Archivo de la categoría: fotografía artística

Fenómeno FOTOLIBRO, gran exposición en el CCCB de Barcelona


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Gran exposición en el CCCB de Barcelona que no os débeis perder si sois aficionados a los libros de fotografía. Si además sois, como yo, mitómanos, tendréis ocasión de disfrutar contemplando copias vintage de grandes nombres de la fotografía –¡SANDER!– en una exposición extensa y variopinta que recorre épocas de la fotografía, la Historia del mundo y las historias personales de aficionados con talento. Me sorprendió que uno de los comisarios de la expo es Martin Parr, cuyos libros recopilatorios sobre el fenómeno están disponibles en la sala. No cabe duda que el entusiasmo por el arte de la fotografía define a los grandes nombres, siempre dispuestos a hacernos partícipes de sus hallazgos.

La exposición, que pide tiempo para disfrutarla, es un festín para los aficionados a la fotografía y para quienes andan dándole vueltas al proyecto de componer y editar sus fotos de manera coherente. Termina con una sala donde entretenerse leyendo y contemplando ejemplos de las obras en exposición.

 La foto de arriba la firma La Fotogràfica.

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Fotos tomadas con el Nokia

Curso de Iluminación nocturna, por Enric de Santos


DIJOUS / JUEVES de 19:00 a 21:00h
Del 2 de febrero de 2017 al 23 de marzo de 2017
Espai: Aula por defecto – CENTRO CÍVICO EL SORTIDOR (PUEBLO SECO, Barcelona)
Professor/a: ENRIC DE SANTOS, (de 12 gats/AN-FA)
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Enric de Santos, entre dos de sus pasiones, la fotografía y el mar

TALLER DE ILUMINACIÓN en el Centre Cívic El Sortidor del Poble Sec.

Para más información sobre el programa e inscribirse, pinchad aquí.
Hace tiempo que quería hablar de los talleres de Enric de Santos, al que tuve de profesor de laboratorio en blanco y negro en el Curso general de fotografía de IDEP. Años más tarde, ya en 2001, hice con él un taller especializado en laboratorio b/n. Es un profesor con unos conocimientos espectaculares de fotografía y de técnica de laboratorio, de tratamiento de la imagen, ahora también en digital. Lo mejor, sin embargo, es que no apabulla: dosifica la información, combinada con la práctica, para que sea posible asimilarla al ritmo que cada cual consiga.

Ahora necesito actualizar conocimientos para no quedarme del todo rezagada y descubro este curso, al que ya me he inscrito.

PRESENTACIÓN DEL  PROGRAMA

Les fotografies amb poca llum són una assignatura pendent per a la majoria de persones aficionades a aquest art. En aquests taller descobrirem quins són els trucs per millorar-les i les eines a l’hora de poder fer una fotografia nocturna o en un interior.

Las fotografías con luz escasa son una asignatura pendiente para la mayoría de personas aficionadas a este arte. En este taller descubriremos qué trucos pueden ayudarnos a mejorarlas y las herramientras para poder tomar una fotografía nocturna o en interiores.

Precio: 56.14 € (IVA incluido) Preu: 56.14 € (IVA inclòs)
Ver Sesiones
jueves – 02-02-2017 de 19.00 a 21.00 jueves – 09-02-2017 de 19.00 a 21.00 jueves – 16-02-2017 de 19.00 a 21.00
jueves – 23-02-2017 de 19.00 a 21.00 jueves – 02-03-2017 de 19.00 a 21.00 jueves – 09-03-2017 de 19.00 a 21.00
jueves – 16-03-2017 de 19.00 a 21.00 jueves – 23-03-2017 de 19.00 a 21.00

 

5 fotógrafos sudafricanos: Cómo influye en su fotografía acceder al mercado del arte


Tenía curiosidad por saber más de un fotógrafo que trabaja en Sudáfrica, Guy Tellin, que descubrí hace no mucho y cuya obra me parece que merece más repercusión. En Youtube he encontrado este reportaje que precisamente entrevista a Tellin, junto a otros cuatro fotógrafos: Santu Mofokeng, Jo Ratcliffe, Mack Magagane y Paul Samuels— de estilos diferentes pero que tienen en común haber obtenido cierto acceso al mercado del arte. Es sabido que en los últimos años se ha producido una cierta eclosión del coleccionismo de la fotografía. La cuestión tiene aquí su miga por el estilo de estos fotógrafos –dos negros y tres blancos–, que no practican una imagen ombliguista, sino todo lo contrario indagan en el presente y buscan rebasar los clichés consolidados con la época previa a Mandela. Sus declaraciones se combinan con las de los galeristas que ejercen de mediadores y en ocasiones de mentores de los más jóvenes. Me llama la atención que varios de ellos trabajan aún con carrete… y es que parece imposible renunciar del todo a trabajar el material con tus propias manos y a cierta idea del tiempo.

