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“El legado de Joana Biarnés, fotoperiodista”, en El Rinconete


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Joana Biarnés

El fotoperiodista Cristóbal Castro estaba buscando fotos de la riada de Tarrasa —de donde él es originario— para conmemorar el 50.º aniversario de la catástrofe que afectó a la comarca del Vallés, cuando vio por vez primera las fotografías de Joana Biarnés (Tarrasa, 1935). Era un reportaje en blanco y negro, realizado con la cámara Leica del padre, también fotógrafo, que recogía con intensa empatía y precisión el alcance del diluvio sobre bienes y vidas. Al poco, Castro tuvo acceso al resto del archivo de la fotoperiodista, pionera en la España de las postrimerías del franquismo. Como relatan Castro y la propia fotógrafa en el excelente documental Joana Biarnés. Una entre todos, Biarnés, que llevaba treinta años retirada de la fotografía, no era consciente del valor de su trabajo. Castro comprendió el alcance de ese desconocimiento cuando un día ella lo recibió en su casa anunciándole alegre que estaba destruyendo copias «viejas» —es decir, copias originales, copias de época, esos vintages tan valorados por museos, galerías y coleccionistas— en una flamante trituradora. En ese punto —«¡No creí nunca en mi trabajo!», declara Biarnés— arranca la historia de la recuperación de una fotoperiodista carismática, de un archivo que recoge su buen hacer en varios géneros y la construcción de un diálogo intergeneracional muy fecundo.

Para su primera exposición, Castro seleccionó entre las treinta y cinco mil fotografías que pasaron bajo su lupa. El resultado ha merecido una calurosa acogida de profesionales y público, lo que ha propiciado, además, que Joana Biarnés recupere la ilusión de hacer fotos.

Estos rasgos definen la personalidad de Joana Biarnés, según sus colegas periodistas del vespertino Pueblo, de fotógrafos como Ramón Masats, Colita y Gervasio Sánchez, de sus íntimos, como Natalia Figueroa, la esposa del cantante Raphael, de quien llegó a ser fotógrafa personal: «simpatía y dignidad cautivadoras», arrojo —«se metía en todos los fregaos, era una lanzada»—, excelente presencia y humildad.

Joana Biarnés no entró en fotografía por vocación, sino por contentar a su padre, fotógrafo y laboratorista, quien la inició en su técnica. Con Ramón Masats, cliente del laboratorio de Joan Biarnés, compartió salidas fotográficas en las que refinó técnica y mirada. Las inundaciones del Vallés de 1962 fueron la temprana prueba de fuego de trabajar bajo presión. Y, cursada la primera edición de la Escuela Oficial de Periodismo, se convirtió en profesional. Aunque los azares afortunados puntúan su carrera, como el que en 1963 la llevó con su primer reportaje de moda al diario madrileño Pueblo, sus inicios no fueron fáciles; según cuenta esta pionera, cuando cubría los partidos de fútbol, espectadores y árbitros la recibían con improperios cavernícolas, que ella resistió respaldada por su carnet profesional y sus imágenes.

Joana con Nureyev
Joana Biarnés y el bailarín ruso Nureyev

Pueblo, el diario más vendido de España, tenía a los mejores reporteros de la época, buen reflejo del incipiente aperturismo que iba de la mano del famoso desarrollismo económico y del boom turístico. Joana Biarnés encarna bien esa época estimulante, donde en materia de cultura moderna todo estaba por hacer, incluida una tradición fotográfica. Cultivó la foto de deportes, el reportaje, el retrato y la moda, atenta a las publicaciones extranjeras innovadoras. Una incipiente jet-set cañí, a imitación de la de países con una industria cinematográfica y de la canción modernas como Francia, Italia o Estados Unidos, alimentaba las páginas de vida social y espectáculos, y Biarnés en ocasiones utilizó artimañas picarescas como la que le permitió colarse en el avión que traía a los Beatles en su célebre primer viaje a España, en 1965. La exclusiva que realizó en la suite del hotel y que tuvo que regalar a la revista Ondas, porque la censura había impuesto que se publicitara solo la llegada de los cantantes, es hoy pieza de mitómanos y muestra de la pasión con que encaraba su trabajo para conseguir «la foto» que, según le enseñó su padre, debe regir un buen reportaje.

