Archivo de la categoría: fotografía social

5 fotógrafos sudafricanos: Cómo influye en su fotografía acceder al mercado del arte


Tenía curiosidad por saber más de un fotógrafo que trabaja en Sudáfrica, Guy Tellin, que descubrí hace no mucho y cuya obra me parece que merece más repercusión. En Youtube he encontrado este reportaje que precisamente entrevista a Tellin, junto a otros cuatro fotógrafos: Santu Mofokeng, Jo Ratcliffe, Mack Magagane y Paul Samuels— de estilos diferentes pero que tienen en común haber obtenido cierto acceso al mercado del arte. Es sabido que en los últimos años se ha producido una cierta eclosión del coleccionismo de la fotografía. La cuestión tiene aquí su miga por el estilo de estos fotógrafos –dos negros y tres blancos–, que no practican una imagen ombliguista, sino todo lo contrario indagan en el presente y buscan rebasar los clichés consolidados con la época previa a Mandela. Sus declaraciones se combinan con las de los galeristas que ejercen de mediadores y en ocasiones de mentores de los más jóvenes. Me llama la atención que varios de ellos trabajan aún con carrete… y es que parece imposible renunciar del todo a trabajar el material con tus propias manos y a cierta idea del tiempo.

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Paul Samuels – Jo’

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Mack Magagane
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Magagane – nuevas clases medias

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Visa pour l’Image 2016 – Perpignan


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Cuba, 1963. © Marc Riboud

Cuenta atrás para la nueva edición de Visa pour l’Image 2016 en Perpignan, sur de Francia. Este año tengo intención de no perdérmelo. Espero que no todo se lo lleve el terrorismo islamista. Se nota mucho la presión del estado de emergencia en el recordatorio de acudir convenientemente identificado y evitar, tanto como sea posible, cargar con mochilas.

Todos los años se rinde homenaje a un fotógrafo devenido clásico. 2016 festeja a Marc Riboud. ¿Quién me lleva a Perpignan?

Pinchando aquí tenéis el programa en francés, parece que todavía no definitivo pero indicativo de qué se mostrará este año. Todos los años hay algún descubrimiento, uno o varios nombres a los que seguir desde ya. No puede negarse que la fotografía goza en todos sus géneros y estilos de una salud pletórica.

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Visitantes del Festival Visa: ¡el programa es goloso, muchacho!

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Liberación periodistas retenidos en Macedonia


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Parece que la policía de Macedonia tiene retenidos (secuestrados) a varios periodistas europeos a los que reclama 250 Euros para ponerlos en libertad. Naturalmente, es un tema de moda y goloso para los fotorreporteros y periodistas –que verán caer uno o dos premios en el próximo año si consiguen llegar a los principales festivales internacionales de fotografía –, pero en definitiva son quienes arriesgan sus vidas para mostrarnos y contarmos cómo son los hechos.

Aquí la nota que envía el sindicato de Fotógrafos de Cataluña, del que soy miembro de nuevo desde este año:

Reporteros Sin Fronteras pide la inmediata puesta en libertad de los reporteros detenidos en la tarde de este 14 de marzo, en Macedonia, cerca de la frontera con Grecia. La policía macedonia ha detenido a un grupo de unos 20 periodistas entre los que se cuentan varios reporteros españoles.

Según ha podido confirmar RSF, entre los detenidos españoles se cuentan Alberto Sicilia, Mikel Konate, Javier Bauluz y el cámara de La Sexta Mariano Burattini. A últimas horas de la tarde se desconocía el paradero de la reportera de La Sexta Elena Herreros.

“Macedonia debe poner inmediatamente en libertad de los reporteros españoles, y dejar trabajar a los informadores en libertad, como es propio de los países democráticos”, ha dicho la presidenta de Reporteros Sin Fronteras España, Malén Aznárez.

“Gracias a las informaciones de estos periodistas podemos conocer unas imágenes que avergüenzan a Europa, unas imágenes patéticas y dolorosas de una crisis humanitaria sin  precedentes desde la Segunda Guerra Mundial”

Según ha relatado a RSF el reportero Jaime Alekos, que se encontraba en el lugar y ha alertado a la organización, los periodistas detenidos iban siguiendo la marcha al lado de la concertina de un grupo de refugiados procedentes del campo de Idomeni, en la frontera de Grecia con Macedonia, hacia este último país.

