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Expo dedicada a Toni Bernad, fotógrafo de moda, en el Palau Robert


Toni Bernad expo Palau Robert
Bernad delante de algunas de sus fotos

El Palau Robert, sito en Paseo de Gracia, dedica una exposición antológica a uno de los más prestigiosos fotógrafos de moda catalanes, Antoni Bernad. Nacido en 1944, su eclosión como fotógrafo corresponde a los años de la Transición española, cuando el país se abrió a las tendencias más punteras y descollaron profesionales de todas las áreas, en parte gracias a las subvenciones procedentes de la Unión Europea. Merece la pena llegar al final de la exposición y escuchar la entrevista de este artista afable, con sus declaraciones y comentarios sobre los más relevantes aspectos de su obra, desde sus inicios vocacionales, su estancia en París, las diversas influencias, ese factor siempre básico que es la relación con las modelos y su querencia por la imagen analógica –a mí no me extraña: sus mejores imágenes me parecen las tomadas en los años 80 y principios de los 90, antes de la crisis del 93, que enseñó por las bravas que las circunstancias profesionales podían llegar a ponerse muy duras para los artistas que van por libre–; habla asimismo de su relación, no siempre fácil, con algunas de las personalidades del mundo político e intelectual español o, sobre todo, catalán. Bernad ha legado su archivo fotográfico al Arxiu Fotogràfic de Barcelona, que realiza una labor realmente digna de elogio. Tuve la suerte de visitarlo por dentro este año, laboratorios incluidos, y es una maravilla que Barcelona disponga de una institución tan moderna y profesional.

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Laura Ponte mimetizada de Coco Chanel, pero en guapa. (Imágenes de la exposición publicadas online)

La fotografía de Bernad se caracteriza por la elegancia, quizá también por los homenajes a los clásicos de la fotografía de moda que publicaron en las mejores revistas del momento, desde Helmut Newton, Avedon, Lindbergh, Ritts, Scianna, sin ocultar tampoco su inspiración cinéfila y mitómana (como se ve en las fotos que hace con la modelo Laura Ponte, quien mostró ante Bernad su potencial camaleónico, sueño de todo fotógrafo de cuerpos). No sabría decir si sus imágenes de moda realmente me entusiasman, por cierta tendencia a fotografiar a gente muy bon chic bon genre, a suavizar rasgos de la puesta en escena; en cambio, sí me han gustado algunos retratos más espontáneos, que escapan del look moda, y tienen un no sé qué de alma propia, como si el fotógrafo hubiese conseguido ser sobre todo un ojo más que una cámara.

el músico Xavier Cugat. El recorte del retrato centra la zona de la cara con la expresión risueña y pícara característica del artista.

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foto de moda, pareja besándose bajo la lluvia.
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En la exposición hay varios retratos del diseñador de calzado de lujo Manolo Blahnik, desde su juventud hasta el presente. Esta es de 1998.

 

 

Exposición curiosa y recomendable: Oleguer Junyent, viajero y fotógrafo


Una de las exposiciones que me han gustado esta temporada en Barcelona: una muestra de las imágenes tomadas por el viajero Oleguer Junyent en su periplo por el mundo a principios del siglo pasado. Se puede ver en el Archivo Fotográfico -a pocos pasos del Parque de la Ciudadela y de un nuevo punto de encuentro para los amantes de la fotografía, la sede de Colectania.

El interés de la expo para mí no está solo en la curiosidad que suscitan las fotografías tomadas por un artista burgués en un viaje de lujo sino en el concepto de exotismo vigente en la época, que los franceses difundieron a través de su literatura, en los formatos -cámara estereoscópica, explica el texto de presentación del Archivo–, en la composición más o menos pictórica de sus imágenes. Arrancan en esa época las que llegarán a ser pasiones modernas, desde los viajes culturales, hasta la documentación etnográfica y de los aspectos anecdóticos del itinerario, costumbres y curiosidades.

Según el texto informativo de la exposición, cuando Junyent dio a conocer sus fotografías, acuarelas, recuerdos, desató una pequeña fiebre viajera en su círculo social; el viaje por conocer otros mundos, otros pueblos y culturas, por ampliar perspectivas y la mirada, por hacerse hombres de mundo.