En sus declaraciones a cámara, Biarnés desgrana un anecdotario maravilloso con Dalí, Tom Jones, Orson Welles, Sammy Davis Jr., Nuréyev, Polanski, etc., de protagonistas, retratados durante sus estancias en España, a veces invitados por estrellas del entretenimiento español del momento: folclóricas, actrices, cantantes pop, bailarines de flamenco y toreros, desde Lola Flores y Carmen Sevilla, Raphael y Massiel, Serrat, hasta el bailarín Antonio y los toreros el Cordobés, Palomo Linares y Dominguín, que veían en la fotógrafa a una cómplice, una igual.

En sus imágenes destaca un sentido de la composición elegante, un instinto natural para comprender al personaje, para sacar esa luz que hacía de ellos figuras del momento, al captar un erotismo pícaro (Carmen Sevilla) o salvaje (Tom Jones). Pero fue un reportaje de índole social sobre los logros de la cirugía del corazón —tema maravilla de los setenta—, que fue despreciado para indicarle los nuevos derroteros de la prensa que derivarían en el sensacionalismo, los paparazzi y las noticias «construidas», el que selló su carrera profesional.

La recuperación de su obra y su difusión ha sido posible por la existencia de una nueva generación de fotógrafos que no solo tienen una cultura visual y una destreza técnica, sino una formación teórica que les permite historizar el relato de la fotografía española y asignar valor a un periodo de incipiente modernidad como el que representa Joana Biarnés.

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Roger Moore por Joana Biarnés
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Una entre todos, portada del documental que relata la peripecia profesional de Joana Biarnés
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Fernando Moleres, fotorreportaje y compromiso, en El Rinconete


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Fernando Moleres (Bilbao, 1963), fotorreportero afincado en Barcelona con una extensa trayectoria, obtuvo un temprano y amplio reconocimiento, como atestigua el sinfín de premios, nacionales y extranjeros, que puntúa su carrera. En los años noventa reflejó en imágenes extraordinarias la actualidad global política y de crisis humanitaria: los guetos de la Sudáfrica aún en régimen de apartheid, la guerra de los Balcanes, el genocidio de Ruanda, el paso de la frontera de México a Estados Unidos, las maquilas de Ciudad Juárez, etc. Compagina los temas de denuncia con otros más ligeros, a menudo documentando actividades de grupo —la Tomatina, los baños termales en Japón, el Burnig Man de Nevada— o de actualidad —el deshielo del Ártico, la rehabilitación de adictos a Internet chinos—. Pero sin duda son los proyectos de carácter personal y largo aliento que le ocupan varios años los que mejor definen su filosofía, estilo visual y compromiso.

Enfermero de formación, Moleres se adentra con su cámara en mundos aglutinados en torno a un concepto. Así ocurre con la espiritualidad en el mundo contemporáneo y sus manifestaciones —oración, clausura, peregrinaciones—, que lo han llevado a introducirse en monasterios de todo el mundo para retratar a monjes y rituales de muy diversas creencias y prácticas religiosas: católica, ortodoxa, budista, hinduista, zen… periplo recogido en los libros Hombres de Dios y Vida monástica. Los rostros de los monjes, las imágenes de interior y la cotidianeidad ritualizada evocan a veces, por su composición, iluminación y atmósfera, la pintura del Barroco y, expresamente, los místicos de Zurbarán. La iluminación escasa ayuda a crear la atmósfera característica del arte de Moleres; sugiere también cualidades que atribuimos a la imagen pictórica: voluntad de perdurar frente a la inmediatez de las efímeras imágenes de actualidad.

Moleres - monje zurbaran estilo

Fernando Moleres reflexionaba acerca de su preferencia por el tema de la vida monástica: «la espiritualidad es consciencia, aquella que nos ayuda a conectarnos con nuestro fondo y que proporciona unión, pero que no va adherida a la religión».

