Fernando Moleres, fotorreportaje y compromiso, en El Rinconete


Child__labour-Moleres

Fernando Moleres (Bilbao, 1963), fotorreportero afincado en Barcelona con una extensa trayectoria, obtuvo un temprano y amplio reconocimiento, como atestigua el sinfín de premios, nacionales y extranjeros, que puntúa su carrera. En los años noventa reflejó en imágenes extraordinarias la actualidad global política y de crisis humanitaria: los guetos de la Sudáfrica aún en régimen de apartheid, la guerra de los Balcanes, el genocidio de Ruanda, el paso de la frontera de México a Estados Unidos, las maquilas de Ciudad Juárez, etc. Compagina los temas de denuncia con otros más ligeros, a menudo documentando actividades de grupo —la Tomatina, los baños termales en Japón, el Burnig Man de Nevada— o de actualidad —el deshielo del Ártico, la rehabilitación de adictos a Internet chinos—. Pero sin duda son los proyectos de carácter personal y largo aliento que le ocupan varios años los que mejor definen su filosofía, estilo visual y compromiso.

Enfermero de formación, Moleres se adentra con su cámara en mundos aglutinados en torno a un concepto. Así ocurre con la espiritualidad en el mundo contemporáneo y sus manifestaciones —oración, clausura, peregrinaciones—, que lo han llevado a introducirse en monasterios de todo el mundo para retratar a monjes y rituales de muy diversas creencias y prácticas religiosas: católica, ortodoxa, budista, hinduista, zen… periplo recogido en los libros Hombres de Dios y Vida monástica. Los rostros de los monjes, las imágenes de interior y la cotidianeidad ritualizada evocan a veces, por su composición, iluminación y atmósfera, la pintura del Barroco y, expresamente, los místicos de Zurbarán. La iluminación escasa ayuda a crear la atmósfera característica del arte de Moleres; sugiere también cualidades que atribuimos a la imagen pictórica: voluntad de perdurar frente a la inmediatez de las efímeras imágenes de actualidad.

Moleres - monje zurbaran estilo

Fernando Moleres reflexionaba acerca de su preferencia por el tema de la vida monástica: «la espiritualidad es consciencia, aquella que nos ayuda a conectarnos con nuestro fondo y que proporciona unión, pero que no va adherida a la religión».

El tema de la infancia y juventud desamparadas es, desde el inicio, parte vertebral de su obra, emparentada así con la de célebres precedentes como Lewis Hine y Sebastião Salgado. En Infancia robada (Children at work), sobre el trabajo infantil, imagen analógica en blanco y negro, muestra las condiciones de explotación de algunos de los millones de menores a los que se arrebata la niñez en cañaverales, fábricas de ladrillos, puertos, minas, curtidorías, en la prostitución callejera, etc., trabajo premiado con el World Press Photo de 1998. En el mismo grupo se incluiría el reportaje dedicado a la orquesta sinfónica egipcia Luz y Esperanza, integrada por jóvenes musulmanas ciegas o con déficit visual que, gracias a la música y a la formación que les brinda la institución Al Tour Wal Amal, han escapado de los límites impuestos por la pobreza y la minusvalía.

Nagas_Moleres rituales peregrinaciones
Nagas – peregrinaciones

Denuncia y resiliencia recorren el trabajo del fotógrafo bilbaíno, evidente en otro reportaje mayor, con fuerte repercusión mediática internacional y repetidamente galardonado, sobre menores internos en la prisión de máxima seguridad de Freetown Pademba (Sierra Leona). Detonó el interés por el tema de violación de los derechos de los menores un reportaje de la francotunecina Lizzie Sadin, premiado en el Festival Visa pour l’Image de 2007. El ciclo Muchachos en la cárcel, Sierra Leona (Juvenile in prison, Sierra Leone), Esperando justicia (Waiting for justice) y Rompiendo el círculo (Breaking the circle) marca un antes y un después en el trabajo de Moleres. Tras muchas dificultades, en 2010 logra introducirse en la cárcel para documentar las condiciones y efectos de la reclusión de tres decenas de menores entre 1300 presos adultos. En Sierra Leona, uno de los países más pobres del mundo, con huellas visibles de la guerra civil que acabó en 2002, las instituciones de protección del menor y de derechos humanos no están coordinadas, en perjuicio de los reclusos. La tecnología digital permite a Moleres aprovechar las difíciles condiciones de iluminación en distintos periodos del año; el tratamiento del color, con sus elaborados tonos mates, evita estridencias y sensacionalismos en un tema que se presta a ello. El fotoperiodista aprovechó su formación de enfermero aportando cuidados de salud a los chicos, que sufrían afecciones de la piel y otras enfermedades por el hacinamiento, las condiciones insalubres o la falta de atención médica. Los chicos, muchos huérfanos, que viven en las calles, penan casi siempre por delitos menores y esperan largo tiempo el juicio. Sin recursos para pagar las multas que les evitarían la cárcel, ni familia de apoyo, la reclusión abre el círculo de fatalidad que impide salir de la miseria.

Minors in Prisons. Pademba Central Prison, Freetown , Sierra Leo
Waiting for Justice – Esperando el veredicto

moleres waiting justici portrait

Mientras las imágenes de los monjes no muestran un retrato, es decir, la identidad de sujetos concretos, sino cómo la devoción, la fe, la espiritualidad se encarna en rostros y cuerpos, las fotografías de los chicos encarcelados muestran, además del lugar y condiciones de reclusión, la gama de expresiones que cifra su experiencia: miedo, tristeza, frustración, abandono, enfermedad, violencia. El hacinamiento y la insalubridad no solo llagan los cuerpos, tienen un impacto también psicológico.

Algunos fotorreporteros, inquietos por el impacto efímero de su trabajo sobre las vidas de las víctimas, buscan medios alternativos de ayuda a corto y largo plazo.1 Así, Moleres y un pequeño grupo de personas sensibilizadas crearon la ONG Free Minor Africa: «aunque [el reportaje] fue mundialmente publicado, no logró cambiar nada para ellos… entonces yo me impliqué a la altura de mis posibilidades creando este pequeño proyecto», que brinda asesoramiento legal, pequeñas aportaciones económicas, formación desde la cárcel y, una vez libres, apoyo para hallar empleo y seguimiento. En Rompiendo el círculo (Breaking the circle) captura esta implicación y sus logros.

Las imágenes fruto del compromiso directo de Fernando Moleres, y de Lizzie Sadin entre otros, avalan las palabras del influyente maestro de fotoperiodistas James Nachtwey cuando afirmaba en Barcelona que, desafiando el pesimismo militante, la fotografía documental humanista ha contribuido y contribuye a mejorar las condiciones de vida de las víctimas de violación de los derechos humanos y, por eso, del mundo en que vivimos.

María José Furió & Instituto Cervantes
(1) Las fotos de Lizzie sobre menores encarcelados fueron utilizadas por Amnistía Internacional para lanzar una campaña de denuncia sobre el tema.
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s