Alrededor de las 6:00 de la tarde, Alekos se separó de ellos para quedarse grabando a los refugiados que cruzaban un río “donde el agua les llegaba a la cintura”. Continuó su marcha media hora después y “ya en territorio macedonio nos hemos cruzado con varios fotógrafos, entre ellos James Natchwey, que han visto las detenciones y cuentan que han sido alrededor de 20 los periodistas detenidos, entre ellos varios españoles”.

Alekos, que lleva desde entonces tratando de localizar a sus compañeros, ha podido confirmar la detención de los reporteros Javier Bauluz, Mikel Konate y Alberto Sicilia, así como del equipo de La Sexta formado por Mariano Burattini y Elena Herreros. El Periódico de Catalunya cifra en seis los periodistas españoles detenidos y la cadena autonómica ETB ha confirmado que entre ellos se encuentra su enviada especial a la zona Ane Irazabal.

Al parecer, la policía macedonia les exige la cantidad de 250 euros para ponerlos en libertad.

Entrevista a Cristina García Rodero


Quizá porque hoy se celebra la fiesta de Sant Medir en Gracia, me ha apetecido recordar a Cristina García Rodero, de la que hace demasiado tiempo que no tengo noticia de exposiciones nuevas suyas o de libros publicados.

El vídeo es apenas un aperitivo de presentación, que puede tomarse como punto de lanzamiento para buscar otros trabajos suyos. Interesante lo que cuenta de su paso a la técnica digital siendo como es una fotógrafa de sales de plata de toda la vida.

Y, aquí, faltaría más, enlace a su página en la AGENCIA MAGNUM.

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500th Anniversary of Baracoa, the first village in Cuba.

No me llames fotógrafo de guerra. Documental


De nuevo un documental sobre fotorreporteros. Muy interesante, con declaraciones de los fotorreporteros más conocidos de España, empezando por Samu Aranda, flamante ganador del World Press foto de 2012 cuando se rodó este documento. La realización corre a cargo de dos mujeres, un paso más en favor de la igualdad. Respeto mucho más a los fotorreporteros que he tenido la ocasión de conocer que al 99% de los escritores. La ética profesional y la lealtad personal son los principios a los que concedo más valor y que es prácticamente imposible encontrar entre los escritores españoles actuales, todo lo contrario de lo que ocurre entre estos profesionales.

JEFF WALL – OBRAS Y ESCRITOS, introducción de Michael Newman


Milk, 1984
After “Invisible Man” by Ralph Ellison, the Prologue, 1980
Mimic, 1982

 

Que la fotografía es ante todo una pasión es una realidad que finalmente deben admitir –¿o confesar?–, hasta los artistas visuales más fascinados por la retórica conceptual en su reflexión sobre el medio fotográfico. Pero que sea Jeff Wall (Vancouver, Canadá, 1946), el gurú de la fotografía artística, quien llegue a esta conclusión resulta de lo más reconfortante, casi una victoria moral para los que tenemos la convicción de que ni las nuevas tecnologías ni la irrupción salvaje en los media de cientos de fotógrafos aficionados conseguirán acabar con la fotografía entendida como proyecto artístico.

Hay quien habla del trabajo de Jeff Wall como una forma de consuelo dentro de la fotografía porque ha sabido ponerse al nivel de “las exigencias de la deconstrucción moderna de la pintura y del cine” (palabras de la crítica de arte Ángela Molina con motivo de la inauguración de la retrospectiva dedicada a Wall en la Tate de Londres en 2005). La idea de consuelo, totalmente subjetiva, supone afirmar que Wall ha conseguido que la fotografía artística no quedase a la zaga de otras artes visuales que a lo largo del siglo XX se han erigido en interlocutores activos de los dilemas que la realidad plantea al individuo. Dicho de otro modo, el trabajo plástico y teórico de Wall supone un hito en la reflexión sobre la ubicación del individuo en el presente y en su relación con las tradiciones artísticas, especialmente la pintura. El trabajo del artista canadiense resulta fascinante por su rigor, por la falta a la vez de autocomplacencia y de ingenuidad, en sus imágenes como en sus escritos. La sensación de que el artista está llevando a cabo una indagación y de que no la detendrá hasta su final induce a prestar una atención tan analítica como la que él mismo emplea, de tal modo que cada imagen suya se presta a una pesquisa y a una interpretación exhaustivas. Lo significativo es, sobre todo, que Wall sabe detenerse y contentarse con un resultado (en Mímic, la elaboración del racismo cotidiano como una forma de venganza de las clases bajas blancas) y no cae, como tantos fotógrafos conceptuales, en un bucle reflexivo del que resulta una sobreinterpretación de cada imagen, cuando el temor a que la imagen artística quede desligada de un pensamiento racional lleva al artista a un delirio interpretativo.

