Por una teoría de la desinformación 2


Todas las niñas normales españolas van a la escuela pública. Ergo, todas las niñas normales pasan sus vacaciones de verano en yate.

Esta niña va a la escuela pública. Es representativa de una niña normal española.
Anuncios

DÉJÀ-VU


© Daniel Padró Centellas

© Daniel Padró Centellas

Un ejemplo más de lo que comento en el post anterior: en los últimos tres años se han publicado varios reportajes sobre el tema del Alzheimer,  y en muchos casos el seguimiento del tema parece tomar como punto de partida el reportaje que Diego Alquerache realizó hace ya bastante años y que obtuvo el premio Fotopress de la Caixa. Incluso Elisa González, que ganó el Fotopres de 2007 se hace eco  en algunas de sus imágenes la huella del trabajo premiado en 2001.

Tengo la impresión de que los fotógrafos se proponen trabajar sobre temas que tienen “salida” y en lugar de realizar un recorrido personal, incluso íntimo, y encontrar sus imágenes, lo que hacen es seguir al pie de la letra (al pie de la imagen) los pasos de un reportaje multipremiado.

Vamos a ver, vamos a ver….


El periódico debe dinero a Javier Bauluz

ImprimirDisminuye letraAumenta letra
[foto de la noticia]

La foto de las niñas gitanas (derecha) no habría existido sin la de Javier Bauluz en la playa de Atlanterra. Es lo que tienen las mentiras, que fundan territorios.

Vamos a ver, vamos a ver. Sabemos que Arcadi Espada se la tiene jurada desde hace mucho a Javier Bauluz, exactamente desde que le saliera el tiro por la culata en su denuncia de la foto de la izquierda, tomada en Tarifa, donde un uso deliberadamente sensacionalista del pie de página –los bañistas occidentales ajenos a la suerte del inmigrante subsahariano– permitía la lectura simbólica de una frontera inmoral entre el Occidente rico y África subdesarrollada. Fotografía que fue publicada por numerosos diarios, impresos y digitales, sin añadir otras consideraciones. En su momento, ya se demostró que Bauluz no era el responsable del uso que se había dado a su foto y que en el conjunto del reportaje se informaba de los pasos dados en la playa en relación al inmigrante muerto por los allí presentes. Los bañistas españoles obedecían al consejo de no inmiscuirse en una situación que estaba controlada por los responsables de salvamento.

La polémica –muy artifical– fue difundida por la revista Lateral, donde yo colaboraba desde hacía mucho, y que hallándose en situación terminal, probablemente por un uso poco oportuno de sus apoyos financieros y de otra tipo, necesitaba recuperar posiciones como fuera y creyó encontrarlo con este tema, que cabía la mar de bien en su programa de apoyo a la No-Ficción. De otro lado, Arcadi Espada demostró a lo largo de cada artículo no tener pajolera idea de fotografía y andar buscando, con el oportunismo que le caracteriza, repetir la sensación que causó con su libro sobre el Raval. Para cualquiera que supiera algo de fotografía, saltaba a la vista que para Espada la diana-Bauluz sólo era interesante porque al fotorreportero asturiano le acompaña el marbete “único Premio Pulitzer de Fotografía español”.

Con esta nueva entrada en su blog Espada juega ahora la carta de “el tiempo me ha dado la razón”: Un fotógrafo en Italia copia la imagen de Bauluz y ofrece el mismo mensaje crítico con Occidente. Pero ni de lejos: la información que se ha ofrecido sobre la actuación de los bañistas en Italia revela una actitud más denigrante hacia las niñas (perfectas irresponsables, dicho sea de paso, al lanzarse al agua vestidas, sin saber nadar y en una zona difícil) gitanas. Decididamente, si Espada busca el Pulitzer, además de la notoriedad entre el rebaño de ignorantes que le leen, tendrá que buscar otro tema.

Si existe un debate de fondo en estas imágenes seguramente poco tiene que ver con el mensaje contradictorio que venden los periódicos cuando presentan a los inmigrantes como pobres personas que vienen a la rica Europa arriesgando su vida para hallar una vida mejor para luego ser explotados y tratados como esclavos en medio de nuestra indiferencia.