El tema de la infancia y juventud desamparadas es, desde el inicio, parte vertebral de su obra, emparentada así con la de célebres precedentes como Lewis Hine y Sebastião Salgado. En Infancia robada (Children at work), sobre el trabajo infantil, imagen analógica en blanco y negro, muestra las condiciones de explotación de algunos de los millones de menores a los que se arrebata la niñez en cañaverales, fábricas de ladrillos, puertos, minas, curtidorías, en la prostitución callejera, etc., trabajo premiado con el World Press Photo de 1998. En el mismo grupo se incluiría el reportaje dedicado a la orquesta sinfónica egipcia Luz y Esperanza, integrada por jóvenes musulmanas ciegas o con déficit visual que, gracias a la música y a la formación que les brinda la institución Al Tour Wal Amal, han escapado de los límites impuestos por la pobreza y la minusvalía.

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Nagas – peregrinaciones

Denuncia y resiliencia recorren el trabajo del fotógrafo bilbaíno, evidente en otro reportaje mayor, con fuerte repercusión mediática internacional y repetidamente galardonado, sobre menores internos en la prisión de máxima seguridad de Freetown Pademba (Sierra Leona). Detonó el interés por el tema de violación de los derechos de los menores un reportaje de la francotunecina Lizzie Sadin, premiado en el Festival Visa pour l’Image de 2007. El ciclo Muchachos en la cárcel, Sierra Leona (Juvenile in prison, Sierra Leone), Esperando justicia (Waiting for justice) y Rompiendo el círculo (Breaking the circle) marca un antes y un después en el trabajo de Moleres. Tras muchas dificultades, en 2010 logra introducirse en la cárcel para documentar las condiciones y efectos de la reclusión de tres decenas de menores entre 1300 presos adultos. En Sierra Leona, uno de los países más pobres del mundo, con huellas visibles de la guerra civil que acabó en 2002, las instituciones de protección del menor y de derechos humanos no están coordinadas, en perjuicio de los reclusos. La tecnología digital permite a Moleres aprovechar las difíciles condiciones de iluminación en distintos periodos del año; el tratamiento del color, con sus elaborados tonos mates, evita estridencias y sensacionalismos en un tema que se presta a ello. El fotoperiodista aprovechó su formación de enfermero aportando cuidados de salud a los chicos, que sufrían afecciones de la piel y otras enfermedades por el hacinamiento, las condiciones insalubres o la falta de atención médica. Los chicos, muchos huérfanos, que viven en las calles, penan casi siempre por delitos menores y esperan largo tiempo el juicio. Sin recursos para pagar las multas que les evitarían la cárcel, ni familia de apoyo, la reclusión abre el círculo de fatalidad que impide salir de la miseria.

Minors in Prisons. Pademba Central Prison, Freetown , Sierra Leo
Waiting for Justice – Esperando el veredicto

moleres waiting justici portrait

Mientras las imágenes de los monjes no muestran un retrato, es decir, la identidad de sujetos concretos, sino cómo la devoción, la fe, la espiritualidad se encarna en rostros y cuerpos, las fotografías de los chicos encarcelados muestran, además del lugar y condiciones de reclusión, la gama de expresiones que cifra su experiencia: miedo, tristeza, frustración, abandono, enfermedad, violencia. El hacinamiento y la insalubridad no solo llagan los cuerpos, tienen un impacto también psicológico.

Algunos fotorreporteros, inquietos por el impacto efímero de su trabajo sobre las vidas de las víctimas, buscan medios alternativos de ayuda a corto y largo plazo.1 Así, Moleres y un pequeño grupo de personas sensibilizadas crearon la ONG Free Minor Africa: «aunque [el reportaje] fue mundialmente publicado, no logró cambiar nada para ellos… entonces yo me impliqué a la altura de mis posibilidades creando este pequeño proyecto», que brinda asesoramiento legal, pequeñas aportaciones económicas, formación desde la cárcel y, una vez libres, apoyo para hallar empleo y seguimiento. En Rompiendo el círculo (Breaking the circle) captura esta implicación y sus logros.

Las imágenes fruto del compromiso directo de Fernando Moleres, y de Lizzie Sadin entre otros, avalan las palabras del influyente maestro de fotoperiodistas James Nachtwey cuando afirmaba en Barcelona que, desafiando el pesimismo militante, la fotografía documental humanista ha contribuido y contribuye a mejorar las condiciones de vida de las víctimas de violación de los derechos humanos y, por eso, del mundo en que vivimos.

María José Furió & Instituto Cervantes
(1) Las fotos de Lizzie sobre menores encarcelados fueron utilizadas por Amnistía Internacional para lanzar una campaña de denuncia sobre el tema.

