Michel Caine y un poema de e.e. cummings (Hannah y sus hermanas de Woody Allen)


En las últimas semanas he vuelto a ver algunas viejas películas, lo que va desde Hitchcock, Woody Allen o la serie Bond con Connery. Me he llevado la estupenda sorpresa de descubrir lo bien que envejecen las películas más bergmanianas de Woody Allen, como esta Hannah y sus hermanas o esa otra protagonizada por Gena Rowlands, Otra mujer.

En Hannah y sus hermanas incluye esa escena tan hermosa en que un poema de ee cummings, Somewhere I have never travelled, sirve para que Michel Caine confiese a su cuñada (Barbara Hersey) que está enamorado de ella.

He de leer a Cummings. En tiempos duros, la poesía acompaña. Y no hablo de versos.

e.e. cummings (1894 – 1962)

Allen se cita a sí mismo con cierto arrojo: ver a Michel Caine corriendo por las calles neoyorquinas mientras suena música de jazz -la canción se titula “I’ve Heard that Song Before“, que casi anuncia qué va a ocurrir con el romance–, para tropezar casualmente con Hersey, igual que el Isaac de Manhattan se lanzaba a correr para reencontrarse con Tracy. O cómo Gena Rowlands y su pretendiente –Gene Hackman, el mejor amigo del hombre con el que Marion (Rowlands) va a casarse– se guarecen de un chubasco que los sorprende mientras paseaban por Central Park, igual que hacían Allen y Keaton en otra escena de Manhattan. Y por supuesto, los momentos en que Allen enloquece a causa de su hipocondría…

Otro detalle irónico: ver a Caine, el seductor sin escrúpulos de Alfie, interpretando en su madurez a un enamorado que regala poesía a una mujer…, aunque yo diría que casi por encima de todo destaca el cambio de la ciudad (de todas las grandes ciudades): ¡esas librerías de viejo donde se nos iban las horas descubriendo a autores, y libros codiciados o releyendo! había al menos una buena en cada barrio.

(No he encontrado una versión del todo fiable en español: seguro que la encontraré pronto en papel)

Somewhere I have never travelled, gladly beyond
any experience, your eyes have their silence
in your most frail gesture are things which enclose me
or which I cannot touch because they are too near

Your slightest look easily will unclose me
though I have closed myself as fingers
you open always petal by petal myself as spring opens
(touching skilfully, misteriously) her first rose

Or if your wish be to close me, I and
my life will shut very beautifully, suddenly
as when the heart of this flower imagines
the snow carefully everywhere descending,

Nothing we are to perceive in this world equals
the power of your intense fragility; whose texture
compels me with the colour of its countries,
rendering death and forever with each breathing

(I do not know what it is about you that closes
and opens; only something in me understands
the voice of your eyes is deeper than all roses)
nobody, not even the rain has such small hands.

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