El debate de fondo dentro de la fotografía tiene otro sesgo y es que los fotógrafos de prensa demuestran que cada vez tienen referencias menos personales y menos reposadas y parece que han dejado de inspirarse en las imágenes clásicas de la historia de la fotografía, y directamente copian la fotografía que se publicó apenas ayer. Funcionan según tópicos escasamente sopesados y ofrecen así imágenes rutinarias, que no informan y que sólo sirven para desvalorizar su trabajo.

 

12º Encuentro Internacional de Foto-Periodismo “Ciudad de Gijón”


Javier Bauluz. Premio Pulitzer de Fotografía 1995

Hace años que los fotoperiodistas se quejan de que la profesión se degrada por diferentes causas: intrusismo, censura encubierta, reducción de presupuestos para los proyectos a largo plazo… Desde el Encuentro Internacional de Fotoperiodismo en Gijón advierten además que operaciones como la liberación de Ingrid Betancourt, en la que algunos miembros de los servicios de rescate se hicieron pasar por periodistas para entrar en la zona, dificultarán en el futuro la tarea de los auténticos fotorreporteros al sembrar dudas sobre su identidad. A mí me parece que estas argucias de despiste no son un invento nuevo, pero es interesante llamar la atención sobre la utilización perversa de una profesión que hace gala de independencia y que en buena medida depende de esa independencia para salvar la piel.

No ha tenido mucho eco, pero aquí apunto esta llamada de atención sobre los vínculos entre derechos humanos y periodismo. Porque muchos lo han olvidado…

Manifiesto sobre periodismo y derechos humanos.

Gijón, 18 de Julio de 2008

La Declaración Universal de los Derechos Humanos debe ser el marco ético del periodismo.

El derecho a la información es una condición fundamental para el desarrollo pleno de la democracia, así como para que los ciudadanos puedan opinar y actuar libremente.

Los periodistas y las empresas periodísticas deben contribuir a que se respeten los derechos humanos, y su labor debe poner de manifiesto todas sus violaciones.

Las nuevas tecnologías amplían las posibilidades de acceso a nuevos medios de comunicación: democratizan el derecho a informar y a ser informado, y favorecen el desarrollo del periodismo desde el enfoque de los derechos humanos.

La independencia de los periodistas es vital para la sociedad y el periodismo es un servicio público a los ciudadanos que no puede estar sometido a intereses políticos o económicos particulares.

La defensa de los Derechos Humanos es una de las tareas primordiales del periodismo y los periodistas no podrán ejercer su labor si sus propios derechos humanos son vulnerados.

Firmantes.

Javier Bauluz. Periodista.DirectorEIF. Premio Pulitzer

Luis Acebal: Vicepresidente Asociación Pro Derechos Humanos de España APDHE

Eduardo Márquez: Periodista. Presidente Federación Colombiana de Periodistas. FIP

Enrique Meneses: Periodista. Corresponsal desde 1956 para LIFE, ParisMatch, TVE, etc.

Walter Astrada: Fotoperiodista. Freelance. Premio World Press Photo 2007

Karen Maron: Periodista. Premio Club de Prensa Madrid 2006

Jesús Abad Colorado: Fotoperiodista. Premio Internacional Libertad

DIARIOS DE GUERRA, de Raúl Castro y Che Guevara


Raúl Castro prepara para la ejecución a un condenado en la Sierra Maestra
Fuente: www.lanuevacuba.com/cult.htm

En el pasado verano de 2005 las noticias de la mala salud de Fidel Castro y el traspaso provisional de poderes a su hermano Raúl hicieron que los periódicos se interesaran por la personalidad del segundo de a abordo de la Revolución cubana. No puede decirse que la política de continuidad y sus escasas apariciones hayan ayudado a conocerlo mejor, así que el lector puede pensar que los Diarios de guerra de Raúl Castro y Che Guevara, publicados este año por la editorial madrileña La Fábrica, pueden ayudar a despejar la incógnita. Pues tampoco. Las referencias y reflexiones personales son tan escasas en los Diarios que su interés es otro, puramente periodístico.