Top manta y yates en Port Vell


Barceloneta beach, Barcelona, Port Vell, Ciutat Vella, Spain
Barceloneta beach, Barcelona, Port Vell, Ciutat Vella, Spain
Barceloneta beach, Barcelona, Port Vell, Ciutat Vella, Spain
los negros venden, los rubios viajan
Barceloneta beach, Barcelona, Port Vell, Ciutat Vella, Spain
Barcelona se reivindica africana…
Barceloneta beach, Barcelona, Port Vell, Ciutat Vella, Spain
Barceloneta beach, Barcelona, Port Vell, Ciutat Vella, Spain
Barceloneta beach, Barcelona, Port Vell, Ciutat Vella, Spain
sombreros y falsificaciones varias
Barceloneta beach, Barcelona, Port Vell, Ciutat Vella, Spain
zoco africano y música jazz
Barceloneta beach, Barcelona, Port Vell, Ciutat Vella, Spain
dancing and dancing
Barceloneta beach, Barcelona, Port Vell, Ciutat Vella, Spain
pelos para razas foráneas. Lo que no te harán Llongueras ni Cebado
Barceloneta beach, Barcelona, Port Vell, Ciutat Vella, Spain
pareos y yates
Barceloneta beach, Barcelona, Port Vell, Ciutat Vella, Spain
Bob Marley was here…

Perdida y hallada: Joana Biarnés, fotorreportera


Joana Biarnés – Archivo personal de la fotógrafa

Muy recientemente hemos disfrutado de la feliz recuperación de una figura excepcionalmente interesante del fotorreportaje español, Joana Biarnés. Llevaba décadas retirada cuando una afortunada cadena de circunstancias ha permitido recuperar su archivo y dar a conocer sus estupendas fotografías, su trayectoria y, a través de ellas, una personalidad vitalista, íntegra en sus valores, como aquí me gusta tanto reivindicar.

Televisión Española emitió el documental de una hora dedicado a su figura, Joana Biarnés, una entre todos, dentro de la serie “Imprescindibles”, que podéis visionar pinchando aquí.

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Juana Biarnés fotografía la concentración en la Plaza de Oriente de Madrid, lugar emblemático de los irreductibles del franquismo español
Marisol por Joana Biarnés
Marisol, una estrella de cine español del momento, fotografiada por G. Barnés

Fotógrafos indomables: Olivier Laban-Mattei. Cómo mostrar a un político en campaña


El fotógrafo Olivier Laban-Mattei, un muy interesante fotorreportero francés, conocido del gran público consumidor de noticiarios por su galardonado reportaje sobre el terremoto de Haití, explica en esta charla cómo sortear las directrices de los políticos en campaña. Centrándose en la figura del inefable Nicolas Sarkozy, demuestra cómo un buen fotógrafo –y un buen periodista, por supuesto– logra zafarse de las coerciones que los políticos tratan de imponer en su intento de controlar al detalle la imagen que se ofrece de ellos.

Sur la route du CholŽra / Voyage en Artibonite

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Terremoto de Haití, 2010

 

VISA pour l’Image 2017 : programa, 29ª edición


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Foto de promociión de las soirées (veladas) de proyección del Festival Visa pour l’Image

El pasado jueves, 12 de mayo, asistí a la presentación del programa de la próxima sesión del Festival de Fotoperiodismo internacional, Visa pour l’Image, que todos los años se celebra en Perpignan durante las dos primeras semanas de septiembre.

El incombustible y charmant Jean-François Leroy, director desde hace veintinueve años (¡29 años!) del festival, hizo un breve resumen de las historias y reportajes que al final de este verano ocuparán las sedes principales de exposiciones. Le acompañaron dos representantes políticos de Perpignan y escuchamos su parlamento y comentarios apenas una decena de personas reunidas en la sala de cine del Instituto Francés. No sé a qué obedeció la deserción, cuando apenas hace cinco años decenas de fotógrafos profesionales y de periodistas acreditados abarrotábamos la sala de exposiciones del mismo instituto –no olvidemos que se trata de una sede oficial de cultura del gobierno galo–; probablemente, la crisis de los medios y lo muy entretenidos que andan los periódicos en los últimos meses con las noticias de ámbito nacional sean la excusa.

