LAS HORAS, de Michael Cunningham


Julianne Moore en una escena de la película Las horas, dirigida por Stephen Daldry

VIRGINIA WOOLF EN EL SANTORAL GAY
Las horas es el título que Virginia Woolf contaba darle a su Señora Dalloway. En su estructura y en la figura de esta autora se ha inspirado Michael Cunningham para relatar la historia de tres mujeres, que viven en tres décadas distintas -1923, 1950 y los años 90-pero que comparten vicisitudes íntimas acerca de la vida. La historia de estas tres mujeres, Virginia Woolf, Clarisa Waugh, llamada Dalloway por su mejor amigo, y Laura Brown, se alterna en los distintos capítulos hasta coincidir en el muy calculado capítulo final. De la escritora Virginia Woolf se nos ofrecen sus pensamientos mientras planea y escribe su obra más famosa, sus comentarios satisfechos ante el trabajo inspirado, sus diálogos cargados de cierto soterrado fastidio con Leonard Woolf y el tormento que le causa su enfermedad, de incierto diagnóstico y que la conduce a la locura, una situación a la que ella, fascinada por el suicidio desde su juventud, pondrá fin en 1941 sumergiéndose en las aguas del río Ouse. Éste es, precisamente, el punto de arranque: el momento en que la “sacerdotisa de Bloomsbury” se interna en el agua y su cuerpo se pierde arrastrado por la corriente mientras el paisaje que desfila ante sus ojos le parece el último párrafo salido de su pluma.

En los años noventa se sitúa la acción que protagoniza Clarissa, editora, una mujer en los cincuenta que vive una plácida relación con Sally, productora de televisión y activista gay. Clarissa, apodada señora Dalloway por su amigo Richard, prepara una fiesta para celebrar el premio que acaban de conceder a éste, escritor enfermo de Sida en fase terminal. En sus últimas horas, con serias dificultades para expresarse, reivindica la vida como un eterno presente del que destaca con nostalgia el beso que dio a Clarissa y que pudo haber propiciado “una expansión de lo posible”. Mientras celebra la belleza del día, Clarissa, descontenta de su trivial vida doméstica, deja vagar sus pensamientos. Surge entonces la nostalgia por la pasión que falta en su vida y que habría podido desbordarla y abolir la sensación de fracaso, idea que descarta repetidamente. El mismo pesar agita la vida de Laura Brown, ama de casa de los años cincuenta, casada con un héroe de guerra y embarazada de su segundo hijo, que posterga sus inclinaciones suicidas zambulléndose en la lectura de La señora Dalloway y empeñándose en confeccionar una tarta de cumpleaños perfecta bajo la arrobada mirada de su hijo Richie. La confidencia de una vecina y un fugaz beso, conato de una intimidad mayor, flotan en el aire como escapada equivalente a su huida a un hotel. Durante unas horas se refugia en la “habitación 19”, una alusión al relato de Doris Lessing sobre una ama de casa suicida.

