Gracia y la gentrificación


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Gracia es, tradicionalmente, un pueblito revoltoso y de buen vivir. En los últimos años está padeciendo la presión de la gentrificación y de la conversión de Barcelona en un parque temático, lo cual ha derivado en un cambio de aspecto con la llegada de hoteles de lujo, aumento de precios del alquiler y venta de las viviendas y locales de la zona –que ya padecieron hace no muchos años otra afrenta económica por la presión de los chinos y clanes paquistaníes, que se pasan por el forro de los coj*** muchas de las leyes de trabajo, con mucho trabajador indocumentado, pagando con dinero sucio y llevándose el dinero ganado aquí a su país, salvo si una inspección en el aeropuerto atina a recuperar esas cantidades millonarias–. La situación laboral es la que conocemos y las deficiencias de tipo social se acentúan si falta dinero para hacer frente a las necesidades de quienes se van quedando al margen de esta cultura del pelotazo.

El asunto de los okupas es meramente testimonial y viene de muchos años atrás. Si ahora ha estallado con el tema del Banco de Travesera de Gracia se debe antes a la proximidad de las elecciones –basta con ver cómo ha abordado cada periódico el asunto según su orientación ideológica– que a la peligrosidad del fenómeno para el normal desarrollo de una economía de mercado.

Os dejo algunas imágenes tomadas en los días de concentración para protestar por el desalojo. A mi entender, es muy ingenuo por parte de los okupas aceptar que el Ayuntamiento, del centroderecha de CiU, pagase el alquiler.

El problema, qué tipo de ciudad queremos, persiste. Hay quien parece olvidar que estamos en el siglo XXI y que debería imponerse un desarrollo económico y un progreso conforme con los adelantos que la ciencia y la tecnología, pero también el mayor grado de cultura de la población, permiten y reclaman.

Por suerte, lo que tiene Gracia de pueblito y de revoltoso se traduce en una actividad de debate para obtener esas mejoras sin entregarse atados de manos y pies al capital. Ya me diréis qué turista se sentirá atraído por una ciudad que ha perdido su identidad, su carácter y sus atractivos de bien vivir. Ahi están, ahí estamos.

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Plaza del Reloj, verano de 2016

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