Al terminar la presentación –donde no faltó la pregunta de siempre acerca de la notoria ausencia de fotógrafos españoles, o catalanes, pues tampoco falta la nota ombliguista catalana–, subimos a disfrutar del aperitivo en el ático del edificio. Aparte de las exquisiteces para el paladar, el aliciente estaba para mí en echarle una mirada a la planta diseñada por el célebre arquitecto J.M. Coderch. Uno de estos días subiré algunas de las fotos que tomé aprovechando que salió el sol y no había aglomeraciones en la terraza.

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Leroy departiendo en la terraza del Instituto Français -mayo 2017

Del programa, destacaría que se ajusta a los temas de actualidad que han caracterizado el curso, con los países que dominan las páginas de los periódicos –Siria, China, crisis de los refugiados– sin grandes sorpresas en cuanto al enfoque estético, y tan solo me llamó la atención un reportaje dedicado a una misteriosa enfermedad renal, de origen no identificado, que está atacando en países como India y desde Sudamérica parece decidida a dar el salto a países más industrializados. El miedo a nuevas epidemias no cesa. Otro de los reportajes que escapan del cliché es el dedicado a las viudas en diferentes países, como la zona balcánica, India (de nuevo), etc. También se presentará la última edición del World Press Photo, con imágenes a un tamaño más digno que el que se ha hecho norma en el CCCB de Barcelona.

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IFB-Barcelona

Leroy destacó un reportaje obra de un fotógrafo chino que está documentando el impacto de la contaminación en el medio rural; también se hizo eco de las críticas que acompañan a la –al parecer– enorme cantidad de premios fotográficos, y subrayó, atinadamente en mi opinión, que puesto que ayudan a que los fotógrafos saquen adelante sus proyectos de reportajes, muchos de los cuales exigen tiempo previo de preparación y luego de realización y seguimiento, continuarán otorgándolos y promocionando también la concesión de becas, financiadas por diferentes organismos y empresas comerciales. Comentó igualmente diferentes iniciativas que tendrán lugar en Perpignan para que los estudiantes se familiaricen con el fotoperiodismo y la narrativa fotográfica. Aprovecho para añadir que en Arles, también en el sur de Francia, por iniciativa de la Fundación Luma, se está construyendo un enorme complejo cultural donde tendrá su sede una nueva universidad de la imagen fotográfica. Como se ve, en Francia cultivan la fotografía en su doble vertiente de arte y oficio, en una dimensión de alto nivel, mientras en Cataluña apenas se programan unas diez exposiciones durante la temporada alta de primavera.

Página actualizada con el Festival ya en activo. Se puede acceder a la programación pinchando aquí.

Me encantaría subir este año y disfrutar del ambiente tan especial y cargado de energía que se respira en Perpignan durante la primera semana de septiembre, la de los profesionales.

José Antonio Carrera, la intimidad de lo extraño, en El Rinconete


María José Furió – El Rinconete

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En España no faltan los fotógrafos que cultivan una forma de reportaje de elevada calidad artística. Los pasados años de bonanza económica permitieron a varios de ellos no solo profesionalizarse —gracias a los encargos remunerados de parte de publicaciones o de organismos públicos y privados, a las becas nacionales e internacionales—, sino también desarrollar proyectos a medio y largo plazo sobre temáticas de un interés que rebasa la actualidad inmediata. Muestran una notable influencia de la cultura literaria, pictórica y fotográfica.

José Antonio Carrera responde a este tipo de fotógrafo. Nacido en Madrid, en 1957, se formó como realizador en Nueva York, profesión que ha desempeñado posteriormente para televisiones españolas. Documentales de contenido etnográfico y programas culturales como La Mandrágora llevan su firma. Fascinado por la obra de Álvaro Mutis, dedicó un reportaje a ilustrar su título más famoso: Maqroll el Gaviero.

La ciudad de Nueva York parece haber quedado como polo de atracción: a ella dedicó en los años noventa uno de sus reportajes en blanco y negro más sobresalientes: DreamStreet. En él presta especial atención a figuras masculinas de raza negra en diferentes ocupaciones, desde el portero uniformado de un edificio de lujo al fotógrafo de calle, el músico que toca en el metro o el joven ejecutivo trajeado que atraviesa una calle nevada.