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Paul Samuels – Jo’

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Mack Magagane
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Magagane – nuevas clases medias

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Ferran Freixa, la materia y el tiempo, en El Rinconete del Instituto Cervantes


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© fotos: Ferran Freixa

La primera fotografía que vi de Ferran Freixa (Barcelona, 1950) era la de un perfil de mujer abocetado en la arena por las olas al morir en la playa. Una imagen poética en blanco y negro evocadora de una presencia latente que se forma y se deshace en segundos. Podría creerse que Freixa es un fotógrafo del «momento decisivo» a lo Cartier Bresson, pero el conjunto de su obra, fruto de ya cuatro décadas en activo, desmiente esta suposición.

Fotógrafo autodidacta, en su hacer se percibe su formación en diseño y pintura artística: el gusto por la composición nítida, el protagonismo de los objetos y las formas, el subrayado de atmósferas, texturas y volúmenes. Profesionalmente, es un reconocido fotógrafo especializado en interiorismo y arquitectura; su obra personal establece una simetría con el quehacer profesional, pues sus temas versan sobre lo que ha resistido a la usura del tiempo y a las modas.

Ferran Freixa pertenece a esa generación excepcional de fotógrafos españoles, surgida en los años setenta, que modernizó el panorama artístico y documental español al abrirse a corrientes interna-cionales en una época especialmente dinámica también en cuestión de avances técnicos, con mejores cámaras, variedad de películas y posibilidad de exponer y publicar en el extranjero. Esta generación, que ha cultivado estilos muy diferentes, es única porque ha desarrollado la porción más significativa de su obra con la técnica analógica —película, laboratorio, soporte papel, exposición en galería, obra impresa en catálogos o libros, oficio, técnica, forja de memoria— y se ha incorporado a la tecnología digital tanto por razones de supervivencia profesional como por curiosidad cultural. Para su obra propia, Ferran Freixa se mantiene fiel a la técnica analógica con cámara de medio formato, pues su filosofía artística se corresponde con los valores propios de ésta: control del tiempo, dominio de la luz, trabajo a largo plazo, calidad del detalle.

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La obra de Freixa, objeto de exposiciones personales en España y en el extranjero y de una amplia retrospectiva en 2013 (Tecla Sala, Hospitalet), se divide en series temáticas. El concepto unificador es la huella del pasado en la materia: los residuos, las ruinas, los rastros de otras épocas históricas que ocupan espacios apenas percibidos por el apresurado hombre de ciudad, que quizá los desdeña como reliquias obsoletas que se oponen al progreso. Sería esa una interpretación torpe, pues en sus primeras series (1979), las de escaparates, vitrinas e interiores de comercios con solera —guantes, sombreros, maniquíes— o de hoteles elegantes de principios del xx con sus salones, cuartos de baño con paredes de mármol, mesas dispuestas para la comida o para un breve encuentro, la mirada del fotógrafo rescata y subraya nuestra necesidad de una ceremonia, de un ritual, de un escenario como marco para el encuentro: intuimos las acciones de antes y después de esos bodegones. Hay una poesía en el detalle y belleza en un rastro de luz que realza la textura de la materia.
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Los objetos desde la mirada de Ferran Freixa hablan menos de una jerarquía de clases que del trabajo bien hecho —el oficio—, de la ceremonia y el ritual —la civilización—, del tiempo para el encuentro. Estas series primeras tienen un carácter biográfico antes que nostálgico: el artista reconoce escenarios familiares, los de una Barcelona a caballo entre el oficio artesano y la producción industrial en serie. Los objetos parecen tener vida propia antes de prestarse al uso que les dará el hombre. La autonomía del objeto, la bella combinación de texturas —telas, azulejos, mármoles— delata la mirada del diseñador, del pintor.

COLECTANIA ULT LECTU
Portugal

Cada espectador decidirá qué series prefiere: las canteras de mármol de Macael; las colonias textiles y los balnearios, que conforman su trabajo más reciente, o la serie de faros, el emblemático bar Marsella en el barrio del Raval, las ruinas de Belchite enfrentadas a esa otra ruina instantánea que fue el Gran Teatro del Liceo de Barcelona tras el incendio de 1994, con las magníficas composiciones surrealistas creadas por el fuego: dalinianos teléfonos derretidos, instrumentos hechos ceniza, chicas de calendario ignífugas y el esqueleto del edificio abierto al cielo.

