Archivo de la etiqueta: certámenes de fotografía internacionales

VISA OR en Perpignan – Convocatoria de premio


Ya está aquí la presentación oficial del Festival de Fotoperiodismo VISA POUR L´IMAGE
con sus convocatorias de premios, como el VISA OR de fotografía de tema humanitario:  

Hello,

We are happy to send you the rules to apply at the Humanitarian Visa d’Or Award – ICRC, which will be exhibited in Perpignan, next September.

Best Regards

Frédéric Joli – ICRC

images.lists.smb10.com/lists/uploadimages/RegistrationFormICRC-VISAdOR2012.pdf


Bonjour,

Nous sommes heureux de vous faire parvenir le règlement de participation au Visa d’Or du Reportage Humanitaire du CICR, qui sera exposé en septembre prochain à Perpignan.

Cordialement

Frédéric Joli – CICR

images.lists.smb10.com/lists/uploadimages/CandidatureCICR-VisaDor2012.pdf

Anuncios

PHOTOESPAÑA 2007: COMISARIOS, DIÁLOGOS


Lourdes Groubet

Andrés Serrano

Sylvie Plachy

Neorrealismo. Italia. Fulvio Roiter -Sulfatara. Sicilia, 1953 Fulvio Roiter

En las pantallas de Telemadrid podía verse cómo la gente del PP celebraba sin recato desde primeras horas de la mañana dos grandes noticias: el fin de la tregua de ETA y la arrasadora mayoría electoral de Gallardón y Aguirre. También se entrevistó a Ana Botella, que con sonrisa altiva condescendió a responder que sí, que desde su flamante cargo en Medio Ambiente velará por que las aceras de Madrid queden pronto libres de excrementos caninos. Si fuese cinéfila, Botella habría visto Pret-â-Porter, de Robert Altman, y habría recordado entonces ingeniosamente la guasa de un Mastroianni en el romántico París sorteando cacas de chucho mientras busca a Sofía Loren. Más versadas en orden público que en asuntos culturales, más habituadas a las sonrisas tensas que recuerdan a sus interlocutores que su estudiada simpatía de señoritas de monjas termina con la primera pregunta impertinente, Botella y Aguirre, secundadas por periodistas como Fernando Ónega, se felicitaban de que la tesis del partido de que con los terroristas no hay diálogo ni negociación que valga ha sido ratificada por la reaparición de los patéticos encapuchados. También por televisión han anunciado los de ETA que las negociaciones por la prejubilación de sus miembros históricos en condiciones ventajosas y la recolocación de sus nuevos empleados habían sido estériles, de modo que volvían al tajo a intentar reflotar una empresa claramente obsoleta. En este contexto, el Festival Internacional de Fotografía y Artes Visuales, que en 2007 celebra su décimo aniversario sin un comisario general que proponga una tesis unitaria prefiriendo un recorrido de grandes nombres, exposiciones presentadas por distintos e importantes especialistas, ofrece una inesperada metáfora de la candidez de las políticas humanistas cuando deciden ignorar que los lobos suelen vestirse de corderitos.

La ausencia de esa tesis podía hacer de esta edición un cajón de sastre de propuestas y formatos, de aventuras, con el aliciente de las vecindades sorprendentes; las salas de exposiciones podrían ser entonces una cueva de Ali Babá para bulímicos de las artes visuales. Sin embargo, lo que sorprende es, tanto como la falta de riesgos en la programación, cuántos fotógrafos han entrado en una dinámica de profesionalización que prescinde de la complicidad con el que mira. Y la conclusión aquí es clara: Ofrece además una sorpresa elocuente: cuando la fotografía dialoga con otros géneros –la pintura, el cine, el video– el resultado es mucho más profundo, estimulante y valiente que cuando se mira el ombligo y se hace autorreferencial. Así, la serenidad y la violencia latente de los retratos de Andrés Serrano tienen un interlocutor natural en los zurbaranes del Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando; las performances del chino Zhang Huan denotan el mismo componente de sacrificio y vindicación que los eremitas medievales y aunque proclame que el único capaz de comprender su trabajo es él mismo y atribuya un valor instrumental a la fotografía, en la documentación videográfica de esta “santidad”, de sus martirios y flagelaciones, Huan se hace eco del propósito de perdurar y de establecer una identidad única típica del arte moderno.

