Prostitución. II. Otros apuntes y otras geografías


Ana Karina, musa de Godard, en Vivre sa vie

Tres horas y media duraba el experimento Akerman, en 1975

Sobre Godard, al que menciona Bel. Lo suyo es, de verdad, capítulo aparte. Entiendo que con JL Godard estamos ya en la frontera brumosa de ficción y realidad. Idealiza el tema por la vía de conectar la trama de la mujer prostituida con las rutinas de la novela policíaca y a la vez, descarna las trampas de la libertad. Desde luego, es interesante, porque enlaza con otras películas, como J’embrasse pas (En la boca, no) de André Téchiné, con Emmanuelle Béart, donde se aborda también el asunto de la prostitución masculina. Sordidez, sin contemplaciones.

Sin embargo, otras como La mujer flambeada, de Robert van Ackeren, no entrarían en mi lista.
También convendría hablar de una película rarísima que vi en la Filmoteca de Barcelona hace dos siglos, cuando tenía la sala detrás de Via Layetana. Protagonizada por Delphine Seyrig (1932-1990), protagonista de El año pasado en Marienbad, de Alain Resnais. Creo que esta película, cuyo título no recuerdo, puede haber inspirado las películas lentas y mudas del catalán Rosales, porque el argumento es el que sigue: una mujer sola a la que la cámara acompaña en sus actividades domésticas a lo largo del día. Ella, con la cara seria como un palo. Esbelta, clase media venida a (muy) menos. Al llegar la tarde, extiende una toalla sobre la cama de matrimonio en su dormitorio. Llega un tío, se echa encima de la mujer y en pocos minutos el oso ha terminado la fiesta. Creo que no hablan ni antes, ni después ni durante. el acto Ni recuerdo, por lo demás, que en toda la película se pronuncien más de tres frases. La cámara continúa con su fiel seguimiento de tan interesantes actividades. Cuando el metraje ha llegado a la hora y media larga (aunque tienes la impresión de que hace seis horas que estás ahí) , la secuencia final nos presenta a la adusta señora de nuevo ofrecida a su gañán. Pero esta vez, ella saca un cuchillo de cocina que tiene escondido en los pliegues del cobertor y se lo clava en la espalda, tan desapasionadamente como viene haciéndolo todo. Mientras la sangre corre –y la del espectador se hiela,😉 –, llega la palabra fin y te acaban de dar una fenomenal lección sobre el hastío, la degradación sexual y un caso de despersonalización que puede conllevar un cierto grado de psicosis. No creo que se titulara Dificultades para llegar a fin de mes, pero en los años setenta eran verdaderamente radicales en su aplicación de las teorías marxistas.

En Vivre sa vie y en Jeanne Dielman se plasman las reivindicaciones del feminismo de la época . Sin independencia económica, la condición femenina reproduce en todos sus aspectos esta subordinación impuesta.

Nota: Acabo de encontrar en la web referencias de esta película. Tres horas y media de duración, dirigida por Chantal Akerman en 1975. Recientemente hablaban de ella en The New York Times.

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