Mis series favoritas son las dedicadas a paisajes del sur: Sicilia, Cabo de Gata (1999), Marruecos (1987), Portugal o Menorca… En una obra donde la figura humana es una excepción, cuando aparece suele estar integrada en el paisaje: no será un retrato frontal sino un gesto, un escorzo, un movimiento a lo Bernard Plossu, fotógrafo al que Freixa admira. Vemos al hombre o a la mujer indeterminados, los enmarca un paisaje o el entorno arquitectónico con carácter que define el lugar y a sus habitantes. Así sucede en la hermosa serie de Marrakech (1987): el volumen de las telas que cubren el cuerpo —chilabas, capuchas, manta que envuelve al niño que una mujer carga en la espalda— repite los volúmenes abstractos de los manteles de los restaurantes, de las fundas que cubren los palcos y la platea del Gran Teatro del Liceo de Barcelona. Los paisajes de Cabo de Gata no están compuestos solo según los elementos esenciales que permiten identificar al instante el lugar sino que nos muestran el diseño de la naturaleza en la planta del agave irguiéndose hacia el cielo, la armonía de las formas curvas de unos soportales procurando sombras en el desierto, o frente al mar (L’Alguer, Cerdeña).

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Roma

La arquitectura es, en su forma de ruina devorada por la naturaleza, la transposición, el símbolo de los cuerpos transformadas, deshechos por el tiempo. Ferran Freixa detiene su mirada en las arquitecturas creadas por el hombre cuando están siendo recuperadas por la naturaleza.

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serie de Colonias textiles en Cataluña

El Rinconete del Instituto Cervantes

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Sally Mann


En la última temporada de The Good Wife se trataba un caso que recordaba el conflicto de Sally Mann con el público puritano que considera la fotografía de sus niños pornografía y exhibicionismo que incita a la pedofilia.

En este video se trata en parte este asunto, pero consigue situarse por encima de perspectivas reaccionarias. Hay que estar muy lejos de la fotografía artística de las décadas 60-70 para demonizar la mirada de Sally Mann. Sus últimos trabajos, con técnicas antiguas.

 

Cuba Cubano Cañibano


Un corto documental acerca de un excelente fotógrafo cubano, Raúl Cañibano. Se detectan claras influencias de Kudelka, de Alex Webb, de Cristina García Rodero, Cartier-Bresson sin perder personalidad y una mirada propia. Fotografía analógica y revelado propio.
Me ha hecho añorar mis excursiones por La Habana con la cámara.

Anoto aquí los créditos del documental: Documentary about Cuban photographer Raul Cañibano. Production took place during his historic visit to Foothill College at the invitation of photography instructor Ron Herman. Producer Mary Skinner, Editor David Simon, Gaffer Bob Sitzwohl, Associate Producer Toni Gooch.

Recuento – Fotografía, el escándalo aún…



tres imágenes de Sally Mann, (Immediate family), Virginia

Bill Henson – 2008 exhibit

Helmut Newton
Entre la fotografía analógica (suspiro: carretes, la espera, el revelado, la espera, el cuarto oscuro, las copias en papel… suspiro) y la fotografía digital se abre una brecha de conceptos. Hay quien discute si puede considerarse realmente fotografía a lo que “da” una cámara digital. Lo que no cambian son nuestras proyecciones mentales sobre las imágenes. La mujer, la violencia, el deseo contenido o tabú: Helmut Newton. Lo que no queremos saber de los niños. Lo que algunos no quieren pensar sobre los niños o con ellos. Del escándalo que provocaron las imágenes de Sally Mann en la década de los noventa a la retirada impuesta en 2008 por un juez a tres de las fotografías de la colección que Bill Henson exponía en Australia, con niños desnudos, tras la denuncia de un particular. Nunca me he chivado de nada. No soy moderna (suspiro).

JEFF WALL – OBRAS Y ESCRITOS, introducción de Michael Newman


Milk, 1984
After “Invisible Man” by Ralph Ellison, the Prologue, 1980
Mimic, 1982

 

Que la fotografía es ante todo una pasión es una realidad que finalmente deben admitir –¿o confesar?–, hasta los artistas visuales más fascinados por la retórica conceptual en su reflexión sobre el medio fotográfico. Pero que sea Jeff Wall (Vancouver, Canadá, 1946), el gurú de la fotografía artística, quien llegue a esta conclusión resulta de lo más reconfortante, casi una victoria moral para los que tenemos la convicción de que ni las nuevas tecnologías ni la irrupción salvaje en los media de cientos de fotógrafos aficionados conseguirán acabar con la fotografía entendida como proyecto artístico.