Acaso porque China es aún un tema nuevo, algunos fotógrafos se acercan al país, pero sustituyen los viejos prejuicios (sociedad rural, cerrada) por el automatismo de las influencias: en “Cuando todos seamos ricos”, Matías Costa toma como referencia precisamente a Huan, pero también a Nan Goldin y así vemos la tópica imagen de ejecutivos de traje con melancólicas prostitutas de labios rojos que parecen soñar con protagonizar alguna película de Wong Kar-Wai; vemos a extenuados oficinistas cubriéndose la cara o la conciencia con las manos en un lugar público y a obreros semidesnudos trabajando de noche en monstruosas edificaciones. Un pesado déjà-vu que continúa en la patente influencia de Miguel Trillo en los retratos de jóvenes mirando a cámara de María Isabel Rueda (como Costa, en el Instituto Cervantes), en el inventario de destartalados interiores que Ricardo González recoge en “Rooms”; en los dípticos que reflexionan más cerebralmente que visualmente sobre la identidad y el género en Homeland de Sunil Gupta, e incluso en los “paisajes genéricos y malévolos” de Paul Seawrightm pese al empaque en la composición, en el color, y en el respeto a las personas fotografiadas (los tres últimos en Márgenes, en el centro Conde-Duque).

Por ello, si se quiere contemplar un festival de influencias bien digeridas conviene ir a la exposición de Silvia Plachy, De reojo, en el Círculo de Bellas Artes. La madre del actor Adrian Brody es una excelente fotógrafa, norteamericana de origen húngaro y discípula de André Kertesz, experta en sugerir atmósferas, que usa el dramatismo como una forma de tensión narrativa que no se desborda. Colaboradora de Village Voice, Vogue, Life, The New Yorker, entre otras publicaciones, las mejores imágenes de Plachy en esta primera exposición española de 100 fotografías en blanco y negro y color, que saben a poco, son los retratos: modernas, sensibles, vitales aproximaciones a personajes como John Lurie, Purdy o Borges, y el atisbo del que parece ser su mejor trabajo: Autorretrato con vacas volviendo a casa, una evocación de su Hungría natal mediante la combinación de viejos álbumes de familia y fotos actuales.

El Centro Cultural de la Villa acoge la gran exposición dedicada al Neorrealismo. Enrica Viganò toma como hilo conductor la historia del progreso de la fotografía y del trabajo de los fotorreporteros italianos, pero lo interesante es que una corriente documentalista que parece fijada en el pasado, en la infancia de nuestros padres, ha seguido fecundando el trabajo de fotógrafos de las últimas décadas hasta hoy mismo: los “Domingos” en Barcelona (años 90) de Xavier Ribas, expuestos en Local, el fin de la globalización, de la Sala Canal Isabel II, son los mismos Domingos en Milán (1960) de Ugo Zovetti, con un mismo involuntario humor típicamente mediterráneo. El proyecto de Luciano Morpurgo de “Peregrinación al santuario” (años 30) es gemelo del chino Li Tianbing (en Local) y sus pasmados camaradas de paseo. De la foto al cine y cruzando fronteras, el Neorrealismo pervive como la alianza entre la curiosidad del fotógrafo y su compromiso ético con el objeto de su mirada. Un aspecto visible en la serie de las costas italianas de Massimo Vitali pero que brilla por su ausencia en la serie de los sin-techo del ucraniano Boris Mikhailov (ambos en Local), que paga a sus “modelos” para compensarlos, los retrata exhibiendo sus genitales y su miseria, fruto ésta, según dice, de la globalización que ha llenado las calles de ancianos desvalidos, de niños aspirando cola (…y de fotógrafos más oportunistas que piadosos). Claro que para disfrutar de una rabieta como es debido, véase la retrospectiva de Salgado en la Sala Azca del BBVA, África. Las guerras tribales, las hambrunas, el éxodo y el difícil retorno a las tierras asoladas, que fueron los temas con que Salgado se labró su merecida reputación de fotógrafo humanista, derivan hacia el almibarado esteticismo de Génesis, su más reciente proyecto. Paisajes exuberantes y negritas que pastorean sus rebaños con sus pechos aún turgentes al desnudo parecen ilustrar el paraíso ideal, los sueños eróticos, de un tímido predicador del siglo XIX. Para desintoxicarse, nada mejor que en la Casa de América el “Espectacular de Lucha libre”, de Lourdes Grobet: 130 instantáneas llenas de vida, empatía y arrojo, veinte años de trabajo entre el kitsch y la poesía de la superación en un México irredento.

