El arte del asesinato político. ¿Quién mató al obispo?, de Francisco Goldman y los periodistas de derechas disfrazados de "insobornables"


Marcha de recuerdo en el noveno aniversario del asesinato de monseñor Gerardi.
Fuente:
Surizar

Mientras preparo algunos temas relacionados con la magnífica crónica que Francisco Goldman ha escrito sobre el asesinato del obispo Juan Gerardi Conedera, de la diócesis de Guatemala, en 1998, y que Anagrama publica ahora en su versión castellana…

Entretanto, merece la pena leer esta reseña, firmada por Ana Nuño, en Letras Libres, edición mexicana, dando cancha a la que fue, al parecer, una obra semi-maestra de la desinformación sobre el mismo caso y que Goldman destripa en su crónica. Se trata de la obra que, no por casualidad, lleva el mismo título, ¿Quién mató al obispo?. Escrita por Maite Rico, periodista en aquellos años (2005) de El País, y por el francés Bertrand De la Grange, trata de demostrar que los oficiales militares inculpados y condenados por el asesinato son inocentes y que toda la acusación –junto con la investigación independiente practicada por miembros de un organismo ligado a la ODHA, una oficina de defensa de los derechos humanos, así como el juicio– es un fraude que refleja la iniquidad de la izquierda. No se olvidan de mencionar ni al comandante Marcos ni a Vázquez Montalbán, para que sepamos de qué izquierda están hablando.

Ana Nuño es una de las corresponsales habituales del blog de Arcadi Espada, un fascistón disfrazado de periodista-estrella que ha querido descubrir pastelazos que no lo eran, como sucedió en el mal-llamado “caso Bauluz” y que ha pasado de El País a El Mundo.

El siguiente párrafo refleje la tónica de la reseña de Nuño:


Uno de los formidables idola fori del izquierdismo militante advierte al occidental cargado de mala conciencia hereditaria que las víctimas de las iniquidades, los crímenes, las injusticias que registran los anales de los países latinoamericanos tienen forzosamente el mismo rostro, el de los pobres, los indígenas y los marginados sociales, y que sus victimarios son siempre los mismos malvados en el inmutable reparto de una esquemática película de terror de serie B: los militares o los terratenientes o los agentes de los servicios secretos.”

Lo asombroso es que El País amparó este libelo a través de uno de sus colaboradores-estrella, el escritor peruano Mario Vargas Llosa, al que todos conocemos por sus posiciones políticas derechistas. Que haya sido candidato a la presidencia de su país teniendo como adversario a Fujimori no lo convierte en un socialdemócrata. Sin duda, la presencia de Vargas Llosa en un diario que se proclama(ba) progresista es un sarcasmo y motivo de perplejidad interminable para los lectores verdaderamente progresistas que, por ésta y otras decenas de razones, hace mucho que han/hemos dejado de considerarlo su/nuestro periódico.

Artículo en Letras Libres:
http://www.letraslibres.com/index.php?art=10607

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s