POR ORDEN ALFABÉTICO: ESCRITORES, EDITORES, AMIGOS, de Jorge Herralde


Jorge Herralde en su despejado despacho de la editorial Anagrama

Jorge Herralde es lo que no es. A Jorge Herralde le gusta presentar un perfil bajo incluso en un momento en que podría asumir todo el protagonismo. No otra cosa que protagonismo es lo que esperaríamos de un libro en que el editor más certero de la narrativa española de al menos los últimos treinta años se decide a poner su nombre en portada dentro de una colección que se titula “Biblioteca de la memoria”. Hay memoria, pero no memorias. Es intencionado en este Por orden alfabético el no escribir unas memorias de editor, no ser un personaje construido y posado hasta el menor de los gestos como el Carlos Barral memorialístico, donde el pathos del editor tiñe cada hecho hasta la exageración. Y no será que Herralde no haya tenido sus años sin excusa, ni sus años de penitencia. Eso fueron las dos primeras décadas de la editorial, con líos con la censura y secuestro oficial de la edición en un momento en que publicaba unas colecciones de pensamiento resueltamente escoradas hacia la izquierda marxista y a la militancia antifranquista. Sin olvidar tampoco los aprietos económicos que pusieron al borde de la quiebra a la editorial Anagrama. Esto sucedía en los años de la Transición, cuando Adolfo Suárez ocupó la presidencia del gobierno de la democracia y el tibio papel de la izquierda frente a las presiones de “los poderes fácticos” llevó a muchos lectores a apartarse de todo cuanto oliera a ideología –el periodo del Desencanto– hundiendo con su deserción a varias pequeñas editoriales sin más capital que sus fieles. Anagrama consiguió salvarse gracias a la venta de las acciones de la empresa que el Herralde ingeniero y previsor compartía con un amigo. De aquellos años a estas horas que son para todos horas veloces surge una crónica personal construida como un patchwork de artículos con destinos distintos –actos de homenaje, presentación de autores de la casa, artículos solicitados por revistas y algunos inéditos– que dibujan un retrato no frontal sino en movimiento del editor Herralde.

Aunque parece que Herralde juega al ser el “editor sin atributos” –algo que según se mire es todo un acierto–, de ese retrato movido se deduce que es persona y personaje muy jugosos para un escritor dotado –pero me temo que ninguno de sus autores de Narrativas Hispánicas sea capaz de ofrecer un retrato cabal de él, pues la mayoría denotan tanto ego propio que dudo les quepa al lado un gramo de ego ajeno. Porque éstos serían los ingredientes: 1969, joven ingeniero catalán de familia de empresarios decide que lo suyo es la cultura y funda una editorial en Barcelona. El contacto con los primeros amagos de alternativa al franquismo desde sus años de universidad –el dictador está a punto de irse a charlar con Lucifer– le ha familiarizado con la cultura, la contracultura emergente y los protagonistas de la disidencia. Tiene tanta capacidad de hacer amigos como de reserva personal. Respeta a colegas y adversarios desde el podio de ganador. Atribuye a otros definiciones que le calzan a él como un guante: de Pániker dice: ”El editor como filtro, el editor como garantía”. Le gusta apostar fuerte pero no tirar la casa por la ventana. Tiene un concepto claro del tipo de escritor al que apoya, un perfil psicológico doble que le refleja y que se mantiene sin cambios hasta hoy: el joven Vila-Matas, Andrés Barba, Alan Pauls, Martin Amis, son una cara: los enfants terribles, los bellos peligrosos, que en su faz caricaturesca se convierten en… ¡Fréderic Beigbeder!; la otra la conforman los pilares de una cultura occidental — Magris, Calasso, Tabucchi, Bourdieu, Pombo, Sebald, Cohen— siempre en un tris de sucumbir ante la acometida de los bárbaros. Es su línea editorial el Beaubourg contra el Louvre, una suerte de vanguardia chic contra el clasicismo reposado, pero también contra, pongamos, los frescos rupestres del Tassili N’ajjer.

Por orden alfabético es lectura necesaria para quien quiera hacer una historia de la edición, porque es un resumido who is who de la edición antifranquista y posfranquista. Claro que también puede leerse como un entretenido resumen de Ecos de la Sociedad Editorial, donde el lector descubrirá que el sesudo filósofo José Antonio Marina cultiva berzas, Martín Gaite era una robaplanos, a Tom Sharpe la policía sudafricana le incautó 36.000 negativos de fotos que había tomado en los guettos y el editor Roger Strauss era un aguerrido zampa-ostras.

Anagrama, Barcelona, 2006, 354páginas

María José Furió Publicado en revista Renacimiento


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