Francisco Casavella, última entrevista


Antártida, con guión de Francisco Casavella y dirigida por Manuel Huerga

Impresionante la entrevista que publica Quimera a Francisco Casavella. Es una entrevista que quiere ir más allá de los tópicos al estilo friki o mundano de Qué leer y El País, pero al final, tanto en la presentación como en su cierre (no tengo los nombres de los que firman, aunque creo que uno de ellos es J. Carrión), donde ya se apunta lo anómalo de la situación de Casavella, desmejorado por el uso de sustancias diversas pero viviendo con su madre en un pueblo de Tarragona espantosamente muerto en invierno como corresponde, se apunta que lo sucedido, es decir, el corazón revolucionado y el mutis por el foro, estaban ya como posibilidad. Aunque la entrevista es interesante en lo literario –lo miman con inteligencia, lo han leído y lo sitúan en la intersección entre el pasado rompedor de Marsé y lo que los chicos de Quimera quieren y esperan ser: la nueva esperanza de la literatura española–, tiene el freno puesto a la manera típicamente latina, es decir, la familia es sagrada y no se sacan conclusiones aún viendo lo evidente: Casavella pasa por un mal momento personal (lo deja caer sin detalles. Pienso: “los amores”) y ha ido a refugiarse en algo como el útero materno, la madre va a misa y Casavella la despide con una broma, “Saluda a Jesús de mi parte”, en lo que parece un diplomático acuerdo de los dos sobre viejos conflictos. El lugar de esa regresión es tan aburrido que adormece las sensaciones como el pueblo de verano-pero-es-invierno donde está la casa, y de ahí la necesidad de despertarlas con lo que sea. En sordina, como un rumor rencoroso, están la imagen de Barcelona y el mundillo literario, la urgencia de volver cada quince días y el fastidio por lo que algunos críticos han escrito de él con displicencia y crueldad precipitadas.

Mientras las preguntas y las respuestas abren un horizonte de futuro –escritores jóvenes tendiéndole la mano a un escritor que es promesa consolidada–, algo borra ese horizonte de futuro. Hasta esa fecha Francisco Casavella (que se llama en realidad Francisco García Hortelano y, negándose a ser el doble redivivo de este autor, se la pasa luchando por no ser el doble redivivo de Juan Marsé) ha escrito grandes cosas, ha sido multitraducido y se llevó el último premio casi-serio, el Nadal (¿tenía como agente a M. Martín?) ,pero se queja de haberse visto frenado y frustrado (como le ocurre a los escritores españoles, pero no a los anglos, dice sobre Trainspotting) porque esto de aquí, Barcelona, y por ende España, es muy escandalizable y no puedes dar el do de pecho, o lo das para que te salten a la yugular. Es una soledad extraña, puede que haya cierta satisfacción en jugar con los peligros de la melancolía.

Leí “cosas” de Casavella, pero no el Watusi. “Un enano“… como lectura para Anagrama. Informe parco y entusiasta, pero Herralde no necesitaba mucho más para publicarla. Hace poco, esa novelita, El secreto de las fiestas, en Mondadori, que empieza genial con un noséqué maravilloso de Álvaro Cunqueiro pero que se frena en el ternurismo y se malogra con el complejo de niñopobre ante la niñapija; me gustó mucho Antártida y me escoció la reseña de Babelia al Watusi, aunque no era novela para mí, que andaba entonces en frondosos horizontes egipcios y argentinos.

Cuando supe de su muerte, pensé: “¿pero qué se habrá tomado?”. Con admiración, por cierto, pues que te explote el corazón a los 45 años… o has corrido todas las maratones de Nueva York, ayudado con los anabolizantes consiguientes, o te has tomado todo lo que se puede tomar en cápsulas sin leer el folleto. Durante unos días albergué la ilusión de que se hubiera corrido una juerga tal que le hubiese estallado el corazón de puro contento. Pero al leer la entrevista de Quimera vuelvo a mi vieja teoría, que muchos psicoanalistas repiten en voz baja: que casi nunca va al psicoanalista quien verdaderamente lo necesita. Un buen psiconalista necesitaba, sí, con algo jungiano y todo lo moderno que haya que ser para recuperar el músculo vital, y las fibras ancestrales, para aprender a madurar siendo más salvajemente tú mismo y no menos. Es lo único que daría respuesta a la vieja pregunta de Pasolini: ¿Conoce usted un medio de borrar la muerte a secas?”.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s