Al salir a las calles de Madrid, nadie diría que sus gobernantes programan por televisión 24 horas de imágenes con un solo tema: una gozosa cuenta atrás del atentado que los devolverá al poder.


María José Furió

* En Culturas-La Vanguardia de junio 2007 se publicó una versión de este artículo sin las referencias a la actualidad política, luego de una ardua (aunque nunca cruenta) discusión .

PHOTO ESPAÑA 2006: NATURALEZA


©Bae Bien U – Pine Tree
©Nobuo Asada. A Place Where The Sea Is
© Chris Jordan. Tras el Katrina
Fuente: http://www.chrisjordan.com/

 
RESISTENCIAS

La edición de este año de PhotoEspaña es la última comisariada por Horacio Fernández, profesor de Historia de la Fotografía en la Universidad de Cuenca, que ha elegido como tema la “Naturaleza“. Cierra así el ciclo iniciado en 2004 con Historias, al que siguió Ciudad el año pasado. Y si algo cabe afirmar después de visitar una buena porción de las exposiciones presentadas en su primera semana de andadura es que parece, sí, de punta a cabo una propuesta de comisario en la que, por serlo, subyacen al menos dos tesis; la primera, acerca del tema propuesto, es una invitación a reflexionar sobre los vínculos entre naturaleza y cultura, la transformación del paisaje en las ciudades, nuestra relación de urbanitas con la naturaleza; la segunda tesis habla de fotografía y certifica la vitalidad, la validez de la fotografía documental en el seno de una cultura posmoderna que a veces cree ofrecer un punto de vista más inteligente cuanto más escépticos y pesimistas son sus juicios. Se entiende que contra esta postura hayan trabajado en los últimos años desde PhotoEspaña y que ese optimismo se ha visto respaldado por la participación de más galerías, más espacios, más artistas, que aprovechan así la proyección creciente del certamen.

En uno de esos nuevos espacios, el Museo Tyssen-Bornemisza, se puede visitar una de las mejores muestras de este año, la del coreano Bae Bien U, fotografías de gran formato en blanco y negro de pinos envueltos en la niebla —Pine Tree, de 1992– que ocupando las paredes de toda una sala crean una impresión envolvente, sosegadora; en color presenta imágenes donde la mirada se ha detenido en el brillo de unas hojas o en el movimiento del aire en Tahití. Es muy evidente el peso de la tradición oriental que se interesa por lo espectacular o por el detalle minúsculo, lo que al ser rescatado como arte formula una poética de la mirada. Y eso es lo que precisamente ofrecen la japonesa Rinko Kawauchi, quien en su Aila a través de una técnica que juega a no ser perfecta da a ver un relámpago, la carita de un bebé, un grupo de flamencos, es decir, la naturaleza, la mera vida. Y Nobuo Asada, en sus retratos hechos mar adentro de olas que dibujan montañas. El movimiento del agua ocupa dos tercios de la imagen en su A Place Where The Sea Is, un singular tour-de-force personal, pues el fotógrafo pone a prueba su resistencia frente a la fuerza sobrecogedora del mar. Está en el Museo Colecciones Ico, igual que Tomoko Imai, minimalista como la expresión con que define acertadamente su trabajo: la búsqueda de “tenues excesos”. El toque humorístico lo da, quién iba a decirlo, otro japonés, Takashi Yasumura en Calco de la naturaleza. Esta serie alterna emblemáticos paisajes fotografiados con las reproducciones de esos mismos paisajes usados en la decoración de interiores. Vemos personas de espaldas admirando un salto de agua o una gran montaña. Habla así de nuestra necesidad de paisaje para hacernos caer en la trampa de comparar lo real con su reproducción cuando no estamos viendo sino fotografías: no escapamos nunca de la representación.

