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Exposición curiosa y recomendable: Oleguer Junyent, viajero y fotógrafo


Una de las exposiciones que me han gustado esta temporada en Barcelona: una muestra de las imágenes tomadas por el viajero Oleguer Junyent en su periplo por el mundo a principios del siglo pasado. Se puede ver en el Archivo Fotográfico -a pocos pasos del Parque de la Ciudadela y de un nuevo punto de encuentro para los amantes de la fotografía, la sede de Colectania.

El interés de la expo para mí no está solo en la curiosidad que suscitan las fotografías tomadas por un artista burgués en un viaje de lujo sino en el concepto de exotismo vigente en la época, que los franceses difundieron a través de su literatura, en los formatos -cámara estereoscópica, explica el texto de presentación del Archivo–, en la composición más o menos pictórica de sus imágenes. Arrancan en esa época las que llegarán a ser pasiones modernas, desde los viajes culturales, hasta la documentación etnográfica y de los aspectos anecdóticos del itinerario, costumbres y curiosidades.

Según el texto informativo de la exposición, cuando Junyent dio a conocer sus fotografías, acuarelas, recuerdos, desató una pequeña fiebre viajera en su círculo social; el viaje por conocer otros mundos, otros pueblos y culturas, por ampliar perspectivas y la mirada, por hacerse hombres de mundo.

Personalmente, me atraen especialmente las rutas que llevan a África mucho más que las que llevan a Oriente o la India, abrumadores éstos por la acumulación de historia y, en el caso de India, tanta cultura y tantos siglos para tanta miseria sin solución.

camara estereoscopica
Ejemplo de cámara estereoscópica, esta es de 1915, posterior al viaje de Junyent.
camara estereoscopica 1910
y una Mackenstein de 1910, “La France”. Para fotos de 70 x 130 mm. Con dos lentes de 65 mm Max Balbaeck Paris y disparador del tipo guillotina.

Egipto Sakkara Oleguer Junyent

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Paco Elvira, cuando la veteranía es un grado


Eva Huarte, Marco Ansaloni y Paco Elvira. - Valid Foto BCN - BarPaco Elvira, Eva Huarte y Marcelo Aurelio

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Reportaje sobre el aceite de colza. Foto: Paco Elvira

Ayer me enteré por radio del accidente en las costas del Garraf que se llevó la vida de Paco Elvira, fotorreportero y hombre polifacético, al que yo auguraba una larguísima vida, a la manera de sus admirados Cartier-Bresson, y tantos otros cuya longevidad él atribuía, en su famoso blog, a la pasión por la fotografía.  Así que me quedé estupefacta al conocer la noticia. Tenía 64 años y dada su actividad y versatilidad, en realidad era como si tuviera diez años menos. La primera vez que hablé un largo rato con él fue a raíz de la preparación de su novela, Un día de mayo. Me relató las vicisitudes con la agencia Balcells (agencia de la que fui lectora hace años), que había estado interesada en su novela, sin que llegara a cuajar por cambios en el equipo, de modo que Elvira, muy interesado por las nuevas tecnologías y la autonomía que podían proporcionar al artista, había decidido probar con otra forma de publicación que resultó un exitazo. Baste con recordar la fila que se organizó en la Galería Vàlid para obtener la firma de Paco.

Él demostró algo en lo que yo venía pensando durante los últimos años y es que las personas con un gran bagaje profesional a su espalda son las que realmente pueden beneficiarse de la difusión instantánea que permite internet. Aliando un interés meticuloso por las estrategias de promoción y marketing en la red –pues a estas alturas de su trayectoria la ingenuidad quedaba descartada–, y un conocimiento seguro del material y temas que trataba –fotografía, viajes, cocina y hasta economía (esto último nos dio más de un disgusto según iban confirmándose sus peores augurios para España)–, su blog se convirtió en lugar de referencia para fotógrafos y curiosos, en patio de discusiones –memorable fue el post en que comentamos la foto del cuarto revuelto de su hija Andrea, llegando al cabo de varias horas a la conclusión de que era una carta de amor de la niña al padre, una carta sin puntos ni comas. Paco demostró además de su buen carácter –el paciente Job quedaba pequeño a su lado– a la hora de lidiar con los comentarios –incluidos los míos, pues estoy rabiosa con tantas chorradas relacionadas con la política catalana como soportamos y con la docilidad que se nos exige– que un profesional autónomo sin el futuro garantizado, como podría esperar apenas diez años atrás un gran fotógrafo con su trayectoria, podía aceptar el desafío que han traído las nuevas tecnologías y utilizarlo a su favor. Su incesante actividad ha demostrado hasta qué punto tenía razón.

Como a veces eran inevitables las intervenciones de fotógrafos jóvenes, impacientes por ver llegar su oportunidad y apartar a veteranos como Paco  Elvira, el archivo fotográfico y los libros que en los dos últimos años ha editado y publicado para Lunwerg han servido para callar la boca a los que quieren creer que vales lo que vale tu último trabajo y no la suma de una trayectoria.

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Él es el autor de tantos trabajos que ocuparon páginas de los diarios y que hemos visto decenas de veces, como las de los efectos del aceite de colza, el “trabajo” de los grises contra los manifestantes durante la Transición, por no hablar de sus reportajes en zonas de guerra. Ayer pensé que en el rincón que ocuparán los fotógrafos de guerra ahí arriba le habrán recibido con abrazos y vítores. Claro que luego tendrá que acercarse a saludar al rincón de los cocineros, al de los fotógrafos de viajes,  al de los amantes de los gatos, al de los que van en bici, al de los forofos del Barça, y de nuevo un no parar.  Buen viaje, Paco.

Un enlace interesante con fotos de Paco Elvira