En artículos como Kammerspiel de Dan Graham, Wall alcanza un nivel teórico soberbio –especialmente al analizar las “metáforas arquitectónicas más resonantes de este siglo (el rascacielos de cristal, la casa de cristal y la casa adosada suburbana)”–, que por su lucidez puede leerse como un ensayo político sobre las connivencias del capitalismo y el arte conceptual.
El concepto clave en Wall es el GESTUS, que lleva elaborando desde 1984. Su trabajo, dice, consiste en construir gestos expresivos que pueden funcionar como emblemas. Señala entonces la diferencia entre los gestos dramáticos que definen la pintura de la edad de oro y los gestos de nuestras sociedades mecanizadas: “En la modernidad, la ceremonialidad, la energía y la sensualidad de los gestos del arte barroco se ven remplazados por movimientos mecanicistas, acciones reflejas, involuntarias, respuestas convulsivas”. Esos gestos de la modernidad, caracterizados por su mezquindad y violencia son, sin embargo, “un remanente de la antigua idea del gesto corpóreo en nuestra vida cotidiana”. Pero la precariedad sistematizada en las imágenes recreadas por Wall –que trabaja como un director de escena minucioso– contribuyen a ofrecer un análisis social, levantando “un tanto el velo de la objetiva miseria de la sociedad y de la catástrofica actuación de su teoría valor-trabajo”.

Wall sigue el rastro del paso de los géneros nobles (la pintura filosófica típica del siglo de Oro) a los géneros menores, una distinción que nace con Baudelaire, y se pregunta si es posible realizar el movimiento inverso. Él consigue el paso de lo inferior (las transparencias fotográficas) a lo superior (la huella filosófica) y ahí están imágenes como No, (1983), The Thinker (1986), Vampires Picnic (1991), Dead Troops Talks (1992), After “Spring Snow” by Yukio Mishima (2000-2005), o In front of a Night Club (2006) para corroborarlo. Su obra se legitima en ese deseo de rescatar la nobleza del arte cuando, como él dice, “el mundo de los géneros superiores se ha desvanecido, como la infancia de Proust”.

Wall explora la vigencia de la fotografía en el mundo del arte y sus vínculos con el gran arte, analiza por qué la necesidad de hacer fotografías y se pregunta qué hay más allá del impulso de registrar imágenes. Y con ese punto de partida indaga el poder de la imagen para generar asociaciones libres, asociaciones que toman como puntales temas clásicos de la historia del arte, o títulos cumbre —La muerte de Sardanápalo; La barra del Folies-Bergère— de la pintura, y llega a la conclusión de que el discurso retórico y politizado, propio de los años setenta, no consigue disolver la práctica fotográfica y ahí es donde el fotoperiodismo se erige con vehemencia como el último estandarte de la validez social de la fotografía en el mundo presente. Si bien el fotoperiodismo, como también todo el arte de vanguardia, se ha visto sometido a una crítica radical que recelaba de sus inscripciones “en sistemas de poder y control, de comercio, desinformación y fetichismo de la tecnología”, las reflexiones de autores como Dan Graham y Jeff Wall lo sustraen de la alienación adonde lo arrastra su comercialización en los medios de comunicación y muestran cómo la obra de ciertos fotógrafos “reflejan el momento en que el fotoperiodismo se convierte en arte y el instante último en el cual sigue siendo lírico, pequeño y utilitario –es decir–, en el cual sigue siendo reportaje”. Dicho de otro modo, el fotoperiodismo es el tipo de trabajo que puede escapar del peligroso onanismo del arte conceptual porque se basa en proporcionar “una experiencia de la experiencia”. Los pies en el suelo.

 

© Jeff Wall

María José Furió Publicado en la revista Turia,
nº 87, junio/octubre 2008