LA MUERTE ME DA, de Cristina Rivera Garza


México, de Pablo López de Luz



La muerte me da es una excelente novela que remite sin citarlos a los asesinatos de mujeres en Juárez, donde los crímenes de varios cientos de mujeres jóvenes permanecen impunes aunque las investigaciones apuntan de modo concluyente a las mafias del narcotráfico. Calificados como “orgía sacrificial de carácter misógino”, tienen un contrapunto tácito en la serie de crímenes contra hombres jóvenes que aparecen “desnudos y sangrantes sobre el asfalto de la ciudad”, sin sus genitales. Cerca de la víctima, unos versos de Alejandra Pizarnik, poeta argentina que se suicidó un 25 de septiembre de 1972. El primer cuerpo es hallado por una mujer que lleva el nombre de la autora y que, como Cristina Rivera Garza, imparte literatura en la universidad y es especialista en Pizarnik.


El hallazgo del cuerpo da pie a una investigación, en manos de la Detective del Departamento de Investigación de Homicidios, tenaz en todo y especialmente en su vocación de fracaso. La apocada Periodista de la Nota Roja (“Sucesos”), que dice querer escribir un libro sobre el caso de los Hombres Castrados, introduce una nota enigmática contrariando el tópico del plumilla que se adelanta a la policía. Valerio, ayudante de la Detective, y el amante de la Sonrisa Iluminada, son los perfiles masculinos, aunque no aportan la vertiente racionalista o científica a la resolución de los crímenes sino que extienden el enigma.



En La muerte me da el género policíaco es un pretexto para indagar en las manifestaciones del deseo sexual como pulsión de muerte, como castración implícita del otro. Pero contiene otra novela, la que reflexiona sobre el concepto inverso, la pulsión de muerte de Alejandra Pizarnik como manifestación de un deseo sexual. Porque el verso completo del título es “Es verdad, la muerte me da en pleno sexo”.

Cristina Rivera Garza prescinde de datos sociológicos e históricos y lleva la atención del lector al texto, mestizo en la plasticidad de las imágenes, la imbricación de géneros, poesía, relato y reflexión conceptual, en el ensayo intercalado en mitad de la trama donde la Profesora –Informante y sospechosa– expone su tesis sobre Pizarnik, encarnada también por la Detective: “Como si le diera gusto fracasar. Como si ese fracaso constituyera el guiño victorioso de su anhelo”.

María José Furió

Publicado en Culturas-La Vanguardia, 14 de enero de 2009

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