Los anglosajones, la gente del norte, fieles a su naturaleza puritana, optan por el documento de denuncia. Hay una nostalgia de la naturaleza como Paraíso perdido, una idea implícita de que todo cambio es degeneración y de que la intervención del hombre es siempre destructiva, La búsqueda del bienestar de nuestra sociedad consumista lleva inexorablemente a la destrucción de la naturaleza. En este sentido trabajan el activista Chris Jordan con In Katrina’s Wake, quien muestra la devastación después del paso del Katrina, fijándose en objetos huérfanos que han ido a parar a lugares inverosímiles, habitaciones marcadas por el agua o casas en ruinas. Se diría que la naturaleza se apodera de esos objetos de consumo que son la vanidad del hombre –motos, radios, neveras…— y se burla creando bodegones surrealistas. Allá donde la vida se ha vuelto demasiado artificiosa, la naturaleza se toma su venganza. De esta resistencia a su completa domesticación habla el sueco Lars Tunbjörk en la serie Madrid 2004 con imágenes de esas nuevas urbanizaciones que venden un acercamiento a la naturaleza pero en realidad ofrecen su jibarización: césped por metros y enclenques arbolitos han sustituido al paisaje auténtico, que asoma y resiste entre ladrillos. Añádanse las imágenes de los ríos de metal fundido, las grandes canteras de mármol indias, la faraónica presa de las Tres Gargantas en China en imágenes de Edward Burtynsky y pongámonos a esperar el próximo cataclismo.

Todo esto, que parece plasmar el descubrimiento de un “sinsentido del acontecer” histórico, queda equilibrado por las imágenes del ya clásico Joel Sternfeld con un recuerdo del siempre esperanzador activismo utopista, también por la propuesta del sevillano Gonzalo Puch, con su gente en contacto con el agua plantea una relación menos atormentada con el entorno. La síntesis entre crisis de la naturaleza y contemplación del paisaje viene de la mirada de John Davies, todo un compendio de historia de la fotografía en The British Landscapes, otra de las exposiciones imprescindibles. Similar pero distinto es el enfoque del islandés Olafur Eliasson. Este especialista en instalaciones realiza ahora un inventario de espacios naturales de su tierra. El esfuerzo excursionista se recompone en series de puentes, horizontes, rápidos, Caminos de naturaleza es una indefectible búsqueda de sentido y ordenación a la que el hombre parece incapaz de renunciar.

El catalán Xavier Ribas, el colombiano Jesús Abad y la japonesa Tomoko Yoneda documentan la historia que ha impregnado el paisaje: es la memoria de ciudades desaparecidas rescatadas por la arqueología, de una batalla entre la guerrilla y las fuerzas militares que ha herido a los árboles, o del escondite del grupo estonio de resistentes a la ocupación soviética Hermanos del Bosque.

Pero en busca de pasión española tenemos que acercarnos a la Sala Canal Isabell II donde Cristóbal Hara expone Contranatura, y a la sala Juana Aizpuru, donde la gran Cristina García Rodero se acerca al festival Black Rock y acompaña a unos buscadores de liberación y ritos de purificación en el fotogénico desierto de Nevada.
Y otro tipo de pasión, la envidia, puede llevar al curioso forastero hasta los Mataderos de Legazpi, donde se acomete una faraónica recuperación de espacios para el arte. Por ahora, esos miles de metros cuadrados para la creatividad acogen la muestra de Nuevos Talentos de todos los países, aplicados seguidores de las nuevas tendencias en fotografía en busca de un lenguaje propio.