Personalmente, me atraen especialmente las rutas que llevan a África mucho más que las que llevan a Oriente o la India, abrumadores éstos por la acumulación de historia y, en el caso de India, tanta cultura y tantos siglos para tanta miseria sin solución.

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Ejemplo de cámara estereoscópica, esta es de 1915, posterior al viaje de Junyent.
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y una Mackenstein de 1910, “La France”. Para fotos de 70 x 130 mm. Con dos lentes de 65 mm Max Balbaeck Paris y disparador del tipo guillotina.

Egipto Sakkara Oleguer Junyent

Paco Elvira, cuando la veteranía es un grado


Eva Huarte, Marco Ansaloni y Paco Elvira. - Valid Foto BCN - BarPaco Elvira, Eva Huarte y Marcelo Aurelio

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Reportaje sobre el aceite de colza. Foto: Paco Elvira

Ayer me enteré por radio del accidente en las costas del Garraf que se llevó la vida de Paco Elvira, fotorreportero y hombre polifacético, al que yo auguraba una larguísima vida, a la manera de sus admirados Cartier-Bresson, y tantos otros cuya longevidad él atribuía, en su famoso blog, a la pasión por la fotografía.  Así que me quedé estupefacta al conocer la noticia. Tenía 64 años y dada su actividad y versatilidad, en realidad era como si tuviera diez años menos. La primera vez que hablé un largo rato con él fue a raíz de la preparación de su novela, Un día de mayo. Me relató las vicisitudes con la agencia Balcells (agencia de la que fui lectora hace años), que había estado interesada en su novela, sin que llegara a cuajar por cambios en el equipo, de modo que Elvira, muy interesado por las nuevas tecnologías y la autonomía que podían proporcionar al artista, había decidido probar con otra forma de publicación que resultó un exitazo. Baste con recordar la fila que se organizó en la Galería Vàlid para obtener la firma de Paco.

Él demostró algo en lo que yo venía pensando durante los últimos años y es que las personas con un gran bagaje profesional a su espalda son las que realmente pueden beneficiarse de la difusión instantánea que permite internet. Aliando un interés meticuloso por las estrategias de promoción y marketing en la red –pues a estas alturas de su trayectoria la ingenuidad quedaba descartada–, y un conocimiento seguro del material y temas que trataba –fotografía, viajes, cocina y hasta economía (esto último nos dio más de un disgusto según iban confirmándose sus peores augurios para España)–, su blog se convirtió en lugar de referencia para fotógrafos y curiosos, en patio de discusiones –memorable fue el post en que comentamos la foto del cuarto revuelto de su hija Andrea, llegando al cabo de varias horas a la conclusión de que era una carta de amor de la niña al padre, una carta sin puntos ni comas. Paco demostró además de su buen carácter –el paciente Job quedaba pequeño a su lado– a la hora de lidiar con los comentarios –incluidos los míos, pues estoy rabiosa con tantas chorradas relacionadas con la política catalana como soportamos y con la docilidad que se nos exige– que un profesional autónomo sin el futuro garantizado, como podría esperar apenas diez años atrás un gran fotógrafo con su trayectoria, podía aceptar el desafío que han traído las nuevas tecnologías y utilizarlo a su favor. Su incesante actividad ha demostrado hasta qué punto tenía razón.

Como a veces eran inevitables las intervenciones de fotógrafos jóvenes, impacientes por ver llegar su oportunidad y apartar a veteranos como Paco  Elvira, el archivo fotográfico y los libros que en los dos últimos años ha editado y publicado para Lunwerg han servido para callar la boca a los que quieren creer que vales lo que vale tu último trabajo y no la suma de una trayectoria.

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Él es el autor de tantos trabajos que ocuparon páginas de los diarios y que hemos visto decenas de veces, como las de los efectos del aceite de colza, el “trabajo” de los grises contra los manifestantes durante la Transición, por no hablar de sus reportajes en zonas de guerra. Ayer pensé que en el rincón que ocuparán los fotógrafos de guerra ahí arriba le habrán recibido con abrazos y vítores. Claro que luego tendrá que acercarse a saludar al rincón de los cocineros, al de los fotógrafos de viajes,  al de los amantes de los gatos, al de los que van en bici, al de los forofos del Barça, y de nuevo un no parar.  Buen viaje, Paco.

Un enlace interesante con fotos de Paco Elvira