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Atín Aya, más que marismas, en El Rinconete del Instituto Cervantes


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© El Rinconete & MJ Furió /Liu

Atín Aya Abaurre (1955-2007) era conocido por los amantes de la fotografía como fotógrafo documental desde los años noventa por sus series de las Marismas del Guadalquivir (1991-1996), la dedicada a la plaza de toros de Sevilla, la Real Maestranza, o por Sevillanos (2001); pero su obra y su nombre rebasó las fronteras de la profesión cuando el director de La isla mínima (2014), Alberto Rodríguez, señaló que fue una exposición dedicada al fotógrafo sevillano la fuente de inspiración de esta intensa intriga policiaca que entiende el paisaje como un personaje vivo.

A casi diez años de la temprana muerte de Atín Aya, vale la pena recordar sus reportajes de un estilo clásico en un blanco y negro que reelabora muy personalmente las influencias del documentalismo social norteamericano de los años de la Depresión representado por Walker Adams, Dorothea Lange, Robert Frank, el neorrealismo italiano y español de los cincuenta y sesenta, los retratos de August Sander y el Richard Avedon de In the American West (1979-1984).

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Aya por Pedro Albornoz

Documentalismo fotográfico es el género que desde los años treinta registró cómo repercutían las circunstancias económico-políticas en la vida cotidiana de las clases trabajadoras y subalternas. También llamada «fotografía humanista», en España creó una escuela que ha dado grandes nombres. Profesionalmente, Aya fue reportero gráfico en prensa y para varios organismos culturales, aunque fue su producción personal —que abarca especialmente las dos últimas décadas del xx— la que atrajo la atención proporcionándole, entre otros encargos, el que culminaría en Imágenes de la Real Maestranza. Trabajó exclusivamente en blanco y negro y con técnica analógica. A los curiosos de la técnica les apetecerá saber que usaba una cámara Leica para el formato de 35 mm y las Mamiya y Linhof para el medio formato (6 x 7 mm y 9 x 12 mm).

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De la serie dedicada a La Maestranza de Sevilla

Tuvo una trayectoria breve, intensa y, por fortuna, pronto reconocida. Obtuvo la beca Fotopress de La Caixa para culminar el proyecto de las Marismas del Guadalquivir cuyo resultado Francisco Correal calificaba de «antropológico» retrato de «unas Hurdes andaluzas».

Al presentar Paisanos en 2010, Pablo Martínez Cosinou definía a Aya «tanto por los aspectos formales, la temática abordada y la poética desarrollada» como «una suerte de epígono del género documental entendido según los parámetros clásicos del género». Por su parte, la hija de Atín Aya, María, relata cómo cada cierto tiempo se zambulle en el archivo de negativos y rescata tal o cual serie y, como acostumbra a suceder con el trabajo de los fotorreporteros de esta generación, aparecen joyas de una vida ya desaparecida o en trance de cambiar. Sus imágenes tienen encanto, sus personajes, una dignidad natural, y con su mirada demorada en el tiempo logra estampas de clara evocación pictórica; así las de las jóvenes sevillanas con mantilla en la plaza, que recuerdan la pintura del valenciano Sorolla, o las de la familia durante la matanza, el orden compositivo de Velázquez.

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El rito de la matanza. Lucena, Córdoba, 2002

Lola Garrido detectaba la influencia de la pintura de bodegones de Zurbarán; como estos, «son sobrios y senequistas, no hay en ellos ni ironía ni regodeos estéticos, sino una especie de minimalismo andaluz de casas esenciales, cubos habitables perfectamente integrados en el paisaje, blancos luminosos y negros vestidos».

María Aya, en la esclarecedora presentación del volumen panorámico que le dedicó Photobolsillo, lo definía como un cazador tranquilo y también un maestro de la edición fotográfica, capaz de hilar un relato tan personal como elocuente con las imágenes seleccionadas con rigor.

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José Manuel Lara González cazando liebres en la Isla Menor. Serie Marismas del Guadalquivir, 1991-1996.

