Archivo de la etiqueta: crítica literaria

Sobre la crítica… y seguimos


Los Reyes Magos adoran a Jesús mientras la Virgen alimenta al mamoncete
pintura del Renacimiento
Natalia y Leone Ginzburg
Mientras el cielo blanco y la lluvia que salpica ya apenas las calles le ponen a Barcelona un traje convencionalmente invernal (pero las temperaturas suaves le discuten la vocación norteña al tiempo), y mientras espero que me llueva el maná sobre mi cabeza, y se abran las aguas a mis pies como alfombras rojas en noches de estreno,
y mientras termino de escribirle la carta a los Reyes Magos pidiéndole, entre otros regalos, que se derrumbe Planeta

anoto lo que dice Natalia Ginzburg sobre la critica y los críticos en sus Ensayos, editados por Lumen y con traducción de Mercedes Corral. Advierto que, por proteger nuestra salud mental, va siendo hora de dejar de hablar de la crítica en abstracto y bajar a la tierra, para ejercerla sobre obras concretas. Porque en los últimos años creo que hemos perdido mucho (además del buen humor y la paciencia) con un debate que no lo es y que deja ya el regusto nauseabundo de las trivialidades enunciadas con enorme solemnidad.

No salgo de mi asombro con estos ensayos de Natalia Ginzburg. Y es que hacía mucho (pero mucho, mucho) que no leía algo tan poco inteligente, con planteamientos tan anticuados, una escritura animada por una percepción tan sentimental y facilona de los objetos en los que detiene su mirada o su interés. Publicados originalmente entre 1969 y 1970 me asombra lo mucho que dista de la brillantez y la agudeza de Roland Barthes, que publicaba ¡en 1957! sus Mythologies y ¡en 1964! sus Essais critiques, ambos títulos en Seuil.

Solo, dentro de su poca profundidad, me han llamado la atención unos párrafos que dedica a definir la crítica y a los críticos por la inusual clarividencia (salvo su alusión al edipismo como horizonte deseable en la relación entre personas).

Atentos:

«Si un crítico es amigo nuestro, o incluso si se trata de alguien con quien a veces nos encontramos y con quien cruzamos algunas palabras, la amistad o aquellos encuentros ocasionales nos dan la seguridad de que su juicio para con nosotros será halagador; si no es así y en lugar de un juicio halagador obtenemos, por el contrario, una lección despiadada, o quizá tan solo un prudente silencio, nos sentimos golpeados por un desconsuelo estupefacto e inmediatamente después por un venenoso rencor, como si la amistad o aquellos raros encuentros nos hubiesen dado derecho a un favor eterno, porque nuestra mala costumbre nos lleva a pedirle a la amistad, o incluso a una simple sonrisa de cortesía, no ya la verdad sino una resuelta inclinación a nuestro favor.

»Por supuesto que al crítico no debería importarle en absoluto nuestro rencor, como no debería importarle en absoluto el rencor de los hijos a un padre sereno, que tuviera una clara conciencia de actuar y de pensar con justicia. Pero los críticos hoy día son, como los padres de hoy en día, frágiles, nerviosos y sensibles al rencor de los otros, temen perder a los amigos u ofender a los conocidos, su vida social es muy vasta y tan llena de ramificaciones que al ofender a una persona pueden ofender a otras mil; como hoy en día los padres, tienen miedo del odio: tienen miedo de encontrarse solos diciendo la verdad en una sociedad hostil. O, por el contrario, quieren odio, aspirar a él como un condimento fuerte y esencial en su vida de críticos, desean estar vestidos de odio, como de un uniforme rico y resplandeciente. Y la aspiración al odio, al igual que el miedo al odio, no puede constituir un terreno estable para la búsqueda y la afirmación de la verdad.»

pp. 98-99

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De lo autobiográfico en ficción


Alan Pauls (Buenos Aires, 1959), en color.
Dice mi querido Alan Pauls, en una entrevista de Mateo de Paz, sobre los resbaladizos tópicos de la autobiografía.

