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José Antonio Carrera, la intimidad de lo extraño, en El Rinconete


María José Furió – El Rinconete

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En España no faltan los fotógrafos que cultivan una forma de reportaje de elevada calidad artística. Los pasados años de bonanza económica permitieron a varios de ellos no solo profesionalizarse —gracias a los encargos remunerados de parte de publicaciones o de organismos públicos y privados, a las becas nacionales e internacionales—, sino también desarrollar proyectos a medio y largo plazo sobre temáticas de un interés que rebasa la actualidad inmediata. Muestran una notable influencia de la cultura literaria, pictórica y fotográfica.

José Antonio Carrera responde a este tipo de fotógrafo. Nacido en Madrid, en 1957, se formó como realizador en Nueva York, profesión que ha desempeñado posteriormente para televisiones españolas. Documentales de contenido etnográfico y programas culturales como La Mandrágora llevan su firma. Fascinado por la obra de Álvaro Mutis, dedicó un reportaje a ilustrar su título más famoso: Maqroll el Gaviero.

La ciudad de Nueva York parece haber quedado como polo de atracción: a ella dedicó en los años noventa uno de sus reportajes en blanco y negro más sobresalientes: DreamStreet. En él presta especial atención a figuras masculinas de raza negra en diferentes ocupaciones, desde el portero uniformado de un edificio de lujo al fotógrafo de calle, el músico que toca en el metro o el joven ejecutivo trajeado que atraviesa una calle nevada.

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Esta serie parece no enfrentarse sino coexistir como en un universo paralelo a los reportajes tomados en África —Kenia, Etiopía, Mali, Mauritania, Níger…—, donde retrata a hombres y mujeres de todas las edades, tanto en primeros planos como enmarcados por un paisaje de montañas, lagos o desiertos, que evocan algo más que la integración armónica del individuo en un entorno natural, primitivo. Los retratos de niños con sus tablillas de la escuela coránica, o el más conmovedor del pequeño de apenas tres años que sentado cerca de las chozas de su poblado etíope se concentra en la lectura que sostiene sobre sus rodillas, no tienen la sobrecarga política e ideológica a la que nos han acostumbrado los reportajes que la prensa lleva publicando desde 2001. Lo mismo que los reportajes tomados en Colombia —los buscadores de oro, los cargadores de madera en Buenaventura, o la tribu yanomani—, componen una reflexión sobre las razas, sobre los modos de vida de los pueblos en peligro de extinción.

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José Antonio Carrera

Si el idilio del espectador con el paisaje africano o con las tribus aisladas en América se ha roto, quizá definitivamente, por la demanda de las publicaciones de gran tirada de reportajes sobre conflictos violentos, los retratos de José Antonio Carrera resisten como un acercamiento a la intimidad de lo extraño al mundo europeo. La composición con, en ocasiones, cierto eco a lo Paul Gauguin —paraísos perdidos donde el alma se encuentra con cierta pureza—, que pudiera entenderse como un mensaje edulcorado, esteticista, de entornos muy precarios, está siempre equilibrada con la fuerza de las miradas de los individuos retratados, con un gesto resuelto o una expresión de curiosidad que deja asomar la individualidad de cada uno, la identidad que quiebra el arquetipo.

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Serie El Gaviero
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PHOTO ESPAÑA 2006: NATURALEZA


©Bae Bien U – Pine Tree
©Nobuo Asada. A Place Where The Sea Is
© Chris Jordan. Tras el Katrina
Fuente: http://www.chrisjordan.com/

 
RESISTENCIAS

La edición de este año de PhotoEspaña es la última comisariada por Horacio Fernández, profesor de Historia de la Fotografía en la Universidad de Cuenca, que ha elegido como tema la “Naturaleza“. Cierra así el ciclo iniciado en 2004 con Historias, al que siguió Ciudad el año pasado. Y si algo cabe afirmar después de visitar una buena porción de las exposiciones presentadas en su primera semana de andadura es que parece, sí, de punta a cabo una propuesta de comisario en la que, por serlo, subyacen al menos dos tesis; la primera, acerca del tema propuesto, es una invitación a reflexionar sobre los vínculos entre naturaleza y cultura, la transformación del paisaje en las ciudades, nuestra relación de urbanitas con la naturaleza; la segunda tesis habla de fotografía y certifica la vitalidad, la validez de la fotografía documental en el seno de una cultura posmoderna que a veces cree ofrecer un punto de vista más inteligente cuanto más escépticos y pesimistas son sus juicios. Se entiende que contra esta postura hayan trabajado en los últimos años desde PhotoEspaña y que ese optimismo se ha visto respaldado por la participación de más galerías, más espacios, más artistas, que aprovechan así la proyección creciente del certamen.