Exhaustiva, madura, afirmativa, cerebral, esta edición de PhotoEspaña, Naturaleza, persigue y alcanza el equilibrio entre compromiso social y arte en su combinación del documental de denuncia y la poética de la mirada.

© María José Furió
Culturas-La Vanguardia, junio 2006

PHOTOESPAÑA 2004: HISTORIAS


Renaud Auguste-Dormeuil

Paul Graham
 
Enrique Metinides

Que Madrid no quiere ser, no puede ser, una ciudad de diseño me saltó a los ojos en plena Gran Vía cuando ese viejo setentón con pantalones cortos me rebasó a toda pastilla sobre sus patines en hilera y se alejó raudo, acompañándose con vigorosos movimientos de brazos, hacia el pálido ocaso que envolvía la silueta de los rascacielos de la plaza de España.

 

Estas estampas inclasificables son el signo de la modernidad más radical de las ciudades de hoy. Ese viejo que asumía a su antojo las propuestas del consumo y deportiva juventud refutaba por las bravas todos los estudios de marketing sobre público-diana y los tediosos, ñoños, tópicos sobre la vejez. Él era también esa fotografía que nadie hace porque la Fotografía dice estar en crisis y se ha convertido, como tantos géneros artísticos, en un arte autorreferencial, reiterativo en sus temas, y muchas veces enquistado en onanistas reflexiones conceptuales. La Fotografía hasta hace dos décadas tuvo una poderosa capacidad de generar sentido porque los fotógrafos, exploradores y narradores de la realidad, establecían una relación directa con lo fotografiado y no habían decidido sospechar de sí mismos ni de sus herramientas y no se habían extraviado en laberintos verbales. Tampoco habían asumido como hecho irremediable que fundaciones privadas o de ideario conservador costeen la exhibición de las propuestas supuestamente más críticas y que ponen el dedo en la llaga de nuestras carencias sociales.

 
 

Ahí estuvo el magnífico René Burri para corroborarlo en una charla con H.M. Koetzle celebrada el 9 de junio en el Círculo de Bellas Artes. Burri, autor de imágenes ya icónicas como la del Che fumando un puro, es un emblema perfecto del vitalismo de los años setenta. Burri se definió: “Soy un optimista incurable y estúpido.” De su trabajo dijo: “En esta carrera de obstáculos uno se define continuamente”. Cada una de sus frases podía ser un titular: “Entonces uno tenía hambre de ver el mundo”; el trabajo de fotógrafo “Era una especie de romance que no duró demasiado”. El culpable de la crisis del fotoperiodismo y de la fotografía por extensión fue el Dinero, que llegó a raudales en los ochenta, junto con las innovaciones tecnológicas que permitían manipular la imagen, y “entonces nos convertimos en nada”.

 

PhotoEspaña 2004, como atendiendo a esta crisis de identidad, opta por referirse a “los nuevos lenguajes documentales en el arte contemporáneo” e incluye el cine, el vídeo y las artes plásticas. Cambia también de nombre y se convierte en Festival Internacional de Fotografía y Artes Visuales. Su nuevo director artístico, Horacio Fernández, propone como línea argumental Historias, buena síntesis de sus intenciones y logros.


Dicen querer provocar el debate sobre la validez de los actuales “usos narrativos” en la creación contemporánea. En este debate participa Paul Graham del que puede verse Troubled Land, New Europe y American Night (en alusión a la técnica cinematográfica de noche americana). Graham exhibe gigantescas, suntuosas, fotografías de casas unifamiliares americanas enfrentadas a imágenes de homeless bajo luces oblicuas e imágenes de negros aislados en parkings o carreteras, a los que no es fácil ver porque Graham sobreexpone la película y sólo se ve una patina blanca. Es, dice, “como una forma de ceguera”, pues también “elegimos no ver a determinados estratos sociales”. El mensaje de Graham tendría plena validez si se expusiera en la calle y no como objeto de calidad en las rutilantes salas de la Fundación Telefónica. Ese deslizamiento del mensaje crítico en los rituales del arte contemporáneo es la marca de fábrica de artistas posmodernos que, blindados por una cultura apabullante, sólo aciertan a ver la paja en ojo ajeno.