“MDP: En el cuento, el personaje se instala en el punto de vista del objetivo hasta confundirse con él; el objetivo y el que mira son la misma cosa, como si obra y biografía fuesen lo mismo. En tu obra, sin embargo, ¿cuánto hay de autobiográfico?

“AP: Mucho, sin duda, mucho… Pero no siempre las zonas más autobiográficas de mi obra son aquellas que yo más deliberadamente trabajé como mi experiencia personal. No creo mucho en el valor expresivo de la literatura en el sentido de que uno expresa lo que uno es, lo que uno ha vivido, lo que uno ha pensado. Discrepo sobre esa idea de la literatura. Pero sí creo que la literatura pueda producir la vida del propio escritor. Me gustan más los momentos en los que descubro que después de escribir tengo una vida que los momentos que descubro que tuve una vida y la escribí en una novela.

>Por otro lado, yo creo que solamente puedo trabajar con materiales que son personales de mi vida o de la de otros que me rodean si someto a esos materiales a un proceso de deformación extrema al punto de volvérmelos irreconocibles. El momento en que se me vuelven irreconocibles es cuando puedo comenzar a trabajar con ellos. También ahí tiene que haber una distancia entre la experiencia personal y el trabajo concreto.”

Pauls me convence cuando habla de su forma de ponerse a escribir por la claridad de sus ideas y la precisión con que las formula, algo insólito en un novelista hoy. A veces, me fastidia la equidistancia que usa para arremeter contra los excesos de derechas e izquierdas –como aparece en La historia del llanto–, porque da la impresión de que siempre tuvo un proyecto personal y que los riesgos políticos eran para quien no tenía nada mejor que hacer con su vida que jugársela a la desesperada.
Pero, hoy por hoy, Alan Pauls es de los que convencen por su lucidez. Siempre parece vivo hoy.

Edmund Wilson sobre crítica literaria y biografías de escritores



Courtesy Beinecke Rare Book and Manuscript Library, Yale/From ”Edmund Wilson”

Edmund Wilson (born 1895) at the end of the 1920’s.
Fuente: www.nytimes.com/…/books/review/04TOIBIN.html

Estoy leyendo la Obra selecta de Edmund Wilson, interesante por muchas razones (aunque no por la traducción que ofrece Lumen, que creo necesitaría una revisión de estilo más concienzuda).

Ya sabemos que las opiniones literarias, por muy sustentadas que estén en una sólida cultura y en una reflexión no contaminada por la histeria y las fobias personales, pasan de moda. Por eso me ha llamado mucho la atención por su vigencia la crítica que Edmund Wilson hace a la escritura de biografías literarias al estilo norteamericano. Hablando de Poe señala que fue muy mal comprendido, y que un tal “presidente Hadley” describió así su literatura: “Poe escribió como un beodo y un hombre que no acostumbra a pagar sus deudas”, y empleó este argumento, propio de un inspector de Hacienda o de un obispo español, para no incluirlo en el pabellón de inmortales.

Pero esto es lo que me importa. De un conocido biógrafo de Poe, Wilson explica:

  • “Krutch resulta un típico ejemplo [de la escuela moderna de biografías sociopsicológicas] que parece tender a caricaturizar las personalidades de sus personajes. Hoy en día se nos muestra el espectáculo de algunos importantes ornamentos de la raza humana, expuestos exclusivamente en términos de sus manías más ridículas, sus neurosis más inquietantes y sus fracasos más humillantes.” (pág. 118)

Esta definición, que Wilson dio en 1926, sirve para calificar biografías de artistas recientemente publicadas, como la que Patricia Bosworth dedica a Diane Arbus, o la de Hazel Rowley a Simone de Beauvoir y Jean.Paul Sartre, como pareja, publicada también en Lumen. Si esa clase de biografías sociopsicológicas era “moderna” en 1926, ¿qué adjetivo merecen casi cien años después? A este tipo de trabajo lo llamo yo “biografías marujas“: cuando las marujas llegan a la universidad y creen que el mero hecho de dar clases en la universidad o escribir acerca de temas arduos las convierte en intelectuales feministas.