Víctor Erice y EL ESPÍRITU DE LA COLMENA, de Jaime Pena


Ana Torrent da de comer al monstruo

Es la película más famosa de los últimos años del franquismo, se convirtió en símbolo del agotamiento de la dictadura española y de la reivindicación de un nuevo lenguaje para explicar la realidad. Se hizo famosa porque dio a conocer los ojos de una niña, Ana Torrent, y recuperó el mito de Frankenstein para crear una narración simbólica sobre el despertar de una conciencia y de una voluntad. Se trata de El espíritu de la colmena (1973), dirigida por Víctor Erice (con guión de él mismo y A. Fernández-Santos), uno de los directores de cine menos prolíficos –de uno a otro de sus tres títulos hay una distancia de diez años–, y sin embargo más sólido y menos factible de ser imitado. Director de tres obras maestras: la que nos ocupa, El sur (1983) y El sol del membrillo (1992). En 2003, para celebrar su trigésimo aniversario, se repuso en los cines españoles, considerando que toda una generación de nuevos cinéfilos no había tenido la oportunidad de verla en salas. Y en coincidencia con este aniversario, la editorial Paidós edita el estudio crítico de Jaime Pena, en su colección “Películas”.

Esta colección ofrece estudios críticos de los títulos emblemáticos de la cinematografía universal en un estimulante desorden: así, a Vértigo le siguen los estudios dedicados a El acorazado Potemkin, Barton Fink, La mirada de Ulises, Metrópolis, etc., firmados por ensayistas que manejan distinto instrumental teórico y analítico, por lo que resultan textos de interés desigual para un público medio, aunque al estudioso siempre le va a convenir echar una mirada a la colección. El sumario no esconde su intención pedagógica y se divide en “La obra y su contexto”, el “Estudio crítico” propiamente dicho, y la “Documentación”, donde los apartados de “Selección de textos” y “Bibliografía” remiten a otros autores de ensayos o artículos que ayudarán a completar una perspectiva sobre el film.

En el estudio de Jaime Pena pesa más la mirada universitaria que la pasión cinéfila. No extraña, sin embargo, porque las películas de Víctor Erice suelen despertar admiración pero nunca pasión, pues son narraciones contenidas con personajes de profunda vida interior, o despegados de su entorno, y naturaleza melancólica, lo cual obliga a una traducción visual morosa, cargada de claves literarias y cinéfilas que en su época daban lugar a un piélago de interpretaciones, brillantes y/o delirantes en la misma proporción. Se explica esa profusión interpretativa en que eran años en que ningún intelectual español se atrevía a salir a la calle sin haber leído la obra completa de la teoría política y literaria francesa, norteamericana y, si se terciaba, china, y se hablaba una abstrusa jerga cargada de tecnicismos, conceptos abstractos y coletillas que pretendían, se supone, darle “nivel” al debate político, pero sobre todo, alejarse del pensamiento castizo fascista, más impenetrable para las generaciones de la Transición que toda la teoría de Heidegger.

Precisamente por el carácter algo críptico de la cinta de Erice, resultante de la decisión de suprimir una primera parte introductoria que transcurría en 1970, un aspecto especialmente interesante en este estudio es la descripción del contexto de la producción española, y concretamente qué tipo de subvenciones permitieron que Elías Querejeta, el productor del nuevo cine de los años setenta, desarrollara una filmografía que por su talante renovador constituía en sí misma una crítica al inmovilismo franquista. Por el carácter oficial de las ayudas, Querejeta asumía un riesgo económico prácticamente nulo, y esto provocó que uno de los colectivos más izquierdistas de la época discutiera, escudado en el seudónimo de “Marta Hernández”, las resbaladizas pendientes de lo que se llamó “posibilismo”. Importa además este contexto porque con El espíritu de la colmena, siempre según J. Pena, Erice se emancipa de sus presupuestos teóricos anteriores, que postulaban una visión crítica de la realidad y de compromiso con el presente histórico. Una breve estancia en París, durante la cual se zampa todo Godard y digiere el sentido de sus innovaciones formales, termina de confirmarle en su nueva dirección, de signo resueltamente personal y que da fruto en un primer largometraje de pulso técnico y narrativo asombrosamente maduro.

El argumento se resume en la realidad quieta que se vive en un pueblo castellano durante los años cuarenta. La familia que centra la narración está compuesta por un intelectual de ambigua adscripción política aficionado a la apicultura, una mujer más joven que escribe cartas de indudable cariz sentimental a un destinatario que puede estar en el exilio o en la guerra, y sus dos hijas, de 8 y 6 años, cuyos juegos revelan, como una de esas imágenes que se impresionan en negativo directamente sobre el papel, la naturaleza desolada de la realidad y la resistencia infantil a dejarse anular por ella. La proyección de la película de Frankenstein en el cine del pueblo instiga en la niña menor, Ana, una fascinación por la naturaleza del “monstruo” y todo un afán de saber más. Al seguir su peripecia, Erice dibuja la trayectoria alegórica de su generación y hace de la elipse, mimetizando ahí las soluciones del filme de James Whale (1931), una fórmula clave de construcción de su argumento, que se fundamenta también en una airosa habilidad para hacer trabajar a las imágenes sobre el espectador, que se ve invitado a establecer, siguiendo a la pequeña protagonista, las asociaciones que le dejan leer los acontecimientos (o su ausencia, o la evocación de todo lo que fue suprimido, es decir aniquilado).

Sin agotar las sugerencias temáticas y alegóricas que encierra una película clave de la cinematografía española, el estudio de Jaime Pena consigue de forma sucinta apuntar sus varias capas de significado y el porqué de su no caducidad.

Claves: Jaime Pena es responsable de programación del Centro Galego de Artes da Imaxe. Es autor también de Entre o exilio e o reino: María Casares (2002) y Audiovisual galego 2003 (2003).

María José Furió Publicado en OtroCampo-Argentina

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