En Marismas del Guadalquivir el espacio físico aparece definido en el fotograma por líneas que dibujan un paisaje abstracto, o la sequedad de la tierra quebrada, o la uniforme superficie del agua que se rompe aquí y allá con redes o pequeñas estructuras; el conjunto transmite tanto la dureza y la parquedad del paisaje como su hipnótico atractivo. Aya consigue transmitir así la fuerza latente del paisaje andaluz y la dureza del trabajo realizado por sus habitantes. En sus retratos, bien se aproxime a la figura humana o aparezca ésta acompañada de sus instrumentos de trabajo o de animales, capta el esfuerzo físico, la rutina, la sabiduría de los oficios ancestrales. Cabría recordar que, en las décadas en que realizaba estos reportajes, muchos oficios artesanales, y en general el trabajo manual y el vinculado con la naturaleza, incluidas las labores del campo, se consideraban en vías de extinción. Aya fotografía zonas y usos tradicionales que se pierden bajo la presión de la industrialización y la sobreexplotación o el abandono.

El resultado es la mirada del hombre que conoce a fondo el terreno y dota a las imágenes de una tonalidad poética que se vuelven elegía del lugar y del momento.

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María Aya cuida del archivo de su padre
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Talleres de reportaje con Walter Astrada, en Barcelona


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Walter Astrada, fotorreportero argentino afincado en Barcelona, regresa de su periplo motero para dar dos talleres: Metodología de Reportajes (1 día, 12 de noviembre, 7,30 horas de taller) y Contar historias con imágenes, teórico-práctico de cinco días (del 7 al 11 de noviembre de 2016). Los dos tienen lugar en el Centro Cívico Pati-Llimona, en el Barrio Gótico. Me gustaría mucho asistir al del día 12.

Para información detallada sobre los talleres, visitad la página de Walter Astrada, donde podréis conocer su trayectoria y trabajos, uno de los reporteros de mayor calidad del momento.
Sus temas comprenden, entre otros, la violencia contra las mujeres en diferentes países: feminicidios en Guatemala, la violencia sexual en Congo, el problema de las niñas no deseadas en India y el maltrato en Noruega. Entre sus proyectos a largo plazo está el seguimiento de varios enfermos de esclerosis múltiple en diferentes países.

Como fotoperiodista de actualidad, nos ha dejado grabadas en la retina sus imágenes de Kenia, Madagascar, Haití y Uganda. La temática es recurrente: el sufrimiento de las poblaciones de países subdesarrollados y la dependencia de la ayuda occidental, la imposibilidad de establecer gobiernos de desarrollo a causa de los intereses extranjeros. Asuntos cuya solución depende no de las imágenes sino de la interpretación que puedan hacer de ellas los lectores cada vez mejor informados.

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Violencia postelectoral en Kenia, 2007

Walter Astrada bebe del fotoperiodismo que estableció el prestigio de la profesión. Parece clave la influencia de Nachtwey.

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Hambruna en Uganda – el negocio de la ayuda

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** Para contribuir al viaje-reportaje: Colabora comprando imágenes.

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La inestable posición ante la sociedad del fotorreportero


En estos días se cumple el tercer aniversario de la muerte del fotorreportero PACO ELVIRA. Sirva este artículo para recordarlo a él y las dificultades con las que han tropezado en el ejercicio de su profesión los profesionales de la imagen de riesgo. Se fue una persona capaz de poner de acuerdo a personas de las tendencias más diferentes.

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Foto de Joseba Zabalza: Paco como nos gusta recordarlo, entre fotos y con la cámara en la mano

ABOUT PASSION

Imagen del fotorreportero David Douglas Duncan, un pionero en el fotorreportaje. Soldados en la guerra de Corea.

Al hilo del debate que plantea el reportero Paco Elvira en su blog, pienso en la diferencia entre los contenidos de la conferencia de la que vengo, y que no he atendido hasta el final, en el Caixaforum Barcelona con el guionista, R. Price, de “grandes” series de televisión — la famosa The Wire, de la que no he visto ni un solo capítulo–, y la fuerza de ese otro debate en el que intervienen todos los días los reporteros que deben trabajar con temas difíciles, donde el desgarro real debe ofrecerse con una precisión moral exacta.

¿Qué fotos tiene derecho a tomar el reportero? El fotógrafo demuestra con sus decisiones –las fotos que toma y las que deja de tomar pudiendo tomarlas– qué clase de informador es. Pero cada vez me parece que quien…

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La maleta mexicana, de Trisha Ziff, memoria fotográfica de la guerra civil española, en El Rinconete


El Rinconete del Instituto Cervante virtual

El hallazgo en 2007 de la maleta que contenía las cajas con los más de cuatro mil negativos que tres míticos y mitificados fotógrafos extranjeros (Robert Capa, Gerda Taro y David Szymin Seymour, Chim) tomaron durante la guerra civil española causó un fuerte impacto por el valor histórico de un testimonio gráfico que se daba por perdido. Los fotogramas recogen escenas inéditas de los combates, retratos de figuras célebres como la Pasionaria, el general Líster, etc., además de documentar el paso de los exiliados republicanos por el campo de refugiados de Argelès-sur-Mer (Francia). El gran público internacional ha conocido ya las fotografías en exposiciones y en libros publicados en diferentes idiomas.

