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Christopher Anderson


Acabo de descubrir a este fotógrafo canadiense, miembro de Magnum, y me encanta lo que dice tanto sobre su propio trabajo como sobre destacar o no en medio del universo actual, donde flotamos en una miríada de imágenes. ¿Cómo sobresalir en este ruido? se pregunta y se asombra cuando lo hacen sus reportajes. Comparto la opinión de que hoy hay muchísimos fotógrafos excelentes, pero no que es democrático que todo el mundo haga fotos. Desde los tiempos de las viejas cámaras, las familias ya tenían su cámara y sus álbumes de recuerdo.

Cuando se habla de “autenticidad”, “verdad” o “intimidad”, nos parecen palabras gastadas, pero en Anderson suenan adecuadas para caracterizar sus fotografías. Completamente de acuerdo también con sus comentarios sobre los premios de fotografía: ¿qué profesión dedica tanto tiempo a congratularse a sí misma, a premiarse?… Pues no sé… ¿la literatura española? Al menos los fotógrafos premiados suelen ser, en un 99%, los autores de las fotos. 😀 😀

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Venezuela, Caracas
USA. Brooklyn, NY. 2009. Marion on bed.
De “Son”

 

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Cristina García Rodero, entre dioses, hombres y espíritus, en El Rinconete


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Cuando en 2009 la fotógrafa Cristina García Rodero (Puertollano —Ciudad Real—, 1949) se convirtió en miembro de pleno derecho de la mítica agencia Magnum, la noticia causó generalizada satisfacción entre sus colegas, de los más diversos estilos, y el número creciente de aficionados a la fotografía. Las ventajas aducidas por la propia Cristina García Rodero, al margen del evidente prestigio, eran la garantía de que su archivo, su legado, iba a ser gestionado por las mejores manos, dialogar con fotógrafos de la calidad y diversidad de los que integran Magnum y mantener su independencia. Naturalmente, ser la cuarta mujer en incorporarse a la agencia fundada en París por Robert Capa en 1947 significa abrir una senda en un territorio de recorrido más difícil para las mujeres, según declara la fotógrafa española.

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España oculta

Cuidar del legado ha de ser una preocupación imperativa y natural tratándose de una obra que abarca ya cuatro décadas y del interés y calidad que define el trabajo de García Rodero. Ella ha explicado en numerosas ocasiones sus inicios: una joven profesora, licenciada en Bellas Artes, recorriendo en su tiempo libre, al volante de un 600, los pueblos de España para retratar sus tradiciones, cultos, ritos, la devoción de sus habitantes, convencida de que el período histórico que vivían —los primeros años de la Transición a la democracia— implicaba la desaparición más o menos rápida de esa particular expresión de la espiritualidad del «pueblo». El resultado de su paciente documentación fue, como sabemos, mucho más que un reportaje antropológico: España oculta (1989) revelaba una mirada original que aunaba sensibilidad por el detalle, empatía con los retratados pero no sentimentalismo, proximidad al asunto o personaje que retratar. Emergió con sus imágenes en blanco y negro el sustrato pagano de muchas tradiciones religiosas —Baco anda siempre cerca de una romería— y la influencia de la pintura surrealista, motivo por el que tantas veces esa España oculta suya es también una España mágica. El libro, prologado por Julio Caro Baroja, fue premiado en el Festival de Arlés y convirtió a su autora en un nombre ya imprescindible.

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Serie “Haití”

Cristina García Rodero se define como paciente, perfeccionista, tímida, por lo que nunca avasalla a las personas que retrata, aunque a veces advertimos —como en La confesión— que el retratado es consciente de ser el centro de interés, lo cual provoca diferentes reacciones, más exhibicionistas y jocosas en las fiestas tradicionales, o de complicidad y aceptación, como la madre de Georgia fotografiada consolando a su hija, o los lugareños curiosos subidos a un banco. Cuando se refiere a su estilo de trabajo, a la necesidad de rigor, de no improvisar, de acercarse para transmitir la emoción de la situación o la vivencia de los sujetos, la fotógrafa manifiesta su experiencia pedagógica, hasta el punto de que sus entrevistas y conferencias pueden leerse también como una colección de consejos para fotógrafos que tratan de desarrollar un estilo.

El suyo ha evolucionado sin brusquedades en su recorrido por varios continentes, acompañado por la técnica analógica hasta la incorporación paulatina de la digital. Utiliza el color ocasionalmente, desde el reportaje de María Lionza, la diosa de los ojos de agua, culto que se celebra en Venezuela, en que la iluminación con velas crea una tonalidad que se perdería en blanco y negro; y naturalmente en la India, en el festival de Holi, donde la llegada del buen tiempo se celebra con una explosión de color en forma de polvos que se arrojan los participantes. En los últimos años afloran en sus reportajes destellos de erotismo; así, en el muy imitado Rituales en Haití, las expresiones demoníacas del trance coexisten con posturas y miradas espontáneamente eróticas, más deliberadas en The Burning Man, festival celebrado en el desierto de Nevada, en Estados Unidos, y un erotismo obvio en ese otro tipo de procesión que son los festivales eróticos, el proyecto que la ocupa en los últimos años.

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The Burning Man
Instituto Cervantes – El Rinconete

Cristina García Rodero entra en la agencia Magnum


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Le robo al diario ABC este autorretrato que Cristina García Rodero se hizo en 1972, para celebrar en mi fotoblog la entrada de una de mis fotógrafas favoritas en la agencia Magnum.  Toda la liturgia de su entrada como socia de pleno derecho me parece ridícula y hasta ofensiva. En su momento me extrañó que no le exigieran que hiciera el camino de Santiago a pie (ir y volver) o que hiciera todos los ochomil de la Tierra. Imagino que no se les ocurrió.

Vi la última gran exposición de C.G.R. en Madrid el año pasado (algo comenté por aquí) y era para ovacionarla un buen rato.

Vamos, que puede decirse, que tanto para las mujeres como para la fotografía española, es verdad que LOS TIEMPOS ESTÁN CAMBIANDO para bien.