


EL GRAN MENSAJE, en NUMEROCERO.ES

Para muchos, y durante muchos años, David Hockney (Reino Unido, 1937) es el pintor de las piscinas y el lujo soleado de Beverly Hills, con cuadros como ‘The Big Splash’ o ‘Beverly Hills Housewife’ de finales de los años sesenta, que alcanzan hoy en subasta cotizaciones de millones de libras. En ‘Conversaciones con Martin Gayford, El gran mensaje’, entre las ilustraciones que recorren su trayectoria y sus palabras, descubrimos que es sobre todo un artista moderno en el mejor sentido de la expresión,  y  uno de los artistas eminentes del siglo XX.

Hockney fue desde el principio un pintor de éxito, trabajó en Londres con Alfred Jarry antes de trasladarse a California a finales de los 60. La pintura del glamour del Hollywood de esta década y la siguiente coincide, a fin de cuentas, con el período de bienestar que inauguró la cultura del consumo de masas.

David Hockney, the Bigger Spash, 1967

En sus conversaciones con el prestigioso crítico inglés, Gayford, Hockney revela su inmersión en el paisaje del East Yorkshire, donde vive tras dejar Los Ángeles, y reflexiona sobre los cambios e inercias que en nuestra percepción visual ha provocado el auge de la fotografía. Su obra, sin embargo, nunca ha sido reticente a la fotografía sino que la ha usado en su provecho, como mostró en los años 80 con sus trabajos con cámara polaroid y collages, con recreaciones de Picasso o Juan Gris. Al tiempo que dialoga con la tradición pictórica -que incluye tanto a Constable como a Turner, Van Gogh o Miró–, se zambulle en el mundo digital creando con video, multicámaras digitales, trabajando con photoshop y dibujando con i-phone y el i-pad.

Su mirada no pretende ser anti-fotográfica, sino redefinir la percepción visual, mediante el contacto y la observación demorada, para averiguar algo tan impresionantemente improductivo para un urbanita como ¡la dirección en que crecen las briznas de hierba!

En su última gran exposición en la Royal Academy de Londres, con cuadros de gran tamaño -a pared completa- y gran éxito de público, recibió alguna crítica dura y snob desde el diario ‘The Guardian’, pero la réplica de un lector señalando que con las nuevas políticas de los conservadores el país probablemente perdería paisajes tan hermosos como los que el artista inglés pinta, el trabajo de Hockeny cobra un sentido que lo acerca a la gran pintura clásica, que suscita alguna de las ideas más interesantes recogidas en este excelente libro, que parece dirigido por igual a fotógrafos, a amantes de la pintura y de las nuevas tecnologías.

David Hockney, 1997 – The Road to York through Sledmere

LA FIESTA EN KINSHASA: Jean Depara en Periodismo Humano


En Periodismo Humano, el diario digital dirigido por Javier Bauluz y Patricia Simón, me ha publicado el artículo dedicado a la recopilación con que LA FÁBRICA inaugura su colección de Fotografía africana, dedicada al congoleño de Jean Depara.

“Parece que podemos sentir la textura de la tierra en los pies descalzos que no pueden parar de bailar, y que oímos la música, esa rumba africana que marca el ritmo de la noche interminable y traspasa los márgenes de la fotografía. Parece que vemos cómo la espuma de la cerveza Primus sube y desborda el vaso y sentimos que lo único importante es encontrar la mejor compañía, amigos para bailar y reír y flirtear, mostrar las curvas del cuerpo ceñidas por vestidos estampados y faldas acampanada, seducir, al fotógrafo y a los espejos, con poses copiadas de las revistas francesas y americanas donde Brigitte Bardot se exhibía provocativa, promocionando un nuevo estilo de vida, para consumo de una generación de jóvenes que no había tenido que combatir en ninguna guerra… aún.

>Las imágenes de Jean Depara (Angola, 1928 / RD Congo, 1997) recuerdan los años cincuenta y sesenta cuando la fiesta para una clase media de Kinshasa no terminaba nunca. Ya en los años 70, la crispación política dominaba todo el mundo, y en la zona se introdujo la llamada ˝política de autenticidad o zairinizaición˝ de Mobutu, que ordenó “descolonizar los comportamientos culturales”. Sin embargo, como cuentan Martin y Pivin en la introducción a esta recopilación de la obra de Depara que publica la Editorial La Fábrica, Kinshasa supo mantener su espíritu festivo que se manifestaba en la música, en las modas y en actitudes de desafío, como la que surgió con la sape, un fenómeno que aún pervive, el de los dandys congoleños que expresaban su rebeldía a través de la elegancia en el vestir. Los sapeurs reivindican el progreso, la indumentaria es un símbolo de éxito social.

>Pascal Martin y Jean-Loup Pivin, editores de esta recopilación, dieron a conocer a Depara en la emblemática Revue Noire, revista que documenta el arte africano, de la que eran directores, en un número precisamente consagrado a Kinshasa.

>Nos cuentan que Depara se inició en la fotografía el día de su boda, en 1950, con una cámara de 6 x 6 que compró para documentar el acontecimiento. Durante algún tiempo compaginó la fotografía con oficios manuales, zapatero, relojero, mecánico hasta que en 1966 decidió cerrar el estudio para realizar exclusivamente reportajes. El estudio que Depara tenía en Kinshasa, Jean Wisekys Depara, estaba abierto día y noche, y era “más que el lugar real donde ejercer su oficio, una especie de broma y un último instrumento de seducción”.

>Las imágenes de Jean Depara reflejan la fama de Kinshasa, con sus bares de noche y las boîtes que frecuentaba, como Afro Mogenbo, el Champs-Élysées, o el Djambo Djambu. Disfrutaba fotografiando a los noctámbulos, siempre en blanco y negro, reflejando la despreocupación y alegría de aquellos años. Fue el cantante Jean Franco, la gran figura de la rumba congoleña, que impulsó su fama al retratarlo desde sus inicios y a lo largo de su carrera hasta que se convirtió en la gran estrella que llegó a ser.

>Para algunos, las fotografías de Depara pueden considerarse dentro del tópico de “negros cantando y bailando” o luciendo músculo –la serie de los forzudos en la piscina–, o de jóvenes negras que lucen su belleza para el hombre blanco –de hecho, es difícil saber qué relación une a algunas de las parejas mixtas que vemos–. Pero la fiesta en Kinshasa de Depara debería entenderse como una nueva tentativa de descolonización, al liberar a los africanos de los últimos estereotipos que los describen y fotografían como una población que sólo es retratada cuando muere en hambrunas, guerras, enfermedades endémicas, o sufre la explotación dentro y fuera de su continente por gobiernos codiciosos o empresas multinacionales. Depara consiguió captar esa tregua de alegría entre dos periodos –la de la colonización europea y la de la tiranía africanista de Mobutu—, cuando para un grupo de congoleños la dicha estaba al alcance de su mano y a los habitantes de Kinshasa les apetecía bailar y celebrar el presente.>