El yoga y otras fantasías


COVER BY JOHN HELD JR.
Bien, pues al final, me he decantado por el yoga y he tenido que prescindir del tai-chi. Mi idea del yoga era, lo confieso, una persona con los ojos en blanco canturreando OOOMMM, sentada en una postura de contorsionista. Pero el hata-yoga que imparten en mi Studio es activo, incluso para un principiante. Que facilita la concentración, por supuesto. Estás tan entretenida procurando ejecutar las distintas posturas que no puedes pensar en nada más. Mi pie lo ha notado y agradecido desde el primer día, por los estiramientos. Este fin de semana mi movilidad andariega se ha duplicado con respecto a la semana pasada. Bien!!!

Hay un relato de Scott Fitzgeral, dentro de la colección Jovencitas y filósofos [Flappers & Philosophers] titulado Cabeza y hombros que bien podría hacerse realidad en mi caso, aunque invirtiendo los protagonistas. Trata de una pareja formada por un chico muy empollón y una especie de pin-up, actriz de variedades muy exitosa. En cierto momento, el chico empollón, que no tiene éxito con sus escritos, y eso le acongoja, etc., empieza a practicar la gimnasia mientras la actriz inicia el relato de sus aventuras y peripecias. Publicadas en una revista, ella obtiene un éxito clamoroso, que naturalmente despierta la envidia de él. Pero él se convierte en un gigante de las paralelas y los aros. No pasa mucho tiempo antes de que él deje de ser la cabeza y se convierte en los hombros de la pareja, mientras ella, figura de las letras, pasa a ser, si no la cabeza pensante, sí la que vive de las ideas que nacen de su cabeza. Ambos oxigenan sus vidas y escapan así del patetismo de las vocaciones hipertrofiadas.

Hace más de veinte años que practico natación, bicicleta (fabulosa para encontrar el tempo de las fotografías) y ahora yoga con regularidad; por lo mucho que me aburren la mayoría de los escritores literarios en persona (salvo los tres o cuatro que aquí se repiten y se citan), la empatía espontánea y curiosidad que me despiertan los aguerridos fotorreporteros, fotógrafos y artistas audiovisuales, y todos los que trabajan con el cuerpo (exceptuando, naturalmente, a proxenetas y macarras varios, incluidos ciertos editores, que, como los enterradores, trabajan con cuerpos ajenos), y por lo mucho que disfruto haciendo fotos, no veo imposible terminar siendo los hombros y las piernas y espalda y la pelvis, ahora que quien yo me sé está escribiendo la novela que ya urdía en su cabeza cuando nos conocimos.

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