La intención de los editores, Heinz Dieterich, Paco Ignacio Taibo II y Pedro Álvarez Tabío es dar a conocer a los jóvenes latinoamericanos que están entrando “en el crisol de las grandes ideas libertadoras que se personifican en los próceres prometeicos de cada época” [sic] cómo fue la lucha de los guerrilleros cubanos en la Sierra Maestra. Las anotaciones tomadas por Raúl y por el Che vienen a contar lo mismo, pero el tono y el detalle varían sustancialmente. El Che, que actúa también como médico de campaña, es lacónico y culto, tiende a no exagerar la trascendencia de los hechos, allá donde Raúl, que por entonces anda por los veinticinco años, acierta a transmitir sus sensaciones de frío, hambre, inquietud por las incursiones de los aviones de Batista y enojo o pesar por la pérdida, deserción o traición de los compañeros. Raúl parece cercano, práctico y nada dogmático. La situación de los campesinos, muchos de los cuales les son favorables y brindan apoyo y refugio a los revolucionarios, es escandalosa; las tierras que trabajan pertenecen en buena medida a compañías americanas y algunos personajes sirven al “enemigo” se diría que por mero apetito de poder y arbitrariedad.

Dejando de lado la presentación, en un estilo elogioso algo ramplón en la alabanza exagerada de los protagonistas de la epopeya cubana, la necesidad de articular unos textos que, como es obvio en un diario, ignoran cómo terminará todo obliga a los editores a encontrar un nudo de intriga. Aquí, en el último tercio del libro, se trata de la traición de uno de los guerrilleros, Eutimio Guerra, al que el ejército ofrece tierras y cargos por delatar la posición de sus compañeros. Sus idas y venidas, las sospechas, la captura y ejecución aportan un ritmo casi cinematográfico al relato, acompañado de las anotaciones de los editores, que completan las observaciones de Raúl y el Che. Otro de los hechos más señalados es la preparación de la entrevista con el veterano periodista norteamericano del New York Times Herbert Matthews, que darían una repercusión internacional a la actuación de los rebeldes, además de desmentir que su líder, Fidel, estaba muerto. Una repercusión que sería también sentencia del régimen de Batista.

Los Diarios tienen un interés documental, como fuente de primera mano y por las fotografías que los acompañan, pero me atrevería a asegurar que para calibrar la trascendencia de los hechos que se recogen en ellos, para entender el peso político de la personalidad del Che y el papel de ejemplo que la acción guerrillera tuvo entre las izquierdas latinoamericanas en las décadas siguientes, el lector tendría que leer los comentarios y reflexiones que hace Fidel Castro en esas memorias suyas “indirectas” o biografía al dictado (¿podría ser de otro modo?) que es la entrevista que Ignacio Ramonet le hizo y que publicó en 2005 la editorial Debate con el título Fidel Castro, Biografía a dos voces.

© María José Furió. Publicado en MondoCaribe

Biblioteca Blow Up, La Fábrica Editorial, MADRID, 2006

TUMBAS SIN SOSIEGO, de Rafael Rojas


Virgilio Piñera. Fuente: elpozosinfondo.blogspot.com

Rafael Rojas. Fuente: google

Rafael Rojas (Cuba, 1965), doctor en Historia, autor de varios ensayos importantes, está exiliado en México y colabora en medios como El País, Letras Libres y El Nuevo Herald de Miami, que suele publicar cosas como “Los cubanos de la isla son los que más se suicidan de América”. Es probable que las personas a las que les gustaría vivir en una novela de John Le Carré también desearían creer que Tumbas sin sosiego es un ensayo escrito por un espía de Norteamérica para minar la Revolución y preparar el “desembarco del liberalismo y la globalización” en la isla poscomunista. Es una idea divertida, pero no justa.