 

Menos pretenciosas y más conmovedoras son las obras del Círculo de Bellas Artes y la Casa de América. La fotografía busca temas en una intimidad, la familiar, que refleja lo social (Mitch Epstein); o revisa los cambios en la nueva Sudádrica donde la tradición se convierte en valor de identidad (Chanarin y Broomberg) o simbolizando el querer olvidar y recordar a la vez se retrata la silueta borrosa de un campo de concentración. Nicolás Goldberg se pega a la realidad para documentar la derrota de Carlos Menem y retrata así una Argentina turbia y quimérica. (Ojalá el año que viene veamos un reportaje parecido dedicado a Aznar).

 

Poética es la serie “Escapistas”, de Pedro Álvarez, donde contrapone los retratos de surfistas agotados a las imágenes nocturnas del mar, sugiriendo un encuentro latente, encuentro que se produce fuera de la foto.

Interesantes en su intención, pero no del todo conseguidos plásticamente, son los trabajos de Pedro G. Romero, “Archivo F.X.” sobre la iconoclastia, de Rineke Dijkstra en sus series de retratos sobre miradas que expresan la transformación interior de jóvenes reclutas donde el planteamiento de límpido retrato frontal y el consentimiento del retratado anula la posibilidad de “cazar” esa nueva mirada pulida por la experiencia militar. Dennis Adams en Airborne ofrece una metáfora del 11 de septiembre de 2001 a través de fotografías de bolsas y hojas de periódicos con titulares como “Basta!” sobrevolando Nueva York. Airbornehabría resultado más eficaz en vídeo. Aunque los tres artistas indagan en la relación Historia-historias no imbrican de una vez intención e imagen como sí hace el francés Renaud Auguste-Dormeuil en Hoteles de transmisión_Hasta cierto punto. Inspirándose en el trabajo de los corresponsales de guerra que transmiten desde hoteles situados en puntos estratégicos, traslada esa “posición” a grandes hoteles de ciudades perfectamente civilizadas y, se supone, al abrigo de catástrofes bélicas, para criticar esos “espacios mediáticos protegidos” y, señalando las largas distancias que los separan de los objetivos estratégicos, acierta a definir la guerra y el periodismo de guerra actual como una pulsión de muerte compartida por sus narradores (periodistas, fotógrafos) y espectadores; pulsión que, trasladada a escenarios ajenos, casi irreales por incomprensibles, puede liquidarse sin un gasto personal excesivo. Que esto es así no ha pasado desapercibido a los programadores de Phe04 según puede verse en Imágenes de Historia, una poliédrica colectiva que en la Fundación ICO junta a Luc Delahaye con Francesc Torres, el Equipo Crónica, Josep Renau y Jiri David. Mientras Delahaye presenta dos fotografías, una de un talibán muerto y la otra de un territorio palestino en ruinas, donde a través del mismo formato y de la composición clásica equipara hombres y territorios, Jiri David pone lágrimas de photoshop en los ojos de Blair, Sharon, Bush y Arafat en su proyecto Sin Compasión y Simeón Saiz pinta lo que parece ser una imagen digital de Civiles croatas asesinados por un comando bosnio.

 
Imprescindible entre todos es Enrique Metinides, el Weegee mexicano. Su cámara recoge con estética de cine negro accidentes, catástrofes de todo tipo donde una multitud de curiosos nos refleja como público sediento de maravilla y horror.

Y entretanto Madrid, irreductible al diseño, avisa al caminante cuándo el semáforo cambia de color con el canto grabado de unos pajaritos.


© Texto: María José Furió

Culturas- LA VANGUARDIA, 23 de junio de 2004