Las horas evoluciona como una composición musical en la que se repiten varios leitmotivs: el suicidio, un beso, una impresión devastadora de fracaso, el fulgor del éxito, una larvada locura, la guerra y la preparación de una fiesta. Todos son aspectos extraídos de Virginia Woolf. La figura histórica y las de ficción se traman con un propósito poético. Al mismo tiempo, su autor ha revelado que quiso significar la clave de los noventa y el impacto del Sida en la vida de los homosexuales. El autor confiesa que quiso incluir algunos aspectos satíricos y así se burla del oportunismo de un actor de segunda fila que obtiene rápida fama tan pronto destapa sus preferencias para acto seguido pergeñar un argumento de acción con protagonista homosexual. Del mismo modo, la perfecta Clarissa se tira de los pelos, cual padre republicano, porque su maravillosa hija, cuyo progenitor es un anónimo donante de esperma, se ha liado con la más zaparrastrosa agitadora del cotarro universitario. Antes de verse desbordado por el éxito que ha traído el premio, y la consiguiente ampliación de su público, Cunningham tenía en mente al lector homosexual, no necesariamente culto, lo cual se deja ver en un lenguaje de frases cortas, estrictamente enunciativo y casi impresionistas, muy lejos de la exuberancia expresiva de la Woolf y las infinitas alusiones que la excéntrica, culturalmente voraz e insaciable autora introducía en esas sinuosas novelas suyas, y que definieron a su manera una época que se levantaba sobre las ruinas de una cultura. La Woolf fue una mujer brillante que siempre lamentó no haber recibido, como sus hermanos, una educación universitaria y más rigurosa que la que le procuraron su profesores particulares. Incluso no sintiendo devoción por su obra, como es mi caso, cuesta aceptar que la “sufragista” que a través de sus protagonistas lamenta que el matrimonio lleve a mujeres dotadas a renunciar a la vida más libre que disfrutarían si pudieran cultivar sus dotes creativas se vea convertida en Las horas en una figura de pura reivindicación gay. De alguna manera, tras leer el libro y las declaraciones con que su autor lo presenta, es fácil pensar que existe un empeño, dictado por las circunstancias estadounidenses, en crear puntos de referencia propios y amueblar el gueto con un santoral de figuras variopintas en donde se prefiere el confusionismo a la complejidad, algo que puede resultar chocante en España donde, desde los tiempos de la movida, existe una saludable “promiscuidad” y trasvase de iconos y movimientos. lAnte una novela como ésta respaldada por tanto premio, el lector puede acabar diciendo lo mismo que de los novios extranjeros cuando hacen algo desconcertante: no sé si tomármelo como un defecto o como una característica nacional.

CLAVES
El autor: Michael Cunningham (California, 1954), es autor de otras tres novelas: Golden Gate (1980), A Home at the End of the World (1990) y De carne y hueso (Muchnik Editores, 1995). Estudió en la Universidad de Stanford y en la Iowa Writers’ Workshop. Actualmente es profesor en el Programa de postgrado en Escritura Creativa de la Columbia University.
Se declara “escritor gay” y activista “entusiasta, sin arrepentimientos” en ACT UP. Manifiesta que su interés en la familia postnuclear, “que puede incluir una madre biológica, un amante del mismo sexo y al drag queen del piso de abajo, procede del hecho de ser un homosexual que vive en medio de la epidemia de Sida.”

El libro: Las horas, inspirado en la novela de Virginia Woolf, La señora Dalloway, ha sido galardonada con el Pulitzer y el PEN/Faulkner de 1999 y nominada al National Book Critics Award. Un productor de la Paramount ha comprado los derechos para adaptar la novela al cine.
Su autor afirma que, al igual que la novela de la autora británica trata de la guerra, su libro habla de “las bajas causadas por el sida”.

La crítica ha dicho: Los Angeles Times: “un instrumento narrativo intrincado y de extraordinaria belleza”; Chicago Tribune: “una de las novelas contemporáneas más inteligentes y ambiciosas que he leído en mucho tiempo”. USA Today: “fulminante tour de force”, Louise de Salvo, autora de Virginia Woolf: El impacto de los abusos sexuales en la infancia en su vida y en su obra: “Las horas le hace más bien a Virginia Woolf que ella misma”.

Qué dice Cunningham acerca del Pulitzer: “Una de las mejores cosas de haber ganado este premio, el Pulitzer, es el sentimiento que tienen muchos de mis amigos escritores, o simplemente gente gay, de que esta gran pieza de la maquinaria ha dado la vuelta y ha dirigido su rayo de luz no sólo hacia mí sino hacia todo un grupo de gente que hace un trabajo no siempre ampliamente reconocido. Muchos de mis conocidos sienten que nosotros hemos ganado este premio. Y eso es magnífico.”
Qué dice de Virginia Woolf:La señora Dalloway es un libro homosexual. Toda la obra de Woolf lo es.”

Qué dice Michel Houllebecq, autor de Las partículas elementales, fustigador del neofundamentalismo norteamericano: “No sé qué pensaría Proust si supiese que hay quienes pretenden que lo suyo es literatura gay.” ¿Y qué diría Virginia Woolf…?

Ed. Muchnik, trad. de M. Valencia Vargas

María José Furió
Publicado en La Vanguardia- Libros, 1999

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