Tumbas sin sosiego es ante todo el rastreo tan concienzudo como nostálgico de un linaje intelectual aplastado en ciernes por las sucesivas dictaduras que han maleado Cuba: el del pensamiento democrático expresado por poetas, novelistas, filósofos, artistas plásticos de tendencias diversas en un marco de discusión saludable y útil para la polis. Es una exploración del trato del intelectual cubano con el poder, con la Historia, y una descripción de las sucesivas aproximaciones de ese intelectual al poder, saldado casi siempre con su reconversión en siervo leal, títere del gobierno, o en disidente aplastado por la maquinaria ideológica que genera el poder para legitimarse.

Sin duda, el triunfo revolucionario de 1959 es el eje y la pesadilla del pensamiento cubano. Que Fidel Castro y sus leales se hayan apropiado del sentido de la revolución (también de la palabra) induce a Rojas a reformular una “política de la memoria” para ofrecer al futuro, que se espera poscomunista, un arsenal de ideas coherente y adaptado al presente y un retrato de las figuras clave del pasado –desde las figuras eminentes del período batistiano, pasando por los grandes exiliados como Fraginals, Cabrera Infante, Arenas, Padilla, Juan Díaz y Raúl Rivero, y sin olvidar a los que se hicieron isla dentro de la isla, como Lezama Lima o Piñera– limpio de excrecencias totalitarias.

Aparte de los excelentes capítulos dedicados a Guillermo Cabrera Infante y a Moreno Fraginals, y de la pormenorizada relación de la humillación padecida por Padilla que puso fin a la luna de miel de significativos intelectuales con el castrismo, lo mejor de Tumbas sin sosiego está en los capítulos que abren y cierran el ensayo. Rojas explica que en el presente se dirime una batalla por la propiedad simbólica de la isla y por el legado de sus intelectuales. Describe cómo el castrismo ha dado últimamente honras fúnebres a algunas personalidades que fueron críticas con la deriva totalitaria de la isla y que en muchos casos murieron en el exilio. Esa reapropiación forma parte de las sucesivas “refundaciones” ideológicas del régimen, que se han producido conforme los cambios geopolíticos lo han ido dejando huérfano de aliados potentes. De esos cambios en verdad insustanciales, dice Rojas, se ha derivado una confusión acerca de la aportación ideológica de dichos intelectuales y el autor trata de rescatarlos para una posmodernidad liberal que, sin el remedio de ideas sólidas, puede hacer de Cuba un nuevo enclave colonial, “una democracia sin nación, un mercado sin república”.

Lleno de ideas y análisis muy fértiles, lo más interesante es el desarrollo de esta tesis tomada de Zygmunt Bauman en En busca de la política (1999): existen “dos poderosas corrientes espirituales de la modernidad: la totalitaria, que tiende a la anulación estatal de lo privado, y la nihilista, que cultiva el desentendimiento personal de lo público. Para Rojas, “Cuando la política gravita hacia el totalitarismo, la cultura se moviliza desde resistencias nihilistas. Pero cuando el nihilismo se apodera de la esfera pública, entonces la cultura puede experimentar politizaciones cívicas o revolucionarias.” De cómo el nihilismo dio lugar a la revolución castrista y el comunismo suprimió la promesa democrática que explicaba el gran apoyo que tuvo Castro en 1959, se sigue que en el actual vacío puede surgir de nuevo una opción democrática moderada. No creo que Rojas sea un moderado y sí me parece que si su opción es la del “intelectual rebelde” a imagen de Albert Camus, al que reivindica con perspicacia, debería haberse adentrado en el análisis del papel purificador de la violencia contra la violencia de Estado, idea vigente en los años 60 y 70, y hoy una reflexión tabú, pero que tiene exponentes residuales en ETA y en los movimientos guerrilleros que aún campan fuera de Europa. Sin esa reflexión, el intelectual habita cerca del poder o es irrelevante, pero no crea su verdadero espacio de poder.

María José Furió.
publicado en Culturas-La Vanguardia.

