Carlos Garaicoa, La Fotografía como intervención


Hotel New York – Carlos Garaicoa

Carlos Garaicoa, fotógrafo nacido en La Habana, en 1967, documenta la ruina arquitectónica de la capital cubana, pero no se limita a ella. Es la pérdida del patrimonio arquitectónico de la isla, algo que asombra y escandaliza a quien visite Habana Vieja o Centro Habana, y además una selección de grafitis y pintadas, gritos grabados en la pared que reproducen los tics de la Cuba castrista (Resistir. Resistir para vencer. Socialismo o socialismo. Solo Cristo salva. Dios es Amor. Etc.). Las imágenes de fincas derrumbadas, de los escombros y los grafitis encuentran un eco, o una simetría, en ciudades como Barcelona o Ciudad del Cabo (Ni Cristo, ni Marx, ni Bakunin). Garaicoa descubre una gramática, un idioma de la ruina arquitectónica, y con el tiempo reconoce en distintos puntos del mundo las variadas inflexiones de ese idioma.

Encierra un sentido especial el reportaje realizado en Cuba, no solo de las construcciones inacabadas –claramente por falta de presupuesto para comprar materiales o pagar a los obreros–, sino también de solares convertidos en depósitos de escombros, residuo de lo que fue y que ya solo resiste al vacío… o a la limpieza. Los habitantes pasan por delante indiferentes, acostumbrados al paisaje de la ruina, y sus figuras borrosas siempre de paso hacia algún lugar definen bien la vida cotidiana en La Habana.

Carlos Garaicoa, 1991

El libro, catálogo editado por La Fábrica en el marco del último festival PhotoEspaña, recoge la exposición, comisariada por Lillebit Fadraga, que puede verse aún hasta la próxima semana (Museo Ico de Madrid), incluye un magnífico y breve prólogo del escritor José Manuel Ponte, autor de La fiesta vigilada, donde incluye Un paréntesis de ruinas, verdadero ataque al castrismo. En el prólogo a Garaicoa habla de la memoria como arquitectura, como un paseo entre construcciones habitadas.

Aunque mis imágenes favoritas son las de los vestigios de los cines de los años 30 –el art déco es el estilo que prefiero, como la de las residencias años 50 estilo Miami Beach, que aún se conserva en barrios como Nuevo Vedado, remodelado gracias al dinero de las embajadas que ocupan esos preciosos edificios de dos plantas rodeados de jardines caribeños–, el trabajo de Garaicoa no se deja seducir por la ruina como fatalidad: sus intervenciones señalan lo que hubo y debería haberse conservado mejor o del todo.

Proyecto de hotel para la esquina de Prado y Malecón, estudio Choy-León. Fuente Cuba Material

Por más tentadora que sea la crítica al inmovilismo cubano, pasear por la red lleva a descubrir estimulantes proyectos de reconstrucción arquitectónica, como el que expone la página de Cuba Material: un proyecto de hotel para las esquinas de Prado y Malecón. Es verdad que no se sale de la adulación al turismo, y la reflexión melancólica que se desprende de un libro como el de Garaicoa es que solo parecen existir dos polos: el derrumbe o la especulación inmobiliaria, la ruina o el lucro. Suenan pueriles los extremos, pero no parece que la revolución haya sabido levantar y sostener su alternativa.

Copy foto de Carlos Garaicoa, Ricardo Cases/El País

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