PORQUE ÉRAMOS JÓVENES, de Josefina Aldecoa


Josefina Aldecoa por Gusi Bejer. Fuente : El Cultural-El Mundo
“Éramos alegres porque éramos jóvenes”, dice Julián. En 1957, David, la francesa Annick y el propio Julián pasaron unos días de verano en Ibiza. David y Annick vivieron, bajo la atenta mirada del amigo, el espejismo de un amor que podía atravesar los años y fundar una vida basada en la libertad y la alegría, que opondrían a la mustia realidad de la sombría España franquista. Pero esa vida en común, que forzosamente debía hacerse realidad en otro país, sólo existió como utopía. Desde Nueva York, donde se ha instalado para desarrollar su carrera como psicóloga, Annick escribe a David invitándole a reunirse con ella. Desde 1958 hasta 1974, sus cartas encierran el recuerdo de Ibiza, infundiéndole una luz que terminará por apagarse. La melancolía da paso a la amargura según comprende que David nunca se decidirá por la opción idealista; que el rebelde encierra a un pragmático fascinado por la riqueza y el triunfo social. En Madrid, firmemente amarrado a su matrimonio con la desdeñosa, rica y gélida Genoveva, alcanza sus metas, a costa de un vaciamiento sin vuelta atrás. Annick se resigna a ser la mala y buena conciencia que en vano protesta por tanta claudicación.

Josefina R. Aldecoa reconstruye la trayectoria de este arribista melancólico a través de los encuentros de Julián y Genoveva, reunidos por la muerte inesperada de David para recordarlo entre largos silencios; a través también de las cartas de Annick y de una serie de flasbacks que retroceden a la infancia y juventud de David, en capítulos que describen la atmósfera familiar que lo justificarían. La prosa de Aldecoa se caracteriza por una exactitud que atrapa los hechos y motivaciones; escrita en 1985, años de yuppies y arribismos, toda la novela está traspasada por una melancolía que parece encontrar su justificación en un tiempo que no dejó sombra de las ilusiones juveniles. Si, porque somos jóvenes, podemos reprocharle a Aldecoa el tono de “acta notarial de una derrota sin escape”, debemos reconocer que la autora tiene la fuerza de cerrar impecablemente su libro con una bofetada a quien se la merecía.


Anagrama, Barcelona, 1996, 211 páginas

Publicado en la revista Lateral, 1996.

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