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Esta serie parece no enfrentarse sino coexistir como en un universo paralelo a los reportajes tomados en África —Kenia, Etiopía, Mali, Mauritania, Níger…—, donde retrata a hombres y mujeres de todas las edades, tanto en primeros planos como enmarcados por un paisaje de montañas, lagos o desiertos, que evocan algo más que la integración armónica del individuo en un entorno natural, primitivo. Los retratos de niños con sus tablillas de la escuela coránica, o el más conmovedor del pequeño de apenas tres años que sentado cerca de las chozas de su poblado etíope se concentra en la lectura que sostiene sobre sus rodillas, no tienen la sobrecarga política e ideológica a la que nos han acostumbrado los reportajes que la prensa lleva publicando desde 2001. Lo mismo que los reportajes tomados en Colombia —los buscadores de oro, los cargadores de madera en Buenaventura, o la tribu yanomani—, componen una reflexión sobre las razas, sobre los modos de vida de los pueblos en peligro de extinción.

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José Antonio Carrera

Si el idilio del espectador con el paisaje africano o con las tribus aisladas en América se ha roto, quizá definitivamente, por la demanda de las publicaciones de gran tirada de reportajes sobre conflictos violentos, los retratos de José Antonio Carrera resisten como un acercamiento a la intimidad de lo extraño al mundo europeo. La composición con, en ocasiones, cierto eco a lo Paul Gauguin —paraísos perdidos donde el alma se encuentra con cierta pureza—, que pudiera entenderse como un mensaje edulcorado, esteticista, de entornos muy precarios, está siempre equilibrada con la fuerza de las miradas de los individuos retratados, con un gesto resuelto o una expresión de curiosidad que deja asomar la individualidad de cada uno, la identidad que quiebra el arquetipo.

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Serie El Gaviero

Cristina García Rodero, entre dioses, hombres y espíritus, en El Rinconete


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Cuando en 2009 la fotógrafa Cristina García Rodero (Puertollano —Ciudad Real—, 1949) se convirtió en miembro de pleno derecho de la mítica agencia Magnum, la noticia causó generalizada satisfacción entre sus colegas, de los más diversos estilos, y el número creciente de aficionados a la fotografía. Las ventajas aducidas por la propia Cristina García Rodero, al margen del evidente prestigio, eran la garantía de que su archivo, su legado, iba a ser gestionado por las mejores manos, dialogar con fotógrafos de la calidad y diversidad de los que integran Magnum y mantener su independencia. Naturalmente, ser la cuarta mujer en incorporarse a la agencia fundada en París por Robert Capa en 1947 significa abrir una senda en un territorio de recorrido más difícil para las mujeres, según declara la fotógrafa española.

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España oculta

Cuidar del legado ha de ser una preocupación imperativa y natural tratándose de una obra que abarca ya cuatro décadas y del interés y calidad que define el trabajo de García Rodero. Ella ha explicado en numerosas ocasiones sus inicios: una joven profesora, licenciada en Bellas Artes, recorriendo en su tiempo libre, al volante de un 600, los pueblos de España para retratar sus tradiciones, cultos, ritos, la devoción de sus habitantes, convencida de que el período histórico que vivían —los primeros años de la Transición a la democracia— implicaba la desaparición más o menos rápida de esa particular expresión de la espiritualidad del «pueblo». El resultado de su paciente documentación fue, como sabemos, mucho más que un reportaje antropológico: España oculta (1989) revelaba una mirada original que aunaba sensibilidad por el detalle, empatía con los retratados pero no sentimentalismo, proximidad al asunto o personaje que retratar. Emergió con sus imágenes en blanco y negro el sustrato pagano de muchas tradiciones religiosas —Baco anda siempre cerca de una romería— y la influencia de la pintura surrealista, motivo por el que tantas veces esa España oculta suya es también una España mágica. El libro, prologado por Julio Caro Baroja, fue premiado en el Festival de Arlés y convirtió a su autora en un nombre ya imprescindible.