Anagrama, Barcelona, 2006, páginas,
Premio Anagrama de Ensayo 2006

LA HABANA EN UN ESPEJO, de Alma Guillermoprieto


Fidel Castro
Fuente: www.bohemia.cu/2006/08/11/
 

«Fidel, exasperado con la vagabundería lúbrica de su pueblo, lanzó una consigna desde lo alto de una manifestación: “¡Que se acabe la rumba!”. Gozoso y adorando como siempre a su comandante en jefe, el pueblo cantaba obediente la consigna: “Que se acabe la rumba”. (Suena bien) “Que se acabe la rumba… Aé”, y arrancaban chancleteando por la avenida, al compás de la exhortación que se había convertido irremediablemente en conga. Este chiste, famoso en los primeros años setenta, es una síntesis impagable de la relación que unía a Fidel con su pueblo y acierta mejor que cientos de documentadas páginas de historia a sugerir por dónde iba a hacer aguas la comunión entre los cubanos y su comandante.»
 
Lo cuenta Alma Guillermoprieto (México, 1946), colaboradora de The New Yorker y The New York Review of Books, autora de Looking for History, Samba y The Hearth That Bleeds. Títulos que seguro poco dicen al lector español, pero si el lector es aficionado al National Geographic un día de 2003 pudo tropezar con un reportaje dedicado a cómo con el tango muchos argentinos lograban reafirmarse en el presente plantándole cara moral a la crisis económica. Y al descubrir que se trataba de un artículo inusualmente brillante volvió atrás a ver quién lo escribía y leyó: Alma Guillermoprieto. Alguien que domina el arte de la crónica periodística, con su ajustada dosis de experiencia personal y sentimiento, apunte histórico, anecdotario revelador y perfiles físico-psicológicos, pero también una escrupulosa moderación en la expresión de ideas políticas para que la cosa no derive en panfleto.

La Habana en un espejo es la narración de tres fracasos: la de una joven bailarina que descubre que no será la siguiente Martha Graham, la de esa misma bailarina que en Cuba descubre sus limitaciones como profesora de danza y la de la revolución cubana.

En 1970 es el gran Merce Cunninghan quien le habla de una plaza de profesora en La Habana. Seducida por anécdotas oídas de revolución y romance, Guillermoprieto cambia la miseria elitista de los bailarines neoyorquinos por la Cuba que, con el inmisericorde embargo estadounidense, sufre ya diez años de penalidades. Es el año de la Zafra de los diez millones, operación con la que un idealista Castro espera librarse de la dependencia de los soviéticos y en la que todas las energías están volcadas en obtener el triunfo de la autarquía. En la Escuela Nacional de Danza, sus alumnos, “una colección de gente singular y hermosa”, no tienen música, coreografías ni espejos, considerados símbolos de vanidad.

Si este libro no valiera porque retrata una época apasionante, antes de que 40 golpes de Estado militares acabaran con las veleidades revolucionarias en América Latina y África, o por personajes como los amigos homosexuales de Alma y sus hilarantes historias sobre la represión contra los gays, o porque refleja una toma de conciencia política ante hechos como los de Vietnam, o porque salen a escena personajes olvidados como los tupamaros y los primeros hippies, valdría por la escena en que Fidel se dirige a los cubanos para admitir el fracaso de la Zafra. En ella, un Fidel elocuente, carismático, con el erotismo asilvestrado del guerrillero, impone aún inconscientemente una coacción sentimental sin paliativos. Detalla exhaustivo los errores cometidos y ofrece que otro lo sustituya, pulsa así la cuerda sensible de la memoria épica de la revolución hecha ya mito compartido. Y, en ese momento de pathos erótico-político durante la confesión del fracaso, el baño de amor y fe ciega que recibe de ese pueblo bailón hijo de esclavos le va a llevar a una confusión y a una usurpación progresiva y definitiva de los ideales del pueblo y de sus necesidades. Escrita con la nostalgia ‘de aquellos años duros, cuando la vida era a veces insoportablemente difícil, y tenía significado’ La Habana en un espejo dice cuánto ha cambiado todo y como de algún modo nada ha cambiado, en una Cuba ‘admirada hoy como reliquia suspendida en el tiempo por visitantes que vienen huyendo de un mundo excesiva y horrorosamente moderno’.

María José Furió.
publicado en Culturas-La Vanguardia

Editorial Mondadori, Barcelona, 2005