ARROGANCIA E INTROSPECCIÓN. UN JAMES BOND BASTARDO


Arrogancia: James Bond intruso en casa de M



Introspección: James Bond/Craig – Eva Green/Vesper

Daniel Craig en Quantum of Solace

El éxito del nuevo James Bond se explica por algo que va más allá del sexappeal y de las dotes atléticas e interpretativas de Daniel Craig, aunque necesita de las tres condiciones para cumplirse. La explicación más profunda está en que los guionistas —Neal Purvis, Robert Wade y Paul Haggis– han echado mano de un tema clásico de la literatura para dotar de coherencia al personaje, un tema que tiene su correlato en el físico atractivo y la expresión turbia del actor y en la violencia desproporcionada que emplea el M6 en su “intervenciones” profesionales. Es el tema del huérfano, o hijo de padre vergonzante, hombre de talento educado en instituciones de élite, o/y que trabaja en organismos vinculados al poder político, económico o cultural. Los argumentos, y Casino Royale los explota muy bien, giran siempre en torno a las ambivalentes relaciones con ese poder que parece haberlo rescatado de la marginalidad a la que parecería destinado por su origen, pero que constantemente y de diversas maneras le recuerda su condición bastarda. La ambivalencia se traduce en una forma de automarginación íntima destinada a proteger su singularidad, en una cierta manera de estar y no estar disponible para el poder al que sirve. Los guionistas de Casino Royale ilustran este conflicto con dos escenas dialogadas magníficas. Las dos escenas con mujeres, con diálogos diáfanos de puro elusivos. En la primera, Bond se cuela en casa de la jefa, M, Judi Dench, para robarles sus contraseñas. Frente al intruso, M aprovecha para acusarlo de matón y otras lindezas a cuenta de la que acaba de armar en un país gobernado por uno de esos dictadores-fantoche a sueldo de Occidente. A la respuesta de Bond: “Creí que un fabricante de bombas menos sería algo positivo”, M, antes de apartarlo del caso, asevera: “Puede que esto no sea algo que un bulldozer pueda entender, pero arrogancia e introspección no van de la mano”. James Bond- Daniel Craig responde: “¿Quiere que sea mitad monje mitad sicario?”. El diálogo está filmado con escorzos y luces sesgadas, al contrario que el otro diálogo-retrato, que se desarrolla en un tren. Su interlocutora es ahora la actriz Eva Green, y los personajes hablan frente a frente bajo una luz más uniforme para descubrir, precisamente, que son almas gemelas: huérfanos cuya vulnerabilidad y resentimiento social se sublima en eficacia profesional; atractivos por su reserva sentimental y peligrosos por su tendencia a considerar elásticas todas las jerarquías. Los antagonismos que plantea M, y la parodia con que le replica Bond, señalan que existe una zona central y más opaca no sujeta a ninguna obediencia. Arrogancia e introspección conforman el motor en dos tiempos de este tipo de personalidades, libres y subversivos.

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