César Aira entrevistado en BOMB Magazine


No es lo que me gustaría encontrarme en la bañera, pero… éste es César Aira
En la revista norteamericana BOMB Magazine publican una entrevista a César Aira y tienen la deferencia de incluir la versión original de la conversación entre el escritor argentino y María Moreno. César Aira no es de mis autores favoritos pero me gusta su carácter, su relajante despreocupación. Leerle y escucharle no te coloca ante el pathos de la “literatura canónica” sino ante el disfrute de la escritura. En cierto modo, es la antítesis de Alan Pauls. Me encuentro más próxima de los temas y abordajes de Pauls, pero Aira me recuerda esa feliz despreocupación de los veinte años cuando descubres que te encanta escribir y que te asombra lo que tu imaginación puede dar de sí y que el idioma es un caballo salvaje por domar, casi igual que tú.

________Entrevista:

  • “La obra de César Aira es una máquina de invención perfecta: escribe sin deber y sin padres, como si por primera vez. El procedimiento tutor que Aira utiliza es siempre el mismo, es algo que él ha practicado desde su infancia y que sigue practicando: leer exhaustivamente cada autor, cada género, cada período, cada país, como si se pudiera tenerlos a todos, hasta lograr un archivo tan basto y heterogéneo que se vuelva inconsultable, hasta que la huella de cada lectura quede borrada por la yuxtaposición de las otras. A Aira le gusta todo y escribe en consecuencia.

    Aira nunca acepta ser interrogado en su país de origen —y rara vez lo hace en el exterior— ya que se reserva la invención literaria, la originalidad, precisamente para su propia literatura. Habría en Aira un sueño de autonomía: todo dentro de la obra, nada fuera de ella, y como decía Roberto Arlt “que los eunucos bufen”.

    A veces tienta resumir el dispositivo Aira de la manera más simple: escribir asociando desde la última línea escrita el día anterior, plantar en la obra un inverosímil y volverlo verosímil. Es algo tan simple como el recurso del guardián de “La carta robada” de Poe, como si Aira simplemente hubiera cumplido sin esfuerzo el sueño infantil de escribir novelas en serie como las que tenían de personaje a Sandokán o el sueño juvenil de ser como Borges. Hay pruebas de que lo complejo puede tener una solución simplísima: Joseph Conrad dice con razón en algún lugar de su correspondencia que el Titanic se hubiera salvado con sólo colocar una suerte de almohadilla de suspensión en la proa.

    Los movimientos físicos de Aira son una cita de Borges (cuando se distrae, cuando responde preguntas). Es la misma voz vacilante, la misma mirada huidiza, y eso que Aira no es ciego sino todo lo contrario: un miope que se acerca a cada objeto hasta conseguir la visión de un naturalista. A la influencia la tiene fuera de su literatura, en el propio cuerpo. Enumerar su obra excedería el largo de esta introducción y ocuparía parte de la entrevista. En los títulos elegidos va mi gusto personal: Ema, la cautiva; El vestido rosa; La liebre; La prueba; Madre e hijo; Los dos payasos; La trompeta de mimbre; Cómo me hice monja; Las tres fechas; El tilo; Yo era una chica moderna; Yo era una niña de siete años; Copi; Alejandra Pizarnik; Diccionario de autores latinoamericanos; Un episodio en la vida del pintor viajero; La cena; La vida nueva; y Las conversaciones.”

LinK a BOMB Magazine: http://www.bombsite.com/issues/106/articles/3232

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