Sobre los aspectos literarios de El arte del asesinato político. Entrevista a Francisco Goldman


Campesinas indígenas guatemaltecas en una manifestación reciente en protesta por sus condiciones de vida.

Fuente: La Nación (Costa Rica)

Los campesinos mayas fueron mayoritariamente las víctimas del Ejército guatemalteco durante la guerra civil



Finalmente, la entrevista a Francisco Goldman me la ha publicado el fotorreportero Javier Bauluz en el flamante blog PERIODISMO + DERECHOS HUMANOS, que dirige y que ha nacido para darle continuidad al Manifiesto Periodismo y Derechos Humanos. Ya conocemos, a estas alturas, el estado casi indigente del periodismo tradicional, por lo que esta iniciativa, secundada por periodistas con auténtico prestigio y animada por muchos periodistas recién licenciados con ganas de resistir, marca un horizonte de actitudes éticas contra la manipulación informativa, la desinformación y la banalización del espíritu crítico de los lectores.

Me vi obligada a dejar algunas preguntas fuera de la entrevista para su difusión en P+H. Pero ¿cómo prescindir de las reflexiones de Francisco Goldman sobre su proyecto de trabajo, la polémica intervención de Vargas Llosa en el tema Gerardi, y la relación del escritor con el proceso mismo de la escritura?

–¿Cuándo decidiste que el reportaje “Victory in Guatemala”, publicado en The New York Review of Books en 2002, debía convertirse en un libro?





Conforme pasaban los años, estaba convencido de que nunca sería un libro, porque no quería escribir otra crónica de un fracaso. Porque todos pensábamos en algún momento durante el proceso de apelaciones, que un tribunal corrupto o intimidado iba a darle un vuelco a los veredictos. Cuando en 2005 el Tribunal de Apelaciones confirmó los veredictos de condena, supe que tenía que escribirlo.



Precisamente en respuesta al artículo en NYRB, dos periodistas, la española Maite Rico, y el francés Bertrand de la Grange, escribieron al alimón un libro, ¿Quién mató al obispo? donde niegan que el Ejército estuviese detrás del asesinato de Gerardi. Lo llamativo es que Mario Vargas Llosa, desde su tribuna en El País, se hizo eco. En conjunto, demuestra que la trama de intoxicación y desinformación de la opinión pública no se detuvo nunca.

Francisco Goldman afirma que los últimos acontecimientos refutan por completo a Rico y De la Grange.



–¿Cuánto daño hizo este libelo? ¿No es grave que periódicos importantes como El País difundan noticias manipuladas sin una comprobación previa?



Ese libro se publicó hace mucho tiempo. Necesitas una montaña de arrogancia para creer que, en un caso como éste, no iba a emerger mucha información en los años siguientes. Con el paso de los años, la gente habla, obtienes más información. Creo que cualquiera que lea los periódicos de Guatemala sabe que hay un caso contra el EMP de Arzú y que cada vez es más sólido, y que los fiscales están preparados para avanzar; también que, si el Gobierno fuese más resuelto, ya habría detenciones a estas alturas. Todavía pueden. No he escuchado o leído nada en los últimos años que apunte hacia nuevas evidencias que impliquen a las personas a las que ellos implicalon: a la Banda Valle del Sol, al pastor alemán Balú, u otras facciones militares, ni siquiera al ex presidente Portillo, y otros argumentos. ¿Quién defiende a [ex presidente] Portillo? ¡Nadie! Él debería estar en prisión, pero no por el caso Gerardi. Si los aliados de Portillo hubiesen asesinado a Gerardi ¿no crees que a estas alturas ya habrían aparecido indicios concretos?



Nunca leí el libro completo, sólo secciones. Pero las columnas de Maite Rico en Prensa Libre, defendiendo sus argumentos sobre el caso, eran suficientemente reveladoras. Y eso a pesar del buen trabajo que hicieron los jóvenes en la ODHA. Rafael Guillamón llama a Leopoldo Zeissig el héroe del caso Gerardi. Zeissig consiguió el testimonio de Chanax y Gómez Limón, dos testigos importantísimos, así que él realmente ha sido el hombre clave para que el caso fuese a juicio en 2001. Zeissing tuvo muy escasa relación con la ODHA porque confiaban poco unos en otros. La ODHA tuvo cero contacto con Chanax antes del juicio. Ni siquiera sabían que sería testigo hasta el día que declaró ante la jueza Flor María Gracia Villatoro. Zeissig soportó amenazas terribles, y luego tuvo que marcharse al exilio. En el libro de Maite Rico y De la Grange apenas mencionan a Zeissig. Se burlan de él e insinúan que había motivos para que él temiera, citan a otra fiscal, Berta Julia Morales, e insultan su masculinidad. A pesar de que era el fiscal de la acusación, no dicen nada más de Zeissig. Por supuesto, no cuentan que Berta Julia Morales es una personalidad comprometida, identificada por el Departamento de Estado por su demostrada parcialidad en pro de los militares en otros procesos. Estos periodistas tampoco le cuentan al lector que Morales fue la fiscal que inmediatamente catalogó como suicidio el asesinato en prisión de García Pontaza (miembro de la banda Valle del Sol y amante de Ana Lucía Escobar, la hija secreta del canciller de la Curia). MINIGUA criticó con firmeza esta decisión de Morales. No puedo tomarme ese libro en serio cuando es tan poco lo que dicen de Zeissig.
Vargas Llosa siempre fue uno de mis autores predilectos. Cuando escribía mi primera novela, La larga noche… tenía siempre tres novelas en mi escritorio: Absalom, Absalom, de Faulkner; Años de perro, de Grass, y Conversación en la catedral, de Vargas Llosa. Me gusta mucho La casa verde y La guerra del Fin del Mundo, y reseñé La fiesta del chivo en Book Forum. Su prestigio es enorme y merecido. Nadie en Guatemala tiene un poder en los medios como él. Pero aquí cometió un error de irresponsabilidad, y quizá pecó de arrogante y de ingenuidad política. A través del libro de aquellos, desinformación fabricada por la inteligencia militar en Guatemala se infiltró en la pluma de uno de nuestros autores más importantes— y eso no es solo opinión, es un hecho.

Cuando lees el libro, enseguida ves de dónde salieron esas “teorías” del crimen. Pero lo que él escribió tuvo un impacto enorme, porque jamás alguien tan internacionalmente famoso había escrito sobre un caso criminal en Guatemala. Hasta puedes decir que, por lo menos durante cinco años, arruinó las vidas de gente noble y valiente, algunos de ellos gente muy joven, que jamás merecieron un ataque como éste. Ellos arriesgaron sus vidas para hacer justicia en este caso y poner a prueba el sistema judicial de una democracia joven y débil. Vargas Llosa, a través de ese libro, los acusó injustamente de criminales. Y se tragó la píldora de que los Lima –de los hombres más criminales y extremadamente sórdidos que uno pueda imaginar— eran militares limpios y chivos expiatorios. ¡Imagínate eso! Es tan absurdo que aún me cuesta creer que lo escribiera, pero así es. Y mira, en su carrera va a ser una nota al pie, nada más, y la mayoría de la gente ni se va a dar cuenta. Está bien. Todos cometemos errores, quizá haya que verlo así.

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