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Serie “Haití”

Cristina García Rodero se define como paciente, perfeccionista, tímida, por lo que nunca avasalla a las personas que retrata, aunque a veces advertimos —como en La confesión— que el retratado es consciente de ser el centro de interés, lo cual provoca diferentes reacciones, más exhibicionistas y jocosas en las fiestas tradicionales, o de complicidad y aceptación, como la madre de Georgia fotografiada consolando a su hija, o los lugareños curiosos subidos a un banco. Cuando se refiere a su estilo de trabajo, a la necesidad de rigor, de no improvisar, de acercarse para transmitir la emoción de la situación o la vivencia de los sujetos, la fotógrafa manifiesta su experiencia pedagógica, hasta el punto de que sus entrevistas y conferencias pueden leerse también como una colección de consejos para fotógrafos que tratan de desarrollar un estilo.

El suyo ha evolucionado sin brusquedades en su recorrido por varios continentes, acompañado por la técnica analógica hasta la incorporación paulatina de la digital. Utiliza el color ocasionalmente, desde el reportaje de María Lionza, la diosa de los ojos de agua, culto que se celebra en Venezuela, en que la iluminación con velas crea una tonalidad que se perdería en blanco y negro; y naturalmente en la India, en el festival de Holi, donde la llegada del buen tiempo se celebra con una explosión de color en forma de polvos que se arrojan los participantes. En los últimos años afloran en sus reportajes destellos de erotismo; así, en el muy imitado Rituales en Haití, las expresiones demoníacas del trance coexisten con posturas y miradas espontáneamente eróticas, más deliberadas en The Burning Man, festival celebrado en el desierto de Nevada, en Estados Unidos, y un erotismo obvio en ese otro tipo de procesión que son los festivales eróticos, el proyecto que la ocupa en los últimos años.

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The Burning Man
Instituto Cervantes – El Rinconete

Atín Aya, más que marismas, en El Rinconete del Instituto Cervantes


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© El Rinconete & MJ Furió /Liu

Atín Aya Abaurre (1955-2007) era conocido por los amantes de la fotografía como fotógrafo documental desde los años noventa por sus series de las Marismas del Guadalquivir (1991-1996), la dedicada a la plaza de toros de Sevilla, la Real Maestranza, o por Sevillanos (2001); pero su obra y su nombre rebasó las fronteras de la profesión cuando el director de La isla mínima (2014), Alberto Rodríguez, señaló que fue una exposición dedicada al fotógrafo sevillano la fuente de inspiración de esta intensa intriga policiaca que entiende el paisaje como un personaje vivo.

A casi diez años de la temprana muerte de Atín Aya, vale la pena recordar sus reportajes de un estilo clásico en un blanco y negro que reelabora muy personalmente las influencias del documentalismo social norteamericano de los años de la Depresión representado por Walker Adams, Dorothea Lange, Robert Frank, el neorrealismo italiano y español de los cincuenta y sesenta, los retratos de August Sander y el Richard Avedon de In the American West (1979-1984).

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Aya por Pedro Albornoz

Documentalismo fotográfico es el género que desde los años treinta registró cómo repercutían las circunstancias económico-políticas en la vida cotidiana de las clases trabajadoras y subalternas. También llamada «fotografía humanista», en España creó una escuela que ha dado grandes nombres. Profesionalmente, Aya fue reportero gráfico en prensa y para varios organismos culturales, aunque fue su producción personal —que abarca especialmente las dos últimas décadas del xx— la que atrajo la atención proporcionándole, entre otros encargos, el que culminaría en Imágenes de la Real Maestranza. Trabajó exclusivamente en blanco y negro y con técnica analógica. A los curiosos de la técnica les apetecerá saber que usaba una cámara Leica para el formato de 35 mm y las Mamiya y Linhof para el medio formato (6 x 7 mm y 9 x 12 mm).

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De la serie dedicada a La Maestranza de Sevilla

Tuvo una trayectoria breve, intensa y, por fortuna, pronto reconocida. Obtuvo la beca Fotopress de La Caixa para culminar el proyecto de las Marismas del Guadalquivir cuyo resultado Francisco Correal calificaba de «antropológico» retrato de «unas Hurdes andaluzas».

Al presentar Paisanos en 2010, Pablo Martínez Cosinou definía a Aya «tanto por los aspectos formales, la temática abordada y la poética desarrollada» como «una suerte de epígono del género documental entendido según los parámetros clásicos del género». Por su parte, la hija de Atín Aya, María, relata cómo cada cierto tiempo se zambulle en el archivo de negativos y rescata tal o cual serie y, como acostumbra a suceder con el trabajo de los fotorreporteros de esta generación, aparecen joyas de una vida ya desaparecida o en trance de cambiar. Sus imágenes tienen encanto, sus personajes, una dignidad natural, y con su mirada demorada en el tiempo logra estampas de clara evocación pictórica; así las de las jóvenes sevillanas con mantilla en la plaza, que recuerdan la pintura del valenciano Sorolla, o las de la familia durante la matanza, el orden compositivo de Velázquez.