Hay quien habla del trabajo de Jeff Wall como una forma de consuelo dentro de la fotografía porque ha sabido ponerse al nivel de “las exigencias de la deconstrucción moderna de la pintura y del cine” (palabras de la crítica de arte Ángela Molina con motivo de la inauguración de la retrospectiva dedicada a Wall en la Tate de Londres en 2005). La idea de consuelo, totalmente subjetiva, supone afirmar que Wall ha conseguido que la fotografía artística no quedase a la zaga de otras artes visuales que a lo largo del siglo XX se han erigido en interlocutores activos de los dilemas que la realidad plantea al individuo. Dicho de otro modo, el trabajo plástico y teórico de Wall supone un hito en la reflexión sobre la ubicación del individuo en el presente y en su relación con las tradiciones artísticas, especialmente la pintura. El trabajo del artista canadiense resulta fascinante por su rigor, por la falta a la vez de autocomplacencia y de ingenuidad, en sus imágenes como en sus escritos. La sensación de que el artista está llevando a cabo una indagación y de que no la detendrá hasta su final induce a prestar una atención tan analítica como la que él mismo emplea, de tal modo que cada imagen suya se presta a una pesquisa y a una interpretación exhaustivas. Lo significativo es, sobre todo, que Wall sabe detenerse y contentarse con un resultado (en Mímic, la elaboración del racismo cotidiano como una forma de venganza de las clases bajas blancas) y no cae, como tantos fotógrafos conceptuales, en un bucle reflexivo del que resulta una sobreinterpretación de cada imagen, cuando el temor a que la imagen artística quede desligada de un pensamiento racional lleva al artista a un delirio interpretativo.

En artículos como Kammerspiel de Dan Graham, Wall alcanza un nivel teórico soberbio –especialmente al analizar las “metáforas arquitectónicas más resonantes de este siglo (el rascacielos de cristal, la casa de cristal y la casa adosada suburbana)”–, que por su lucidez puede leerse como un ensayo político sobre las connivencias del capitalismo y el arte conceptual.
El concepto clave en Wall es el GESTUS, que lleva elaborando desde 1984. Su trabajo, dice, consiste en construir gestos expresivos que pueden funcionar como emblemas. Señala entonces la diferencia entre los gestos dramáticos que definen la pintura de la edad de oro y los gestos de nuestras sociedades mecanizadas: “En la modernidad, la ceremonialidad, la energía y la sensualidad de los gestos del arte barroco se ven remplazados por movimientos mecanicistas, acciones reflejas, involuntarias, respuestas convulsivas”. Esos gestos de la modernidad, caracterizados por su mezquindad y violencia son, sin embargo, “un remanente de la antigua idea del gesto corpóreo en nuestra vida cotidiana”. Pero la precariedad sistematizada en las imágenes recreadas por Wall –que trabaja como un director de escena minucioso– contribuyen a ofrecer un análisis social, levantando “un tanto el velo de la objetiva miseria de la sociedad y de la catástrofica actuación de su teoría valor-trabajo”.

Wall sigue el rastro del paso de los géneros nobles (la pintura filosófica típica del siglo de Oro) a los géneros menores, una distinción que nace con Baudelaire, y se pregunta si es posible realizar el movimiento inverso. Él consigue el paso de lo inferior (las transparencias fotográficas) a lo superior (la huella filosófica) y ahí están imágenes como No, (1983), The Thinker (1986), Vampires Picnic (1991), Dead Troops Talks (1992), After “Spring Snow” by Yukio Mishima (2000-2005), o In front of a Night Club (2006) para corroborarlo. Su obra se legitima en ese deseo de rescatar la nobleza del arte cuando, como él dice, “el mundo de los géneros superiores se ha desvanecido, como la infancia de Proust”.

Wall explora la vigencia de la fotografía en el mundo del arte y sus vínculos con el gran arte, analiza por qué la necesidad de hacer fotografías y se pregunta qué hay más allá del impulso de registrar imágenes. Y con ese punto de partida indaga el poder de la imagen para generar asociaciones libres, asociaciones que toman como puntales temas clásicos de la historia del arte, o títulos cumbre —La muerte de Sardanápalo; La barra del Folies-Bergère— de la pintura, y llega a la conclusión de que el discurso retórico y politizado, propio de los años setenta, no consigue disolver la práctica fotográfica y ahí es donde el fotoperiodismo se erige con vehemencia como el último estandarte de la validez social de la fotografía en el mundo presente. Si bien el fotoperiodismo, como también todo el arte de vanguardia, se ha visto sometido a una crítica radical que recelaba de sus inscripciones “en sistemas de poder y control, de comercio, desinformación y fetichismo de la tecnología”, las reflexiones de autores como Dan Graham y Jeff Wall lo sustraen de la alienación adonde lo arrastra su comercialización en los medios de comunicación y muestran cómo la obra de ciertos fotógrafos “reflejan el momento en que el fotoperiodismo se convierte en arte y el instante último en el cual sigue siendo lírico, pequeño y utilitario –es decir–, en el cual sigue siendo reportaje”. Dicho de otro modo, el fotoperiodismo es el tipo de trabajo que puede escapar del peligroso onanismo del arte conceptual porque se basa en proporcionar “una experiencia de la experiencia”. Los pies en el suelo.

 

© Jeff Wall

María José Furió Publicado en la revista Turia,
nº 87, junio/octubre 2008