VELOCIDAD PERSONAL, de Rebeca Miller


 
Director Rebecca Miller and Daniel Day-Lewis on the set of IFC Films’ The Ballad of Jack and Rose – 2005
 

Se llaman Greta, Delia, Louisa, Julianne, Bryna, Nancy y Paula. Mujeres estadounidenses, de edades y clases sociales distintas pero todas ellas neurotizadas, en apuros, problemáticas o directamente locas. Los argumentos son en su mayoría estupendos, como el de Delia, la mujer maltratada que huye con sus hijos, o la niña de ocho años, Nancy, que compite consigo misma para estar el mayor tiempo posible junto a su padre sin que él se percate; es muy interesante también cómo traslada el punto de vista de un mismo hecho, el inesperado ataque de locura de Bryna, desde la perspectiva de la “gloriosamente bella” Julianne al de la ajada Bryna; la road-movie de Paula recuerda el argumento de la película Catching dreams con una resolución parecida. Greta habla del éxito y del ritmo interior para alcanzar los propios objetivos y Louisa de la relación conflictiva entre promiscuidad y curiosidad. Este conjunto de relatos se organiza como una trama azarosa y cruelmente arbitraria de vidas cruzadas con la emergencia de protagonistas que se hacen secundarios en un relato posterior; en la mayoría de casos es como si al no existir ninguna zona de la psique de los personajes que decidiera asumir el liderazgo en vista a reorganizar esas identidades convulsas o disgregadas el conflicto las paralizara hasta que la vida toma arbitrariamente la iniciativa del desenlace. Al mismo tiempo, la autora plantea la riqueza de estas identidades femeninas, casi como un estudio de tipos que refuta los planteamientos estereotipados que la literatura masculina ofrece sobre las mujeres.

En muchos puntos, la propuesta de Rebecca Miller tiene más de “guión literaturizado”, como paso previo antes de trasladarlo a cine, terreno en el que tiene ya cierta experiencia, que de literatura propiamente dicha.

Películas americanas con pretensión de ser revulsivas y críticas como la citada de Altman o Magnolia o la sobrevaloradísima Monster Ball se le parecen en la decisión del narrador de ausentarse, siendo esa incomparencia un modo de llevar al límite desquiciado la consigna only facts de Hemingway pero también una manera de arrasar con las veleidades o mejores intenciones pedagógicas de la literatura “clásica”, es decir aquella en la que el narrador se manifiesta responsable de lo que relata y asume su papel de transmisor de cultura o cuando menos de tradición. Esta tendencia, genuinamente americana y que está seduciendo a cierto sectores modelnos en España, cosecha éxitos en los sectores alternativos como el Sundance Festival pues recrea de manera muy plástica el caos actual y deja a cargo del espectador o lector resolver la moraleja del asunto. En términos cinematográficos estos argumentos compiten con los Rambo y Matrix de turno, pero en términos literarios compiten con los grandes popes a ambos lados del Atlántico y toda la reivindicación de la autoría como elaboración de un yo potente. La hija del dramaturgo Arthur Miller y de la fotógrafa de Magnum Inge Morath demuestra con talento lo que todos sabemos: que uno es más hijo de su tiempo que de sus padres. Y está bien que así sea.

traducción de Esther Busquets y Néstor Busquets Anagrama, Bcn, 2003, 170 páginas.
María José Furió
Publicado en Lateral, 2003

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s