En uno de esos nuevos espacios, el Museo Tyssen-Bornemisza, se puede visitar una de las mejores muestras de este año, la del coreano Bae Bien U, fotografías de gran formato en blanco y negro de pinos envueltos en la niebla —Pine Tree, de 1992– que ocupando las paredes de toda una sala crean una impresión envolvente, sosegadora; en color presenta imágenes donde la mirada se ha detenido en el brillo de unas hojas o en el movimiento del aire en Tahití. Es muy evidente el peso de la tradición oriental que se interesa por lo espectacular o por el detalle minúsculo, lo que al ser rescatado como arte formula una poética de la mirada. Y eso es lo que precisamente ofrecen la japonesa Rinko Kawauchi, quien en su Aila a través de una técnica que juega a no ser perfecta da a ver un relámpago, la carita de un bebé, un grupo de flamencos, es decir, la naturaleza, la mera vida. Y Nobuo Asada, en sus retratos hechos mar adentro de olas que dibujan montañas. El movimiento del agua ocupa dos tercios de la imagen en su A Place Where The Sea Is, un singular tour-de-force personal, pues el fotógrafo pone a prueba su resistencia frente a la fuerza sobrecogedora del mar. Está en el Museo Colecciones Ico, igual que Tomoko Imai, minimalista como la expresión con que define acertadamente su trabajo: la búsqueda de “tenues excesos”. El toque humorístico lo da, quién iba a decirlo, otro japonés, Takashi Yasumura en Calco de la naturaleza. Esta serie alterna emblemáticos paisajes fotografiados con las reproducciones de esos mismos paisajes usados en la decoración de interiores. Vemos personas de espaldas admirando un salto de agua o una gran montaña. Habla así de nuestra necesidad de paisaje para hacernos caer en la trampa de comparar lo real con su reproducción cuando no estamos viendo sino fotografías: no escapamos nunca de la representación.

Los anglosajones, la gente del norte, fieles a su naturaleza puritana, optan por el documento de denuncia. Hay una nostalgia de la naturaleza como Paraíso perdido, una idea implícita de que todo cambio es degeneración y de que la intervención del hombre es siempre destructiva, La búsqueda del bienestar de nuestra sociedad consumista lleva inexorablemente a la destrucción de la naturaleza. En este sentido trabajan el activista Chris Jordan con In Katrina’s Wake, quien muestra la devastación después del paso del Katrina, fijándose en objetos huérfanos que han ido a parar a lugares inverosímiles, habitaciones marcadas por el agua o casas en ruinas. Se diría que la naturaleza se apodera de esos objetos de consumo que son la vanidad del hombre –motos, radios, neveras…— y se burla creando bodegones surrealistas. Allá donde la vida se ha vuelto demasiado artificiosa, la naturaleza se toma su venganza. De esta resistencia a su completa domesticación habla el sueco Lars Tunbjörk en la serie Madrid 2004 con imágenes de esas nuevas urbanizaciones que venden un acercamiento a la naturaleza pero en realidad ofrecen su jibarización: césped por metros y enclenques arbolitos han sustituido al paisaje auténtico, que asoma y resiste entre ladrillos. Añádanse las imágenes de los ríos de metal fundido, las grandes canteras de mármol indias, la faraónica presa de las Tres Gargantas en China en imágenes de Edward Burtynsky y pongámonos a esperar el próximo cataclismo.

Todo esto, que parece plasmar el descubrimiento de un “sinsentido del acontecer” histórico, queda equilibrado por las imágenes del ya clásico Joel Sternfeld con un recuerdo del siempre esperanzador activismo utopista, también por la propuesta del sevillano Gonzalo Puch, con su gente en contacto con el agua plantea una relación menos atormentada con el entorno. La síntesis entre crisis de la naturaleza y contemplación del paisaje viene de la mirada de John Davies, todo un compendio de historia de la fotografía en The British Landscapes, otra de las exposiciones imprescindibles. Similar pero distinto es el enfoque del islandés Olafur Eliasson. Este especialista en instalaciones realiza ahora un inventario de espacios naturales de su tierra. El esfuerzo excursionista se recompone en series de puentes, horizontes, rápidos, Caminos de naturaleza es una indefectible búsqueda de sentido y ordenación a la que el hombre parece incapaz de renunciar.

El catalán Xavier Ribas, el colombiano Jesús Abad y la japonesa Tomoko Yoneda documentan la historia que ha impregnado el paisaje: es la memoria de ciudades desaparecidas rescatadas por la arqueología, de una batalla entre la guerrilla y las fuerzas militares que ha herido a los árboles, o del escondite del grupo estonio de resistentes a la ocupación soviética Hermanos del Bosque.

Pero en busca de pasión española tenemos que acercarnos a la Sala Canal Isabell II donde Cristóbal Hara expone Contranatura, y a la sala Juana Aizpuru, donde la gran Cristina García Rodero se acerca al festival Black Rock y acompaña a unos buscadores de liberación y ritos de purificación en el fotogénico desierto de Nevada.
Y otro tipo de pasión, la envidia, puede llevar al curioso forastero hasta los Mataderos de Legazpi, donde se acomete una faraónica recuperación de espacios para el arte. Por ahora, esos miles de metros cuadrados para la creatividad acogen la muestra de Nuevos Talentos de todos los países, aplicados seguidores de las nuevas tendencias en fotografía en busca de un lenguaje propio.

Exhaustiva, madura, afirmativa, cerebral, esta edición de PhotoEspaña, Naturaleza, persigue y alcanza el equilibrio entre compromiso social y arte en su combinación del documental de denuncia y la poética de la mirada.

© María José Furió
Culturas-La Vanguardia, junio 2006