PHOTOESPAÑA 2007: COMISARIOS, DIÁLOGOS


Lourdes Groubet

Andrés Serrano

Sylvie Plachy

Neorrealismo. Italia. Fulvio Roiter -Sulfatara. Sicilia, 1953 Fulvio Roiter

En las pantallas de Telemadrid podía verse cómo la gente del PP celebraba sin recato desde primeras horas de la mañana dos grandes noticias: el fin de la tregua de ETA y la arrasadora mayoría electoral de Gallardón y Aguirre. También se entrevistó a Ana Botella, que con sonrisa altiva condescendió a responder que sí, que desde su flamante cargo en Medio Ambiente velará por que las aceras de Madrid queden pronto libres de excrementos caninos. Si fuese cinéfila, Botella habría visto Pret-â-Porter, de Robert Altman, y habría recordado entonces ingeniosamente la guasa de un Mastroianni en el romántico París sorteando cacas de chucho mientras busca a Sofía Loren. Más versadas en orden público que en asuntos culturales, más habituadas a las sonrisas tensas que recuerdan a sus interlocutores que su estudiada simpatía de señoritas de monjas termina con la primera pregunta impertinente, Botella y Aguirre, secundadas por periodistas como Fernando Ónega, se felicitaban de que la tesis del partido de que con los terroristas no hay diálogo ni negociación que valga ha sido ratificada por la reaparición de los patéticos encapuchados. También por televisión han anunciado los de ETA que las negociaciones por la prejubilación de sus miembros históricos en condiciones ventajosas y la recolocación de sus nuevos empleados habían sido estériles, de modo que volvían al tajo a intentar reflotar una empresa claramente obsoleta. En este contexto, el Festival Internacional de Fotografía y Artes Visuales, que en 2007 celebra su décimo aniversario sin un comisario general que proponga una tesis unitaria prefiriendo un recorrido de grandes nombres, exposiciones presentadas por distintos e importantes especialistas, ofrece una inesperada metáfora de la candidez de las políticas humanistas cuando deciden ignorar que los lobos suelen vestirse de corderitos.

La ausencia de esa tesis podía hacer de esta edición un cajón de sastre de propuestas y formatos, de aventuras, con el aliciente de las vecindades sorprendentes; las salas de exposiciones podrían ser entonces una cueva de Ali Babá para bulímicos de las artes visuales. Sin embargo, lo que sorprende es, tanto como la falta de riesgos en la programación, cuántos fotógrafos han entrado en una dinámica de profesionalización que prescinde de la complicidad con el que mira. Y la conclusión aquí es clara: Ofrece además una sorpresa elocuente: cuando la fotografía dialoga con otros géneros –la pintura, el cine, el video– el resultado es mucho más profundo, estimulante y valiente que cuando se mira el ombligo y se hace autorreferencial. Así, la serenidad y la violencia latente de los retratos de Andrés Serrano tienen un interlocutor natural en los zurbaranes del Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando; las performances del chino Zhang Huan denotan el mismo componente de sacrificio y vindicación que los eremitas medievales y aunque proclame que el único capaz de comprender su trabajo es él mismo y atribuya un valor instrumental a la fotografía, en la documentación videográfica de esta “santidad”, de sus martirios y flagelaciones, Huan se hace eco del propósito de perdurar y de establecer una identidad única típica del arte moderno.

Acaso porque China es aún un tema nuevo, algunos fotógrafos se acercan al país, pero sustituyen los viejos prejuicios (sociedad rural, cerrada) por el automatismo de las influencias: en “Cuando todos seamos ricos”, Matías Costa toma como referencia precisamente a Huan, pero también a Nan Goldin y así vemos la tópica imagen de ejecutivos de traje con melancólicas prostitutas de labios rojos que parecen soñar con protagonizar alguna película de Wong Kar-Wai; vemos a extenuados oficinistas cubriéndose la cara o la conciencia con las manos en un lugar público y a obreros semidesnudos trabajando de noche en monstruosas edificaciones. Un pesado déjà-vu que continúa en la patente influencia de Miguel Trillo en los retratos de jóvenes mirando a cámara de María Isabel Rueda (como Costa, en el Instituto Cervantes), en el inventario de destartalados interiores que Ricardo González recoge en “Rooms”; en los dípticos que reflexionan más cerebralmente que visualmente sobre la identidad y el género en Homeland de Sunil Gupta, e incluso en los “paisajes genéricos y malévolos” de Paul Seawrightm pese al empaque en la composición, en el color, y en el respeto a las personas fotografiadas (los tres últimos en Márgenes, en el centro Conde-Duque).