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El rito de la matanza. Lucena, Córdoba, 2002

Lola Garrido detectaba la influencia de la pintura de bodegones de Zurbarán; como estos, «son sobrios y senequistas, no hay en ellos ni ironía ni regodeos estéticos, sino una especie de minimalismo andaluz de casas esenciales, cubos habitables perfectamente integrados en el paisaje, blancos luminosos y negros vestidos».

María Aya, en la esclarecedora presentación del volumen panorámico que le dedicó Photobolsillo, lo definía como un cazador tranquilo y también un maestro de la edición fotográfica, capaz de hilar un relato tan personal como elocuente con las imágenes seleccionadas con rigor.

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José Manuel Lara González cazando liebres en la Isla Menor. Serie Marismas del Guadalquivir, 1991-1996.

En Marismas del Guadalquivir el espacio físico aparece definido en el fotograma por líneas que dibujan un paisaje abstracto, o la sequedad de la tierra quebrada, o la uniforme superficie del agua que se rompe aquí y allá con redes o pequeñas estructuras; el conjunto transmite tanto la dureza y la parquedad del paisaje como su hipnótico atractivo. Aya consigue transmitir así la fuerza latente del paisaje andaluz y la dureza del trabajo realizado por sus habitantes. En sus retratos, bien se aproxime a la figura humana o aparezca ésta acompañada de sus instrumentos de trabajo o de animales, capta el esfuerzo físico, la rutina, la sabiduría de los oficios ancestrales. Cabría recordar que, en las décadas en que realizaba estos reportajes, muchos oficios artesanales, y en general el trabajo manual y el vinculado con la naturaleza, incluidas las labores del campo, se consideraban en vías de extinción. Aya fotografía zonas y usos tradicionales que se pierden bajo la presión de la industrialización y la sobreexplotación o el abandono.

El resultado es la mirada del hombre que conoce a fondo el terreno y dota a las imágenes de una tonalidad poética que se vuelven elegía del lugar y del momento.

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María Aya cuida del archivo de su padre

Talleres de reportaje con Walter Astrada, en Barcelona


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Walter Astrada, fotorreportero argentino afincado en Barcelona, regresa de su periplo motero para dar dos talleres: Metodología de Reportajes (1 día, 12 de noviembre, 7,30 horas de taller) y Contar historias con imágenes, teórico-práctico de cinco días (del 7 al 11 de noviembre de 2016). Los dos tienen lugar en el Centro Cívico Pati-Llimona, en el Barrio Gótico. Me gustaría mucho asistir al del día 12.

Para información detallada sobre los talleres, visitad la página de Walter Astrada, donde podréis conocer su trayectoria y trabajos, uno de los reporteros de mayor calidad del momento.
Sus temas comprenden, entre otros, la violencia contra las mujeres en diferentes países: feminicidios en Guatemala, la violencia sexual en Congo, el problema de las niñas no deseadas en India y el maltrato en Noruega. Entre sus proyectos a largo plazo está el seguimiento de varios enfermos de esclerosis múltiple en diferentes países.

Como fotoperiodista de actualidad, nos ha dejado grabadas en la retina sus imágenes de Kenia, Madagascar, Haití y Uganda. La temática es recurrente: el sufrimiento de las poblaciones de países subdesarrollados y la dependencia de la ayuda occidental, la imposibilidad de establecer gobiernos de desarrollo a causa de los intereses extranjeros. Asuntos cuya solución depende no de las imágenes sino de la interpretación que puedan hacer de ellas los lectores cada vez mejor informados.

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Violencia postelectoral en Kenia, 2007

Walter Astrada bebe del fotoperiodismo que estableció el prestigio de la profesión. Parece clave la influencia de Nachtwey.

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Hambruna en Uganda – el negocio de la ayuda

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** Para contribuir al viaje-reportaje: Colabora comprando imágenes.

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