La película (2011) de Trisha Ziff reconstruye el itinerario y localización de la maleta, la personalidad de los carismáticos fotógrafos, incluida la muerte de Taro en un desgraciado accidente en Brunete en 1937, y el destino de algunos de los exiliados españoles en México, cuya llegada al puerto de Veracruz en 1939 es uno de los reportajes más interesantes realizados por Chim Seymour. Como se sabe, el presidente Lázaro Cárdenas (1934-1940) facilitó la acogida de los republicanos españoles y México se convirtió en refugio y hogar para alrededor de treinta mil exiliados, entre ellos un nutrido número de intelectuales, científicos, escritores y, naturalmente, políticos.

Estructurada en forma de entrevistas a expertos en fotografía o en la guerra civil española y a personas ligadas con los acontecimientos —el cineasta Ben Tarver, que encontró la maleta; la nieta de Francisco Aguilar González, embajador de México en Francia, quien la guardó en un rincón de su casa durante décadas—, el documental tiene el acierto de ir más allá de la elegía y del homenaje a los tres jóvenes pioneros de la fotografía bélica para mostrar la pervivencia de la herida dejada por el exilio y la derrota.

Al margen de la aventura de la maleta y de su contenido, el documental evoca el problema de la gestión de la memoria histórica y el archivo, que en España continúa pendiente como resultado del llamado «pacto por el olvido» impuesto desde la restauración de la democracia parlamentaria a la muerte del general Franco. Dentro de esta línea de reflexión se explican las imágenes con que abre la película: la exhumación de los restos de los civiles desaparecidos durante la guerra que yacen sin identificar en cunetas y terrenos próximos a las zonas de combate, donde fueron ajusticiados por los insurrectos. Afirman los estudios sobre memoria histórica que en estas circunstancias el «documento» es ese resto humano, que sirve para enriquecer el relato de la guerra. Los nietos de los desaparecidos son, en los últimos años, quienes en buena medida han asumido la tarea de encontrar a sus parientes, acuciados, afirman, tanto por la necesidad de completar un vacío dentro de la historia familiar como por equilibrar los pesos en el relato de la contienda española.

Entre los testimonios que hablan a la cámara de Ziff destaca, en mi opinión, el del fotógrafo Pedro Meyer por apartarse de la lectura emotiva y entusiasmada del resto de testimonios. Al descubrimiento, limpieza, escaneado, edición, selección y positivado de los negativos han seguido las exposiciones en la sede del Centro Internacional de Fotografía de Nueva York y posteriormente en los principales museos para un público internacional según un criterio determinado en Estados Unidos. Meyer discute que sea el CIF, o la sede de Magnum o de cualquier agencia que represente a un fotógrafo emblemático ya fallecido, el depósito de un material de relevancia histórica en otro país. Argumenta que «en los centros de poder en Nueva York, París, Londres, creen que en el resto del mundo no ocurre nada importante […] Tal es así que saquean al resto del mundo para llenar sus museos. No piensan dejar las cosas en sus sitios para compartir, sino que saquean». Reivindica entonces el depósito en México de copias del hallazgo, pues en definitiva la historia de la maleta y su contenido forman parte indisoluble del vínculo del país americano con la guerra civil española y su posguerra.

Al margen de controversias, tanto el documento de los negativos de Capa, Taro y Seymour, como la tarea aún inacabada de localizar a los desaparecidos y esclarecer las circunstancias de sus ejecuciones confirman que la narración de la guerra civil española no ha concluido.

Cuba Cubano Cañibano


Un corto documental acerca de un excelente fotógrafo cubano, Raúl Cañibano. Se detectan claras influencias de Kudelka, de Alex Webb, de Cristina García Rodero, Cartier-Bresson sin perder personalidad y una mirada propia. Fotografía analógica y revelado propio.
Me ha hecho añorar mis excursiones por La Habana con la cámara.

Anoto aquí los créditos del documental: Documentary about Cuban photographer Raul Cañibano. Production took place during his historic visit to Foothill College at the invitation of photography instructor Ron Herman. Producer Mary Skinner, Editor David Simon, Gaffer Bob Sitzwohl, Associate Producer Toni Gooch.