Por ello, si se quiere contemplar un festival de influencias bien digeridas conviene ir a la exposición de Silvia Plachy, De reojo, en el Círculo de Bellas Artes. La madre del actor Adrian Brody es una excelente fotógrafa, norteamericana de origen húngaro y discípula de André Kertesz, experta en sugerir atmósferas, que usa el dramatismo como una forma de tensión narrativa que no se desborda. Colaboradora de Village Voice, Vogue, Life, The New Yorker, entre otras publicaciones, las mejores imágenes de Plachy en esta primera exposición española de 100 fotografías en blanco y negro y color, que saben a poco, son los retratos: modernas, sensibles, vitales aproximaciones a personajes como John Lurie, Purdy o Borges, y el atisbo del que parece ser su mejor trabajo: Autorretrato con vacas volviendo a casa, una evocación de su Hungría natal mediante la combinación de viejos álbumes de familia y fotos actuales.

El Centro Cultural de la Villa acoge la gran exposición dedicada al Neorrealismo. Enrica Viganò toma como hilo conductor la historia del progreso de la fotografía y del trabajo de los fotorreporteros italianos, pero lo interesante es que una corriente documentalista que parece fijada en el pasado, en la infancia de nuestros padres, ha seguido fecundando el trabajo de fotógrafos de las últimas décadas hasta hoy mismo: los “Domingos” en Barcelona (años 90) de Xavier Ribas, expuestos en Local, el fin de la globalización, de la Sala Canal Isabel II, son los mismos Domingos en Milán (1960) de Ugo Zovetti, con un mismo involuntario humor típicamente mediterráneo. El proyecto de Luciano Morpurgo de “Peregrinación al santuario” (años 30) es gemelo del chino Li Tianbing (en Local) y sus pasmados camaradas de paseo. De la foto al cine y cruzando fronteras, el Neorrealismo pervive como la alianza entre la curiosidad del fotógrafo y su compromiso ético con el objeto de su mirada. Un aspecto visible en la serie de las costas italianas de Massimo Vitali pero que brilla por su ausencia en la serie de los sin-techo del ucraniano Boris Mikhailov (ambos en Local), que paga a sus “modelos” para compensarlos, los retrata exhibiendo sus genitales y su miseria, fruto ésta, según dice, de la globalización que ha llenado las calles de ancianos desvalidos, de niños aspirando cola (…y de fotógrafos más oportunistas que piadosos). Claro que para disfrutar de una rabieta como es debido, véase la retrospectiva de Salgado en la Sala Azca del BBVA, África. Las guerras tribales, las hambrunas, el éxodo y el difícil retorno a las tierras asoladas, que fueron los temas con que Salgado se labró su merecida reputación de fotógrafo humanista, derivan hacia el almibarado esteticismo de Génesis, su más reciente proyecto. Paisajes exuberantes y negritas que pastorean sus rebaños con sus pechos aún turgentes al desnudo parecen ilustrar el paraíso ideal, los sueños eróticos, de un tímido predicador del siglo XIX. Para desintoxicarse, nada mejor que en la Casa de América el “Espectacular de Lucha libre”, de Lourdes Grobet: 130 instantáneas llenas de vida, empatía y arrojo, veinte años de trabajo entre el kitsch y la poesía de la superación en un México irredento.

Al salir a las calles de Madrid, nadie diría que sus gobernantes programan por televisión 24 horas de imágenes con un solo tema: una gozosa cuenta atrás del atentado que los devolverá al poder.


María José Furió

* En Culturas-La Vanguardia de junio 2007 se publicó una versión de este artículo sin las referencias a la actualidad política, luego de una ardua (aunque nunca cruenta) discusión .

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